Khadry Ba. Cuando subí a aquella patera solo vería una cosa: España

Khadry Ba. Cuando subí a aquella patera solo vería una cosa: España

Hace apenas unas semanas, durante la visita del papa León XIV a España, una de las voces elegidas para compartir la realidad de la migración fue la de Khadry Ba. No fue una elección casual. Detrás de aquellas palabras había una historia de esfuerzo, incertidumbre, trabajo y gratitud.

Khadry llegó a nuestro país en noviembre de 2020, en plena pandemia, después de atravesar el Atlántico en una patera junto a más de un centenar de personas. No hablaba español, no conocía a nadie y no sabía por dónde empezar. Hoy trabaja en El Corte Inglés, es voluntario de SERCADE y dedica buena parte de su tiempo libre a acompañar precisamente a quienes llegan con las mismas dudas y los mismos miedos que él vivió.

Su historia demuestra que detrás de cada proceso de acogida hay mucho más que documentos o trámites administrativos: hay personas que solo necesitan una oportunidad para construir una nueva vida. Esta es la conversación que mantuvimos con él.

Khadry, hoy te conocemos como trabajador, voluntario de SERCADE y una de las personas que ha podido compartir su testimonio con el papa León XIV. Pero todo comenzó muy lejos de aquí. ¿Quién es Khadry Ba y qué circunstancias te llevaron a abandonar Senegal?

Salí de Senegal en noviembre de 2020. La verdad es que nunca había planeado marcharme. No era un sueño que tuviera desde hacía tiempo, pero llegó un momento en que mi vida cambió. Atravesaba muchas dificultades, las cosas dejaron de salir como esperaba y un amigo me habló de la posibilidad de viajar a España. Yo trabajaba como comerciante, comprando y vendiendo mercancías, y también iba a pescar porque soy de Mbour, una ciudad pesquera de Senegal. Conozco bien el mar desde pequeño. Al final decidí intentarlo porque buscaba una oportunidad para empezar de nuevo.

La decisión estaba tomada. Llegó entonces el momento más difícil: subir a una patera y dejar atrás tu país, tu familia y todo lo que conocías. ¿Cómo recuerdas aquella travesía?

Fue un momento muy duro porque dejaba atrás toda mi vida. Había personas que lloraban antes de salir. Yo también estaba triste, claro, pero tenía muy claro por qué estaba allí.

Cuando subí a la patera solo veía una cosa: España. Pensaba únicamente en llegar y en buscar una vida mejor.

Éramos más de cien personas. En nuestro barco solo viajaban hombres, muchos de ellos jóvenes. El viaje duró seis días y, gracias a Dios, no tuvimos ningún problema. Como soy pescador y estoy acostumbrado al mar, para mí la travesía no fue tan difícil como podía ser para otras personas. Incluso podía dormir durante el viaje porque el mar nunca me dio miedo.

Cada uno llevaba algo de comida y también el propietario de la embarcación había preparado provisiones. Íbamos compartiendo lo que teníamos hasta llegar a Tenerife.

Sin embargo, al llegar tampoco terminó la incertidumbre. Te encontraste con una España completamente distinta a la que imaginabas.

Sí. Llegamos en plena pandemia y aquello cambió completamente la situación. Primero estuvimos unos días con la Policía y después Cruz Roja nos llevó a un recurso donde permanecimos prácticamente seis meses sin poder salir.

Aquello sí fue complicado. No conocía el idioma, no conocía el país y pasábamos mucho tiempo encerrados. Pero decidí aprovechar ese tiempo. Me gusta aprender y empecé a estudiar español por mi cuenta, viendo vídeos, leyendo y escuchando a la gente. Muchas palabras las aprendí simplemente hablando con las personas que iba encontrando.

Siempre digo que el español no lo aprendí solo en clase; lo aprendí sobre todo en la calle, escuchando y perdiendo el miedo a comunicarme.

 

 

 

Después llegaste a Madrid. ¿En qué momento aparece SERCADE en tu vida?

Después de pasar por Cruz Roja conocí a un chico maliense que me habló de SERCADE. Me dijo que fuera allí porque podían ayudarme.

Nunca olvidaré aquel primer día. Me recibieron Carlota y Carmen como si fuera uno más de la familia. Carlota me llevó personalmente al centro de salud para conseguir la tarjeta sanitaria y también me ayudó con el abono transporte. Yo no tenía nada y ni siquiera sabía por dónde empezar.

Después conocí a David, que comenzó a buscarme cursos de formación. Pasaba muchísimo tiempo intentando encontrar oportunidades para mí. Siempre me animaba a seguir aprendiendo y a prepararme para poder trabajar cuanto antes.

Hablas de SERCADE con un enorme cariño. ¿Qué significó realmente ese acompañamiento?

Para mí fue muchísimo más que recibir ayuda. Fue encontrar personas que caminaban conmigo. Cuando una persona llega sin conocer el idioma, sin trabajo, sin papeles y sin saber dónde dormir, lo más importante es que alguien le diga por dónde empezar. Solo eso ya cambia completamente las cosas.

