
Su vida se desarrolla en un país, Líbano, que pertenecía al Imperio Otomano del que se desgajó después de la primera guerra mundial, cuando el imperio desapareció. Entró entonces en la órbita de Francia, encargada de ese territorio. El país consiguió un importante desarrollo económico, llegando a ser considerado como la “Suiza del Próximo Oriente”. Los enfrentamientos y guerras entre las distintas facciones religiosas y políticas acabaron con la mayor parte de esta situación económica y social. Desde el punto de vista religioso en Líbano se encuentra una mezcla de cristianos, musulmanes, drusos, que condicionaron en parte la evolución política del país. A grandes rasgos este sería el contexto en el que nuestro personaje vivió y desarrolló su actividad.
Nació el beato Santiago en 1875 en el seno de una familia numerosa -fueron 14 hermanos- en la que la piadosa madre tuvo una influencia fundamental. Realizó brillantemente sus estudios y, durante algún tiempo, para poder vivir, enseñó árabe en Alejandría (Egipto). Decidió ingresar en la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, comenzando el noviciado en 1894 y siendo ordenado sacerdote en 1904. A partir de ese momento desarrolló una amplia actividad que tomó diversas direcciones.
Se preocupó de fundar una serie de escuelas para fomentar la formación entre sus paisanos. Durante la primera guerra mundial desarrolló una actividad extraordinaria tratando de paliar sus efectos, en la medida de lo posible, y granjeándose de este modo la admiración de cristianos y musulmanes, porque, a nadie excluyó por razones religiosas. Su labor se manifestó en la apertura de comedores para distribuir numerosas comidas diarias y en la construcción de orfanatos para acoger a un sinfín de niños y niñas abandonados.
De él se ha dicho que “se hizo célebre por numerosas obras sociales. Construyó asilos para ancianos, para mendigos, para huérfanos, dispensarios para la infancia abandonada, hospitales y botiquines”. También se ocupó del clero anciano y enfermo, creando un centro para acogerlo, sin distinción de ritos. Para sostener y llevar adelante esta labor social fundó en 1930 fundó la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Cruz del Líbano, que se dedicaron fundamentalmente a obras de caridad en beneficio de los más necesitados.
Fue el beato Santiago un hombre andariego que recorrió las diversas regiones del país para desarrollar su labor apostólica en la que, además del campo social, tuvo una gran importancia la formación religiosa. Para ello, cuentan sus biógrafos, llevaba siempre en su alforja catecismos para distribuir entre los fieles. Falleció en 1954, octogenario, después de una vida ajetreada y bien trabajada.
El mensaje del beato Santiago de Ghazir es plenamente actual. Su esfuerzo por encontrarse con los otros, más allá de las diferencias religiosas o políticas, como posibilidad de construir un mundo distinto, es una llamada urgente para nuestro mundo y nos recuerda lo que el papa Francisco escribe en la encíclica Laudato si’: “Siempre es posible volver a desarrollar la capacidad de salir de sí hacia el otro. Sin ella no interesa cuidar algo para los demás, no hay capacidad de ponerse límites para evitar el sufrimiento o el deterioro de lo que nos rodea. La actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autorreferencialidad, es la raíz que hace posible todo el cuidado de los demás” (nº 208).