Miércoles de la XXV semana del tiempo ordinario

San Pío de Pietrelchina, San Lino, Santa Tecla

Primera lectura: Gál 6,14-18.

Hermanos: Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 15.

R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.


Evangelio: Mt 11,25-30.

En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Palabra del Señor.


Reflexión:

Nacido en 1887, el P. Pío no fue un predicador famoso, ni un escritor prolífico sino un humilde sacerdote capuchino que ejerció su ministerio en el confesionario celebraba la eucaristía con gran devoción y oraba mucho. Sus espacios vitales eran el sagrario y el confesionario. Hombre de interioridad, que no le alejó de los hombres. Allí escuchaba el clamor, el dolor y las necesidades humanas. Escucha que le llevó a crear una importante obra social: la “Casa de alivio del sufrimiento” y, consciente de la prioridad de la oración, a fundar los “Grupos de oración”, extendidos por todo el mundo. El designado como el crucificado del Gárgano, como el del Alvernia, san Francisco, nos recuerda que la señal del cristiano es la santa cruz, y que “Cristo nunca está sin la cruz, y la cruz nunca está sin Cristo”.


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