SERCADE me ayudó en todo: en la formación, en los trámites, en buscar trabajo y también en encontrar personas que confiaban en mí. Gracias a ellos conocí al padre Álvaro, que para mí es como un padre. Durante un tiempo incluso viví con él hasta que pude empezar mi vida de forma independiente. Eso nunca se olvida.

Poco a poco fueron llegando las oportunidades laborales. ¿Cómo recuerdas aquel proceso hasta conseguir el trabajo que tienes hoy?

Lo primero que hice fue trabajar en una feria de atracciones. Estuvimos en Cuenca, Salamanca y después en Cataluña. Más adelante regresé a Madrid porque estaba a punto de obtener la autorización para trabajar y quería hacerlo todo correctamente. Seguí formándome gracias a los cursos que encontraba David y, cuando terminé uno de ellos en Valdemoro, cinco días antes de finalizar ya me llamaron para trabajar en una empresa que prestaba servicio para El Corte Inglés. Estuve allí varios meses y, cuando terminó aquella subcontrata, El Corte Inglés decidió contratarme directamente. Hoy sigo trabajando allí como reponedor en el supermercado. 

Hay un momento muy significativo en tu historia. Pasaste de ser una persona acogida a convertirte en voluntario para ayudar a otros migrantes. ¿Por qué sentiste esa necesidad?

Porque nunca olvidaré cómo llegué yo.
Cuando una persona ha recibido tanto apoyo siente la necesidad de devolverlo de alguna manera. Yo hablo varios idiomas y dialectos de Senegal y Guinea Conakri, así que muchas veces puedo ayudar como traductor cuando llegan personas que todavía no hablan español.

También participo como voluntario acompañando a quienes llegan a las parroquias, preparando actividades, llevando cenas o simplemente estando con ellos cuando lo necesitan. A mí me gusta ayudar. No hace falta dar grandes cosas. A veces basta con estar al lado de una persona y decirle que no está sola.

Hace unos meses recibiste una llamada muy especial. Te comunicaron que ibas a compartir tu testimonio con el papa León XIV. ¿Cómo viviste aquella experiencia?

 

 

 

Al principio no era consciente de lo que significaba. Jorge me llamó para decirme que el Papa quería escuchar el testimonio de algunos migrantes y preguntó si estaba dispuesto. Yo dije que sí, claro, pero pensaba que sería algo pequeño, una conversación sencilla. Fue el padre Álvaro quien me decía: «No sabes dónde te has metido; esto lo va a ver muchísima gente». Cuando llegó el día estaba muy emocionado. Le conté mi historia, igual que la estoy contando ahora. También le llevé un pequeño regalo y él me entregó otro a mí. Lo que más me impresionó fue su cercanía. Se levantó para saludarnos, abrazarnos y darnos la mano. 
Dentro de muy poco volverás a Senegal por primera vez desde que llegaste a España. ¿Qué significa ese viaje para ti?

Significa muchísimo. Hace casi seis años que no veo a mi familia. Mi padre falleció hace tres años y tengo muchas ganas de abrazar a mi madre, a mis hermanos y, sobre todo, a mi hijo. Cuando yo vine a España él acababa de nacer. Tenía apenas dos meses. Ahora, por fin, voy a poder volver a verlo.

Si pudieras dirigirte a las personas que hoy llegan a España con las mismas dudas y los mismos miedos con los que tú llegaste, ¿qué les dirías?

Les diría que tengan paciencia. Muchas personas creen que al llegar aquí todo va a cambiar de un día para otro, que enseguida encontrarán trabajo o que todo será fácil. Pero no es así. Hay que tener paciencia, aprender español, respetar a las personas que te ayudan y seguir siempre el buen camino. También les diría que valoren a quienes les tienden la mano. A veces una persona solo necesita que alguien le diga: «Pasa por aquí». Ese pequeño gesto puede cambiar una vida.

Un camino que devuelve la dignidad

Cuando conocí a Khadri, me emocionó su historia. Escucharle, es escuchar la historia de miles de personas que llegaron a España buscando una oportunidad y encontraron, antes que un empleo, personas dispuestas a caminar con ellas.

SERCADE ha acompañado durante años a quienes, como Khadry, necesitaban mucho más que un techo o un plato de comida: necesitaban orientación, formación, apoyo y confianza para recuperar las riendas de su propia vida. Hoy, además, la entidad participa activamente en el proceso extraordinario de regularización impulsado en España, convencida de que regularizar no significa conceder privilegios, sino reconocer derechos y devolver dignidad a quienes ya forman parte de nuestra sociedad.

Quizá por eso el testimonio de Khadry ante el papa León XIV tuvo tanta fuerza. Porque no hablaba solo de su historia. Hablaba de todas aquellas personas que un día llegaron sin conocer el idioma, sin trabajo y sin un futuro claro, y que gracias al acompañamiento de quienes creyeron en ellas hoy trabajan, contribuyen al bien común y, como él mismo hace, dedican parte de su vida a tender la mano a quienes comienzan el mismo camino.

Al final, esa es la mejor medida del éxito de una acogida: cuando quien un día necesitó ayuda se convierte, con el paso del tiempo, en la primera persona dispuesta a ayudar a los demás.

Luis López, Coordinador de 
Capuchinos Editorial

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