Sábado de la I semana de Cuaresma

San Román de Condat

Primera lectura: Dt 26,16-19.

Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 118,1-2. 4. 5. 7-8.

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos. R/.

Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
tú no me abandones. R/.


Evangelio: Mt 5, 38-43.

En aquel tiempo, dijo Jesús: Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: “‘Amarás a tu prójimo’ y aborrecerás a tu enemigo”.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Si ayer el texto evangélico presentaba a Jesús dando más profundidad al mandamiento del “no matarás”, hoy lo hace dando más profundidad y extensión al del amor y a la oración: amar y orar no solo por los amigos y “bienhechores”, sino también por los enemigos y “malhechores”, “por los que os persiguen y calumnian”, por “los que viven en tinieblas y en sobras de muerte” (Lc 1,79). Y como siempre, Jesús nos ha precedido con el ejemplo y, por eso, puede decir “aprended de mí” (Mt 11,29). El vivió y murió perdonando y orando por sus “malhechores” (Lc 23,34)-. San Pablo recuperará este modo de vivir como marca identificadora del cristiano: “El amor no lleva cuentas del mal…, todo lo persona” (1 Cor 13,5-7). Así seremos verdaderos hijos de Dios.


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