XIV domingo del tiempo ordinario
San Antonio María Zacarías
Primera lectura: Zac 9,9-10.
Esto dice el Señor: ¡Salta de gozo, Sión; alégrate, ¡Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y tiunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos. Su dominio irá de mar a mar, desde el Río hasta los extremos del país.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 144,1-2. 8-9. 10-11. 11cd-14.
R/. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
Bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
Y alabaré tu nombre por siempre jamás. R/:
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.
Segunda lectura: Rom 8, 9. 11-13.
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así pues, hermanos, somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Palabra de Dios.
Evangelio: Mt 11,15-20.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: El que tenga oídos, que oiga. ¿A quién compararé esta generación? Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado”. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras». Entonces se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Tres pasos pueden individuarse en este texto: 1) Una alabanza a Dios Padre por privilegiar su revelación a los humildes. 2) Una declaración de su misterio y comunión personal con el Padre: Jesús es el Hijo y la revelación exhaustiva del Padre; no hay que buscar otro, solo él conoce el interior del Padre y lo conoce desde el interior. 3) Una invitación a participar de la Buena Noticia de la que él es portador. Su propuesta de vida, que pasa por la cruz, es posible porque la comparte él con cada uno de nosotros. A Dios le gusta trabajar con material frágil, débil (Gén 2,7). Más aún, se ha hecho débil (cf. Lc 2,7) y ha cargado con nuestra debilidad (Is 53,4). Y ha preferido a los “menores” para revelarse y para revelar su proyecto.