Martes de la XXI semana del tiempo ordinario

San José de Calasanz

Primera lectura: 2 Tes 2,1-3a. 14-17.

Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por alguna revelación, rumor o supuesta carta nuestra, como si el día del Señor estuviera encima. Que nadie en modo alguno os engañe. Dios os llamó por medio de nuestro Evangelio para que lleguéis a adquirir la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así, pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta. Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 95, 10. 11-12a. 12b-13.

R/. Llega el Señor a regir la tierra.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» /R.

Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos. /R.

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. /R.


Evangelio: Mt 23,23-26.

En aquel tiempo, Jesús dijo: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, ¡la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Estos ocho “¡Ay de vosotros!” forman parte de una serie de recriminaciones de Jesús por el comportamiento de los escribas y fariseos, y son como las antítesis de las ocho bienaventuranzas del Sermón de la Montaña. En ellos denuncia la perversión que han hecho de la Ley y los Profetas, su ritualismo y exteriorismo moral y religioso. Pero no hemos de quedarnos en la denuncia de ese pasado. Esas palabras continúan denunciando hoy actitudes equivocadas y no cristianas: el cumplimiento formalista, frente la urgencia del derecho, la compasión y la sinceridad. El legalismo puritano, la obsesión por la exterioridad, el literalismo, olvidando cuidar el corazón. Vivir de apariencias y en la apariencia puede conducirnos a vivir en la mentira interior, en la rigidez. Son tentaciones frecuentes en la vida, también en la vida cristiana.


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