Izquierda

lu.

18

ene.

ma.

19

ene.

mi.

20

ene.

ju.

21

ene.

vi.

22

ene.

sá.

23

ene.

do.

24

ene.

Lunes 30º Semana Ordinario 2ª de salterio

Santos Simón, Judas Tadeo.

Primera lectura: Efesios 2, 19-22

Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles.
 


Salmo: 18, 2-3. 4-5

R/. Se difunde su sonido por toda la tierra.
 


Evangelio: Lucas 6, 12-19

En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

 


Reflexión:

La fiesta de los apóstoles Simón y Judas recuerdan algo fundamental: Jesús “oró” esas vocaciones. Y, sin embargo, no todas cuajaron. ¿Se equivocó Jesús en su elección? No. Pero la llamada, aún la orada por Jesús, debe ser respondida con libertad y responsabilidad. Jesús llama y envía. La vocación es misión: no hay misión sin vocación, ni vocación sin misión. Y en esa elección solo es posible mantenerse desde la oración.
También nuestra vocación ha sido una vocación orada por Jesús. Como dijo a Pedro, también nos dice a nosotros: “pero yo he rogado por ti para que
tu fe no falle” (Lc 22,32). ¡Qué serenidad puede esto aportar a la vida! Sabernos orados a Padre por Cristo. Desde ahí, “aunque camine por cañadas oscuras, nada temo” (Sal 23,4); pues “¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo?” (Rom 8,35). “Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Rom 8,31).

 


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