Izquierda

lu.

25

ene.

ma.

26

ene.

mi.

27

ene.

ju.

28

ene.

vi.

29

ene.

sá.

30

ene.

do.

31

ene.

Martes de la IV semana de Adviento

San Demetrio, Santa Francisca Javier Cabrini

Primera lectura: 1 Sam 1,24-28.

En aquellos días, cuando Ana hubo destetado a Samuel, subió consigo, junto con un novillo de tres años, unos cuarenta y cinco kilos de harina y un odre de vino. Lo llevó a la casa del Señor a Siló y el niño se quedó como siervo. Inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí. Ella le dijo: «Perdón, por tu vida, mi señor, yo soy aquella mujer que estuvo aquí en pie ante ti, implorando al Señor. Imploré este niño y el Señor me concedió cuanto le había pedido. Yo, a mi vez, lo cedo al Señor. Quede, pues, cedido al Señor de por vida». Y Elcaná se postró allí ante el Señor.


Salmo: Sal 1 Sam 2,1. 4-5. 6-7.

R/. Mi corazón se regocija
por el Señor, mi Salvador.

Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. /R.

Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. /R.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza, humilla y enaltece. /R.

Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. /R.


Evangelio: Lc 1,46-56.

En aquel tiempo, María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre». María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Junto al Padrenuestro, el Magnificat es una de las oraciones bíblicas más hermosas: brota del corazón agradecido y gozoso de María, donde guardaba las cosas. Es su “credo”; su fe se hace canto. No es un recitado aséptico de verdades, sino la formulación de la gran Verdad, tal como era sentida en su vida. María proclama la fe con el alma; porque Dios se ha fijado en ella y en ella ha hecho obras grandes. Una fe personalizada. No canta al Salvador, sino a mi Salvador, con un rostro bien definido: Santo, Misericordioso, Poderoso, Fiel, con opciones por los pobres y pequeños, contra los opresores… ¿Es así nuestro credo?, ¿proclamamos y vivimos así nuestra fe? También Dios nos ha mirado y ha hecho en nosotros y en nuestro favor “obras grandes”. Hagamos de nuestra vida un “Magnificat”.


  • Compártelo!