Sábado después de Ceniza
San Pedro Damián
Primera lectura: Is 58,9b-14.
Esto dice el Señor: Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía. El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en tierra abrasada, dará vigor a tus huesos. Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan. Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán «reparador de brechas», «restaurador de senderos», para hacer habitable el país. Si detienes tus pasos el sábado, para no hacer negocios en mi día santo, y llamas al sábado «mi delicia» y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras, evitando viajes, dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos, entonces encontrarás tu delicia en el Señor. Te conduciré sobre las alturas del país y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre. Ha hablado la boca del Señor.
Salmo: Sal 85,1b-2. 3-4. 5-6.
R/. Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en Ti. R/.
Piedad de mí, Señor,
que a Ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia Ti, Señor. R/.
Porque Tú, Señor,
eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R/.
Evangelio: Lc 5,27-32.
En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Palabra del Señor.
Reflexión:
En casa de Leví, sentado a la mesa, rodeado de publicanos y “pecadores”, Jesús dejó claro el objetivo de su venida: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Lc 5,32), “he venido a buscar lo que estaba perdido” (Lc 19,10), “porque no necesitan médico los sanos, sino a los enfermos” (Mc 2,17). No se desentiende de los justos ni de los sanos, pero prioriza la búsqueda de lo “perdido” y la curación de lo “enfermo”. Su misión no es conservadora sino regeneradora. ¡Cuánta energía se pierde en conservar “reliquias” del pasado, so capa de fidelidad, y qué poca se invierte en creatividad! Jesús no vino a “abolir la Ley ni los Profetas” (Mt 5,17), pero tampoco a repetirlos sin más -“se os ha dicho…, pero yo os digo” (Mt 5,21-48)-.