Magnífica Humanidad
En ese tiempo hemos vivido con especial interés la visita del Papa León a España. Y con especial interés hemos acogido su primera encíclica, difundida por los medios de comunicación el día 18 de mayo, 135 años después de la que escribió León XIII en 1891, sobre las cosas nuevas, la Rerum Novarum.
No sé si el verano es el mejor tiempo para leer y acercarnos a este tipo de documentos eclesiales, pero siempre es interesante acercarse a los mensajes y enseñanzas que nos trasmite el sucesor de Pedro.
Muchas veces creemos que la Iglesia tiene que preocuparse únicamente de cuestiones espirituales. Sin embargo, esta encíclica rescata toda la tradición eclesial que ha quedado por escrito sobre la sociedad, la economía y la política y que conocemos como la Doctrina Social de la Iglesia. En ella encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar en nuestra forma de estar como cristianos en nuestro mundo.
Desde las primeras palabras de este gran documento el Papa León nos advierte que “la Magnífica Humanidad que Dios ha creado se encuentra ante una elección decisiva: Levantar una nueva Torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.
Estamos llamados a edificar en el Bien. Ante el riesgo de construir un mundo cada vez más inhumano e injusto, también tenemos la oportunidad de situarnos en el lado contrario: en el que apoya las iniciativas que llevan a la construcción de un mundo más justo, humano, fraterno, en el que se crean nuevos caminos para el bien común y la promoción de una vida digna para todos. Como sociedad vamos progresando. León XIV nos recuerda que “el verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa”.
El tiempo de verano es un tiempo especial que identificamos con tranquilidad, relax, vacaciones, turismo, descubrir lugares nuevos. Es un tiempo de encuentros y de disfrute de esta casa común en la que vivimos, nos movemos y existimos. Verano también es tiempo de cuidados. La capacidad de saber cuidarnos unos a otros es una dimensión importante de nuestro ser humano. Es tiempo que nos permite recuperar esos gestos sencillos: volver a nuestras raíces, a nuestros pueblos, disfrutar y hablar con nuestra gente, estar más tiempo con los nuestros, con los pequeños, acompañar a nuestros mayores, remodelar algún espacio de nuestra casa para hacerlo más acogedor. Son gestos que nos ayudan a cuidarnos y nos entrenan para reconocer a las otras personas como dignas de nuestra atención.
Fr. Benjamín Echeverría, OFMCap