Miércoles de la XXXIV semana del tiempo ordinario
Santa Catalina de Alejandría
Primera lectura: Ap 15,1-4.
Yo, Juan, vi en el cielo otro signo, grande y maravilloso: Siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se consuma la ira de Dios. Vi una especie de mar de vidrio mezclado con fuego; los vencedores de la bestia, de su imagen y del número de su nombre estaban de pie sobre el mar cristalino; tenían en la mano las cítaras de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: «Grandes y admirables son tus obras, Señor, Dios omnipotente; justos y verdaderos tus caminos, rey de los pueblos. ¿Quién no temerá y no dará gloria a tu nombre? Porque vendrán todas las naciones y se postrarán ante ti, porque tú solo eres santo y tus justas sentencias han quedado manifiestas».
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 7-8. 9.
R/. Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos,
aclamen los montes. R/.
Al Señor, que llega
para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R/.
Evangelio: Lc 21,12-19.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Jesús advierte de la necesidad de ser fuertes y estar preparados, porque en el mundo los discípulos tendrán dificultades por su condición de discípulos. Pero no estamos solos; Dios tiene providencia de sus hijos. El discípulo no tiene que defenderse contra nada ni nadie; el Espíritu será su defensor. Nuestra vida está en las manos de Dios: él es nuestro defensor. Entregar la vida a Dios aporta serenidad, pero no dispensa de asumir riesgos. La fidelidad debe ser contrastada. “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Es cómodo sentirse en las manos de Dios cuando la vida nos sonríe, cuando esas manos tienen forma de cuna y de abrazo. No lo es tanto, cuando el sufrimiento se hace presente y esas manos tienen forma de cruz… Pero son las mismas y son las del mismo, las de Dios.