Izquierda

lu.

15

mar.

ma.

16

mar.

mi.

17

mar.

ju.

18

mar.

vi.

19

mar.

sá.

20

mar.

do.

21

mar.

25º Domingo Ordinario 1º de salterio

San Ignacio de Santiá, San Mauricio.

Primera lectura: Sabiduría 2, 17-20

Lectura del libro de la Sabiduría
Se dijeron los impíos: «Tendamos lazos al justo, pues nos es molesto y nos echa en cara lo que hacemos; nos acusa de quebrantar la ley y nos reprocha el que seamos infieles a la educación que hemos recibido.
Veamos si sus palabras son ciertas comprobando el desenlace de su vida.
Pues si el justo es hijo de Dios, él lo socorrerá y lo pondrá a salvo de las garras de sus enemigos.
Acosémoslo con insultos y tormentos; así conoceremos su aguante y comprobaremos su resistencia.
Condenémoslo a una muerte infame, porque, como él dice, Dios lo defenderá.»

 


Salmo: 53, 3-4. 5. 6 y 8

R/. El Señor es quien me ayuda.
¡Oh Dios, por el honor de tu nombre sálvame,
con tu poder defiende mi causa!
¡Escucha, oh Dios, mi oración,
estate atento a mis palabras! R/.
Se alzan contra mí extranjeros,
gente cruel desea mi muerte
sin tener presente a Dios. R/.
Pero es Dios quien me ayuda,
mi Señor está con los que me protegen.
Te ofreceré sacrificios voluntarios,
alabaré tu nombre, Señor, porque es bueno. R/.

 


Segunda lectura: Santiago 3, 16—4, 3

Lectura de la carta del apóstol Santiago
Queridos hermanos:
Donde hay envidia y ambición, allí reina el desenfreno y la maldad sin límites. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es ante todo pura, pero también pacífica, indulgente, conciliadora, compasiva, fecunda, imparcial y sincera.
Los artífices de la paz siembran en paz, para obtener el fruto de una vida recta.
¿De dónde surgen los conflictos y las luchas que hay entre ustedes?
Sin duda, de las pasiones que llevan siempre en pie de guerra en su interior. Si ambicionan y no tienen, asesinan; si arden en deseos y no pueden satisfacerlos, se enzarzan en luchas y contiendas. No tienen porque no piden. Y, si piden, no reciben nada porque piden con la torcida intención de malgastarlo en sus propios caprichos.

 


Evangelio: Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y pasaron por Galilea. Jesús no quería que nadie lo supiera, porque estaba dedicado a instruir a sus discípulos. Les explicaba que el Hijo del hombre iba a ser entregado a hombres que lo matarían, y que al tercer día resucitaría. Pero ellos no entendían nada de esto. Y tampoco se atrevían a preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, Jesús les preguntó:
—¿Qué discutían ustedes por el camino?
Ellos callaban, porque por el camino habían venido discutiendo acerca de quién de ellos sería el más importante. Jesús entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

—Si alguno quiere ser el primero, colóquese en último lugar y hágase servidor de todos.
Luego puso un niño en medio de ellos y, tomándolo en brazos, les dijo:
—El que recibe en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, no solo me recibe a mí, sino al que me ha enviado.

 


Reflexión:

El relato contempla dos momentos: uno de camino, y otro ya en casa, en Cafarnaún. Una prioridad de Jesús no fue solo instruir a los discí pulos sobre su camino, sino introducirlos en él. Formulado de manera más condensada y genérica que el primero (Mc 8,31-33), este segundo anuncio de la pasión, supone una nueva llamada a los discípulos, quienes no solo no entienden sino que tienen miedo de preguntar. El relato nos dice que hay dos modos diferentes de caminar: el de Jesús, en clave de servicio, y el de los discípulos, en clave de autoservicio. Ya en casa, Jesús, una vez más corrige esa perspectiva, descubriéndoles el “puesto” del discípulo en la vida, vinculándose y vinculando a Dios con el servicio y acogida de los menores de este mundo.
 


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