Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia

Santa Vicenta María López Vicuña, San Beda El Venerable

Primera lectura: Hch 1,12-14.

Después de subir Jesús al cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal Jdt 13, 18bcde. 19.

R. ¡Tú eres el honor de nuestra raza!

Que el Dios Altísimo te bendiga,
hija mía, más que a todas las mujeres de la tierra;
y bendito sea el Señor Dios,
creador del cielo y de la tierra. R.

Nunca olvidarán los hombres
la confianza que has demostrado
y siempre recordarán el poder de Dios. R


Evangelio: Jn 19,25-27.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Madre de la Iglesia” declarada por san Pablo VI, al concluir la tercera sesión del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco (2018) fijó esta memoria litúrgica de María, como “obligatoria”, en el lunes siguiente a la solemnidad de Pentecostés, día del nacimiento de la Iglesia. Es lo que subraya el evangelio: “Mujer ahí tienes a tu hijo…”. La cruz, nueva edición de Belén, es también una cuna. En Belén, Dios nació para nosotros; en la cruz, nosotros, la Iglesia, nacemos para Dios. En ambos momentos la madre era María. Desde la cruz tiene lugar la segunda anunciación de su maternidad. “Ahí tienes a tu hijo”. Y ella pronuncia de nuevo su “hágase en mí”. María entra en el Evangelio como la Madre del Hijo de Dios, y sale del Evangelio como la madre de los hijos de Dios. María es todo y solo Madre.


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