Izquierda

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feb.

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Viernes 1ª Semana de Cuaresma 1ª semana de salterio

San Policarpo

Primera lectura: Ezequiel 18, 21-28

¿Acaso quiero yo la muerte del malvado, y no que se convierta de su conducta y viva?


Salmo: Salmo 129, 1-2. 3-4. 5-7a. 7bc-8

R/. Señor, si recuerdas los pecados,
¿quién podrá resistir?

Evangelio: Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Si ustedes no cumplen la voluntad de Dios mejor que los maestros de la ley y que los fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
Ya saben que se dijo a los antepasados: No mates; el que mate, será llevado a juicio. Pero yo les digo: El que se enemiste con su hermano, será llevado a juicio; el que lo insulte será llevado ante el Consejo Supremo, y el que lo injurie gravemente se hará merecedor del fuego de la gehena.
Por tanto, si en el momento de ir a presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene algo en contra de ti, deja tu ofrenda allí mismo delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano. Luego regresa y presenta tu ofrenda.
Ponte de acuerdo con tu adversario sin demora mientras estás a tiempo de hacerlo, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez a los guardias, y vayas a dar con tus huesos en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último céntimo de tu deuda.


Reflexión:

Los mandamientos de Dios son profundos y no pueden minimizarse, tienen largos recorridos. Así, el “No matarás”, va más allá de prohibir la muerte física. Va contra todo tipo de muerte: la descalificación, el insulto…, todo lo que “hiere” la vida. Y las manos se manchan y se incapacitan para acercarse al altar de Dios cuando las relaciones con los hermanos están rotas. No podemos ir al Padre como hijos enfrentados (Mt 5,23). Por eso siempre pedimos perdón a Dios y a los hermanos antes de celebrar los sagrados misterios, pero debe ser una petición real y no solo ritual. A Dios hay que ir en comunión o con voluntad de llegar a ella. Por eso la oración cristiana es siempre purificadora de nuestras relaciones humanas. Y los mandamientos son sendas para caminar en la presencia del Señor y alegran el corazón (Sal 19,8-9).


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