La santidad capuchina

En clave capuchina quiere ser un espacio para acercarnos, desde la experiencia y la reflexión de nuestros hermanos, a distintas dimensiones de la vida franciscana y capuchina.

En este mes dedicado a los santos capuchinos, el hermano Alfonso Ramírez Peralbo nos invita a mirar la santidad desde una perspectiva cercana y profundamente humana: una santidad hecha de trabajo cotidiano, oración, sencillez y entrega silenciosa. Una reflexión para descubrir que la santidad también puede tener rostro humilde y vida sencilla.

La santidad capuchina

Es necesario releer la vida de nuestros santos. Hasta ahora nuestra hagiografía[1] -pero se podía hablar también de la hagiografía en general- no ha brillado por su inteligencia: nos hemos dejado fascinar por los milagros y por la necesidad de demostrar que en el biografiado brillaron, de modo heroico, las virtudes teologales y cardinales. No pocas vidas de nuestros santos son, verdaderas predicaciones sobre tales virtudes.

Las declaraciones de los testigos son algo serio. Antes de disponerse a escribir la biografía de un santo, es necesario estudiar la posición de cada uno de ellos: la edad, la cultura, el carácter, conocimiento personal o bien mediato a los hechos a los que se refieren, tiempo transcurrido entre los acontecimientos y el momento en el que se comienzan los procesos. Muchas veces, estos se celebraron a una distancia de decenios. Con esto no queremos negar la veracidad de las declaraciones de los testigos, sino que el hagiógrafo debe ha de tener en cuenta este problema.

Otra laguna (aunque a veces se trata de un verdadero abismo): de muchos santos, los testigos conocen sólo los hechos acaecidos en los últimos años de su vida, cuando ya se habían convertido en personajes célebres, y, por eso, de algún modo vivían como en un fanal de cristal. Con esto sólo se consigue que la vida diaria permanezca escondida, aquel vivir cada día que duró toda una vida, con frecuencia demasiado larga.

De modo particular nos gustaría conocer el verdadero motivo que empujó a estas almas generosas, decididas a tomarse la vida en serio (Félix de Cantalicio, a quien le decía que entrara de religioso agustino, respondía: "O capuchino o nada"; Beato Leopoldo de Alpandeire…), entrando en nuestra Orden. ¿Qué suponía esto ante sus ojos dentro de la vasta geografía de las demás órdenes religiosas?

Una de las cosas que a simple vista llama la atención en la que podría denominarse geografía humana de nuestros santos, es la cantidad y variedad de voces: no sólo provienen "ex omni tribu, et populo, et natione[2]", sino que también dentro de la Orden, ellos juegan papeles muy diversos. No le falta nada a ninguno. Está el hermano cocinero, portero, hortelano, enfermero, el que trabaja en toda clase de servicios domésticos, el limosnero, el sacerdote, predicador, doctor de la iglesia y doctor por la Universidad, el súbdito, el guardián, definidor, provincial y general,  el  misionero entre infieles, entre los herejes o los paganos, el diplomático, el escritor, el maestro de novicios, director de los estudiantes, lector, confesor, capellán militar y de hospitales, fundador de congregaciones religiosas, fundador de conventos y el albañil que trabaja en construirlos.

Con cierta sorpresa constatamos que algunos de nuestros santos trabajaron durante mucho tiempo en el mismo oficio (especialmente de portero, limosnero y misionero popular), con la consiguiente stabilitas loci[3] en siglos en los que los hermanos -como resulta de las estadísticas- estaban continuamente con la cesta de viaje bajo el brazo. Baste citar los ejemplos de Félix (en Roma), Crispín (en Orvieto), Félix de Nicosia (en Nicosia), Conrado (en Altötting), Ignacio y Fray Nicolás (en Cerdeña), Leopoldo de Alpandeire (en Granada).

Sin disminuir en nada el hermoso florecimiento de la santidad entre nuestros hermanos, hay que hacer notar que en su favor ha jugado, y no poco, el elemento humano. Los procesos canónicos referidos a los sacerdotes, especialmente si han estado comprometidos en graves asuntos, son muy complicados.

Nuestros santos son todos ellos gente muy activa, trabajadores, en un trabajo durísimo y penoso que los pone en contacto diario con el pueblo.

Y, prescindiendo de lo que los testigos declaran sobre el ejercicio heroico de cada una de las virtudes, las cosas o los hechos sobre los que ellos insisten con más frecuencia son: la oración, la penitencia, la pobreza, el trabajo y los milagros.

 

Alfonso Ramírez Peralbo, hermano Capuchino de la fraternidad de Granada, y vicepostulador de la causa de Fray Leopoldo.

 

[1] Del griego hagios, "santo", y graphé, "escritura", es la historia o el estudio de las vidas de los santos.

[2] De todas las tribus, pueblos y naciones.

[3] Stabilitas loci es una expresión latina que se traduce como «estabilidad de lugar» o «fijeza». Históricamente, es un concepto central del monacato occidental —instituido por la Regla de San Benito en el siglo VI— mediante el cual un monje se compromete a vivir de por vida en un monasterio específico.

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