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Martes 7ª Semana Ordinario 3ª de Salterio

San Justo, San Valero, San Cesáreo

Primera lectura: Eclo 2,1-11;

Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepárate para la prueba. Endereza tu corazón, mantente firme  y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la humillación. Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación.  En las enfermedades y en la pobreza pon tu confianza en él. Confía en él y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él. Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia y no os desviéis, no sea que caigáis. Los que teméis al Señor, confiad en él, y no se retrasará vuestra recompensa. Los que teméis al Señor, esperad bienes, | gozo eterno y misericordia. Porque un don eterno con alegría es su recompensa. Fijaos en las generaciones antiguas y ved: ¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?, o ¿quién perseveró en su temor y fue abandonado?, o ¿quién lo invocó y fue desatendido? Porque el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en tiempo de desgracia.


Salmo: Sal 36,3-4. 18-19. 27-28. 39-40;

R/. Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

Confía en el Señor y haz el bien: habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. R/.

El Señor vela por los días de los buenos, y su herencia durará siempre; no se agostarán en tiempo de sequía, en tiempo de hambre se saciarán. R/.

Apártate del mal y haz el bien, y siempre tendrás una casa; porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. Los inicuos son exterminados, la estirpe de los malvados se extinguirá.  R/.

El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados y los salva porque se acogen a él. R/.


Evangelio: Mc 9,30-37.

Se fueron de allí y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado». 


Reflexión:

De camino, Jesús va instruyendo a los discípulos sobre “su” camino; pero ellos no entienden y temen preguntarle. Pero Jesús no teme preguntarles, aunque ellos siguen con miedo a responderle, porque  pensaban y hablaban de “otro” camino. Jesús pensaba en el camino de la entrega y del servicio, y ellos en el de la precedencia y la presidencia. Dos modos diferentes de pensar y de caminar, en proximidad física de Jesús pero a gran distancia espiritual: uno, Jesús, en clave de servicio; otros, los discípulos, en clave de autoservicio. Lo había advertido el profeta Isaías: “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor” (Is 55,8). Por eso hemos de orar: “Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas” (Sal 25,4), pues “tus caminos son santos” (Sal 77,14).


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