Jornada mundial del enfermo: prepararnos para el dolor

El Papa León XIV ha elegido el tema elegido para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero de 2026, “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Nosotros nos acercamos a esta realidad desde una “mirada capuchina”, de la mano del hermano Jesús Rodríguez Chilán, OFMCap.

Jornada mundial del enfermo: prepararnos para el dolor

Antes o después, la enfermedad nos toca a todos y cada uno de nosotros. Sabemos que está por ahí… hasta que se nos acerca directamente, en primera persona o a través de un ser querido, o un conocido. Y, entonces, ya es “nuestro dolor”. Y “nuestro dolor” es el más importante. Es algo completamente subjetivo, pero es verdad, es así. Ahora, “mi dolor”, o el de ese ser querido, pasa a ser el más importante.

No es fácil pensar sólo con teorías. Hemos de prepararnos para vivir el dolor, la enfermedad, y todo lo que viene añadido.
No esperemos hasta que nos duela. Revisemos, estudiemos, a modo de examen de conciencia, cómo llevamos los pequeños dolores de cada día: un dolor de muelas, un golpe por un traspiés, una pequeña lesión deportiva… y aprendamos desde ahí. Eso ya no es teoría. Eso nos indicará cómo encaja el dolor y el sufrimiento en nuestra vida.
Tenemos que aprender a llevar -vivir, sentir, sufrir, superar- nuestros dolores y sufrimientos. Conocernos. Y entonces, sólo entonces, podremos ayudar y acompañar a los demás en los suyos. 

No se trata de ser héroes. Sino de poner normalidad y sentido común en nuestra vida. Tenemos que descubrir que nuestro dolor, nuestro sufrir, no es único… cada uno tiene el suyo. Todo el mundo, todos tenemos nuestros dolores. Cada persona lleva su dolor, su sufrimiento a cuestas. Y, para cada uno… el suyo es el más importante. 

Descubriremos que no somos los únicos. Que todos tenemos muchas cosas en común. Y que ser consciente de eso, de que mi camino, mi dolor, ya lo ha recorrido alguien antes, y su experiencia, y la nuestra, puede ser bueno y enriquecernos a todos.

Descubriremos que hay mucho sufrimiento en la gente. Mucho. Hay dolor “acumulado” en las personas que pasan por nuestras vidas y nos permiten conocerlo o intuirlo. Problemas del pasado, de la infancia, en las familias, los hijos, los padres, la convivencia, las herencias… Y ahí empieza a tener algo de sentido nuestro propio dolor. Y nos ayuda a acercarnos al dolor de los demás.

“Que no haya hermano alguno en el mundo (sufriendo) que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia…” estas palabras de Francisco de Asís, un poco “arregladas” nos muestran una constante del Poverello: que sembremos paz, luz, misericordia… que rezumemos a Dios por cada poro de nuestra existencia. Que todo “dolor” que pase cerca de nosotros pueda verse aliviado, acompañado, suavizado, por nuestra mirada, nuestra presencia, nuestra compañía. No hacen falta palabras para eso. Aunque también se pueden usar.

Sin grandes y profundas teologías, Francisco encontraba a Cristo en los enfermos, en sus leprosos. Él también tuvo sus dificultades para acercarse a ellos. No sólo a nosotros nos cuesta encontrarnos con los enfermos, visitarlos, dedicarlos unos minutos. No es una visita fácil, ni agradable. Y es comprensible, el enfermo nos sirve de “espejo”, nos avisa de lo que nos pasará a nosotros, antes o después. Francisco de Asís nos muestra cómo superar nuestra propia debilidad y acercarnos a Cristo. Ahora nos toca a nosotros poner en práctica aquello de “obras son amores”… En alabanza de Cristo.

Por Jesús Rodríguez Chilán, OFMCap. Parroquia San Antonio de Padua, Gijón.

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