Viernes de la I semana de Cuaresma

San Gabriel de La Dolorosa

Primera lectura: Ez 18,21-28.

Esto dice el Señor Dios: «Hijo de hombre: dirige tu mirada hacia Sidón, profetiza contra ella y di: Esto dice el Señor Dios: Aquí estoy contra ti, Sidón; a tus expensas me cubriré de gloria. Y sabrán que yo soy el Señor, cuando haga justicia en ella y en ella manifieste mi santidad. Enviaré contra ella la peste, habrá sangre en sus calles. En su interior, por todas partes, caerán los traspasados por la espada y sabrán que yo soy el Señor. Ya no habrá más espinas punzantes ni zarzas hirientes para la casa de Israel de parte de los vecinos que los hostigan. Y sabrán que yo soy el Señor Dios». Esto dice el Señor Dios: «Cuando yo reúna a la casa de Israel de entre los pueblos adonde fueron dispersados, manifestaré en ellos mi santidad a la vista de las naciones y habitarán en su tierra, que yo había concedido a mi siervo Jacob. Vivirán seguros, construirán casas y plantarán viñas. Vivirán seguros cuando ejecute mi sentencia contra todos sus vecinos que los hostigaban. Y sabrán que yo soy el Señor, su Dios».


Salmo: Sal 129,1b-2. 3-4. 5-7ab.7cd-8.

R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor. R/.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.

Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y Él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.


Evangelio: Mt 5,20-26.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Los Mandamientos no son historia pasada, tienen futuro. Son ayudas ofrecidas por Dios para que realicemos nuestra vida caminando en su presencia. Son profesión de fe y acogida de su voluntad. Son las arras de la alianza, las lindes que marcaban los contornos del pueblo elegido, el camino por el que andar ante Dios. No pretenden mortificar al hombre, sino vivificarlo. No son fronteras en las que recluirse, sino horizontes a los que abrirse, rutas por las que caminar. Y Jesús vino también para eso, para descubrirnos el horizonte definitivo de los mandamientos de Dios y enseñarnos a caminar por ellos. Y hoy lo hace desvelando el “no matarás”. Solo desde una recepción gozosa y agradecida de los mandamientos es posible vivirlos; pues sin la alegría de creer es imposible la alegría de vivir.


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