Lunes de la XXXII semana del tiempo ordinario
Dedicación de la Basílica de Letrán, Virgen de la Almudena
Primera lectura: 1 Cor 3, 9c-11. 16-17.
Hermanos: Son edificio de Dios. Conforme a la gracia que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, puse el cimiento, mientras que otro levanta el edificio. Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9.
R/. El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos, aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. /R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. /R.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Vengan a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. /R.
Evangelio: Jn 2,13-22.
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Dedicada a Cristo Salvador, es considerada la Iglesia Madre de las Iglesias de Occidente. El Evangelio habla de la purificación del Templo y de la alternativa que presenta Jesús, el nuevo Templo. Es una llamada profética a la Iglesia para ser visibilización de ese nuevo templo, donde se dé culto a Dios en espíritu y verdad, y a cada uno para ser piedras vivas en la construcción del mismo. Y nos advierte del peligro de convertir en “mercado” la casa de Dios. La Iglesia está llamada a ser espacio familiar viviente, no objeto de museo. Su fuerza y maravillosidad no residen en el arte ni en la ostentación sino en la caridad y en la humildad. ¿Es la Iglesia casa de oración? ¿Somos nosotros piedras vivas? ¿Ofrecemos sacrificios rituales o presentamos nuestras vidas como ofrendas agradables a Dios?