Izquierda

lu.

22

feb.

ma.

23

feb.

mi.

24

feb.

ju.

25

feb.

vi.

26

feb.

sá.

27

feb.

do.

28

feb.

Martes de la XXX semana del tiempo ordinario

El Espíritu de Asís, Santa Sabina

Primera lectura: Ef 5, 21-33.

Hermanos: Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 127, 1bc. 2. 3. 4-5.

R/. Dichosos los que temen al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
Serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión.
Que veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida. R/.


Evangelio: Lc 13,18-21.

En aquel tiempo, decía Jesús: «¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas». Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

Palabra del Señor.


Reflexión:

Estas dos breves parábolas ilustran la dinámica del reino de Dios. Son parábolas de esperanza -la esperanza de Jesús-, subrayando el contraste entre los comienzos pequeños y el final fecundo. La instauración del Reino no será un proceso mecánico, tiene su ritmo y sus tiempos. Con Jesús el Reino se ha puesto en marcha -“está ya entre vosotros” (Lc 17,21)-, en la predicación y la acción de Jesús, aunque su plenitud se manifestará en el día de su resurrección y gloriosa venida al fin de los tiempos, cuando sean recapituladas en Cristo todas las cosas (Ef 1,1) y él ofrezca al Padre la culminación de su obra (1 Cor 15,24). Con estas parábolas Jesús estimula a sus discípulos, a los de ayer y a los de hoy, a trabajar por la venida del reino de Dios.


  • Compártelo!