El cartel de la campaña “Encontrarnos” quiere expresar, de una manera sencilla y visual, un camino muy humano y muy actual. No habla solo de los capuchinos de hace 500 años. Habla también de nosotros, de nuestras búsquedas, nuestras relaciones y nuestra necesidad de encontrar sentido en medio de un mundo lleno de ruido, prisas y desconexión. La imagen presenta un camino en cuatro movimientos:
Encontrarme. Encontrarle. Encontrarte. Encontrarnos.
Y, en el fondo, ese fue exactamente el recorrido de la Reforma capuchina.
1. ENCONTRARME
Vivimos hiperconectados… pero muchas veces desconectados de nosotros mismos.
Tenemos pantallas, notificaciones, ruido constante, opiniones y valoraciones por todas partes… pero pocas veces espacio para parar y preguntarnos: ¿Cómo estoy de verdad? ¿Qué me llena? ¿Quién soy cuando nadie me mira?
Los primeros capuchinos comenzaron precisamente así: haciendo silencio para volver a lo esencial. Buscaron lugares sencillos donde poder escuchar el corazón y reencontrarse con Dios y consigo mismos.
La ficha amarilla expresa precisamente eso: el ser humano dispuesto a entrar en uno mismo, para reconocer lo que es, sus búsquedas, heridas, deseos y preguntas. Representa a la persona abierta a la trascendencia, dejándose encontrar por Dios.
2. ENCONTRARLE
Cuando uno se atreve a parar y mirar dentro, empieza también a descubrir a Dios de otra manera.
Los capuchinos nacieron porque algunos frailes quisieron volver al Evangelio vivido de verdad, sin apariencias y sin complicaciones. Descubrieron a Dios en la sencillez, en la oración, en la fraternidad, en los pobres y en la vida cotidiana.
El triángulo rojo con un corazón representa a Dios, el Amor que sostiene la vida y que se derrama sobre cada criatura. No se trata de un Dios lejano o teórico, sino de un Dios que ama primero, que habita dentro de cada uno y que nos invita a vivir desde la verdad.
3. ENCONTRARTE
Cuando uno se encuentra consigo mismo y con Dios, cambia también la manera de mirar a los demás.
Los primeros capuchinos hicieron justamente eso: dejaron de vivir encerrados en sí mismos y empezaron a mirar alrededor con más humanidad. Por eso se acercaron a los enfermos, a los pobres, a quienes sufrían. Mientras muchos huían de las pestes, ellos se quedaban cuidando y acompañando.
El círculo azul representa que no vivimos solos, que necesitamos volver a mirarnos como hermanos en una sociedad donde muchas veces nos sentimos aislados, comparados o enfrentados. La fe verdadera siempre abre al otro, al sufrimiento del mundo y a la fraternidad universal.
4. ENCONTRARNOS
El lema aparece más grande y con más fuerza porque resume todo el camino.
La Reforma capuchina nació de una experiencia comunitaria. No fueron héroes aislados. Fueron hermanos que decidieron caminar juntos, vivir juntos y anunciar juntos una forma renovada de vivir el Evangelio.
El triángulo marrón invertido representa la capucha del hábito capuchino, el signo que desde el principio distinguió a esta nueva reforma franciscana y que terminó dando nombre a la Orden. Pero esa capucha representa mucho más que una forma de vestir. Simboliza una manera de vivir sencilla, cercana al pueblo, humilde, fraterna, y abierta a Dios y a los demás.
El “nosotros” es la meta.
EL MENSAJE DE FONDO
El cartel habla directamente a nuestra realidad y recoge la interrelación de estos cuatro elementos (la persona, Dios, el mundo, los valores franciscanos) que configuran nuestros grupos y comunidades, a la vez que no propone un camino profundamente humano y espiritual:
- encontrarme para vivir con verdad,
- encontrar a Dios para descubrir el sentido,
- encontrar al otro para salir del individualismo,
- y encontrarnos para construir fraternidad.
Eso hicieron los primeros capuchinos hace 500 años. Y eso sigue siendo hoy la identidad capuchina: personas que buscan vivir el Evangelio desde la autenticidad, la fraternidad y la cercanía a los más vulnerables.
Porque quizá hoy, más que nunca, necesitamos volver a encontrarnos.