Izquierda

lu.

15

mar.

ma.

16

mar.

mi.

17

mar.

ju.

18

mar.

vi.

19

mar.

sá.

20

mar.

do.

21

mar.

Lunes 7ª Semana Ordinario 3ª de Salterio

San Sergio, San Roberto

Primera lectura: Eclo 1,1-10b;

Toda sabiduría viene del Señor y está con él por siempre. La arena de los mares, las gotas de la lluvia y los días del mundo, ¿quién los contará? La altura de los cielos, la anchura de la tierra y la profundidad del abismo, ¿quién las escrutará? Antes que todo fue creada la sabiduría, y la inteligencia prudente desde la eternidad. La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas y sus canales son mandamientos eternos. 6La raíz de la sabiduría, ¿a quién fue revelada? y sus recursos, ¿quién los conoció? 7La ciencia de la sabiduría, ¿a quién fue revelada?  y su mucha experiencia, ¿quién la conoció? 8Uno solo es sabio, temible en extremo: el que está sentado en su trono. 9El Señor mismo creó la sabiduría, la vio, la midió y la derramó sobre todas sus obras. 10Se la concedió a todos los vivientes  y se la regaló a quienes lo aman.


Salmo: Sal 92,1ab.1c-2.5;

R/. El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término. R/.


Evangelio:

Cuando volvieron a donde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor y a unos escribas discutiendo con ellos. Al ver a Jesús, la gente se sorprendió y corrió a saludarlo. Él les preguntó: «¿De qué discutís?». Uno de la gente le contestó: «Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no lo deja hablar; y cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen y no han sido capaces». Él, tomando la palabra, les dice: «¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo». Se lo llevaron. El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?». Contestó él: «Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos». Jesús replicó: «¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe». Entonces el padre del muchacho se puso a gritar: «Creo, pero ayuda mi falta de fe». Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él». Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió. El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto. Pero Jesús lo levantó cogiéndolo de la mano y el niño se puso en pie. Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas: «¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?». Él les respondió: «Esta especie solo puede salir con oración».


Reflexión:

Desde el monte de la Transfiguración, Jesús desciende al valle del dolor, donde se encuentra con una discusión entre los discípulos y unos escribas y con una situación personal dramática, la de un padre que, destrozado por la situación de su hijo “poseído” por un espíritu que le torturaba y le impedía hablar, acude a Jesus en espera de ayuda, ante la incapacidad de los discípulos. El padre confiesa su duda -“si algo puedes”- y su esperanza -“ten compasión y ayúdanos”-. “Todo es posible al que cree” le responde. Y el padre exclama: “Creo, pero ayuda mi falta de fe”. Y a los discípulos, extrañados por su incapacidad para curarlo, les responde que solo con fe es posible. Fe y oración son los dos pulmones de la respiración cristiana. “Aumenta mi poca fe” y “enséñanos a orar”. 


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