Viernes de la V semana de Cuaresma
San Ruperto
Primera lectura: Jer 20,10-13.
Oía la acusación de la gente: «“Pavor-en-torno”, delatadlo, vamos a delatarlo». Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él». Pero el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará. Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa! Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 17, 2-7.
R/. En el peligro invoqué al Señor, y Él me escuchó.
Yo te amo, Señor;
Tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca,
mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo;
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios: desde su templo
Él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.
Evangelio: Jn 10,31-42.
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?». Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios». Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre». Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad». Y muchos creyeron en él allí.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Iniciábamos el tiempo cuaresmal con una súplica: avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo para vivirlo en su plenitud. En eso consiste la conversión. Y lo concluimos, en esta Semana de Pasión, con unos textos del IV Evangelio centrados en un intenso debate sobre la identidad de Jesús, entre él y las autoridades religiosas. Mientras Jesús se reivindica como el Hijo de Dios y a Dios como su Padre, cuya voluntad realiza fielmente, las autoridades lo consideran un blasfemo. Mientras Jesús muestra sus obras como credenciales de su identidad, ellos las consideran obra de Belcebú. Y en este debate ¿dónde estamos nosotros? ¿Asistimos como espectadores? ¿Somos de las ovejas que escuchan su voz?, ¿de los que creen vivencialmente en él, de los que se mantienen firmes a sus palabras, conocedores de la verdad que nos hace libres?