Izquierda

lu.

11

ene.

ma.

12

ene.

mi.

13

ene.

ju.

14

ene.

vi.

15

ene.

sá.

16

ene.

do.

17

ene.

Martes Cuaresma 3ª Semana de Solemnidad

Anunciación del Señor

Primera lectura: Is 7,10-14; 8,10;

El Señor volvió a hablar a Ajaz y le dijo: «Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Ajaz: «No lo pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Isaías: «Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel.  Trazad planes, que fracasarán, haced promesas, que no se mantendrán, porque con nosotros está Dios.


Salmo: Sal 39,7-11;

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, en cambio, me abriste el oído. No pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.

«-Como está escrito en mi libro- ­para hacer tu voluntad». Dios mío, lo quiero y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, Tú lo sabes. R/.

No me he guardado en el pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.


Segunda lectura: Heb 10,4-10;

Hermanos: es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, al entrar él en el mundo dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí— para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad. Primero dice: Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias, que se ofrecen según la ley. Después añade: He aquí que vengo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre. 


Evangelio: Lc 1,26-38.

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.


Reflexión:

¿Qué nos anuncia esta anunciación? En el centro de la Cuaresma, tiempo de conversión del hombre a Dios, nos anuncia la conversión más importante, la de Dios al hombre hasta convertirse en hombre. Una conversión profunda y real. El protagonista es Dios que ha tomado una decisión inimaginable. Y para eso, además, pide permiso al hombre, llamando a la puerta de una joven humilde, María. Para su gran proyecto Dios pulsa a la puerta (Ap 3,20); siempre entra así en la vida: respetuosamente. Su estilo está más próximo al de la brisa que al del vendaval (1 Re 19,11-12). Y Jesús así hará su propuesta de conversión, desde la libertad. Es su estilo. Un estilo a imitar. Es lo que celebramos hoy. Que el Señor que nos dé la sensibilidad para escuchar y responder a su llamada.


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