Lunes de la XII semana del tiempo ordinario
Cuerpo y Sangre del Señor, S. Paulino de Nola, Sto. Tomas Moro
Primera lectura: 2 Re 17,5-8. 13-15a. 18
En aquellos días, avanzó Salmanasar, rey de Asiria, contra todo el país, comenzando por Samaría, a la que puso sitio durante tres años, hasta que, el año noveno de Oseas, el rey de Asiria la conquistó. Deportó a Israel a Asiria y lo estableció en Jalaj, en el Jabor, río de Gozán, así como en las ciudades de los medos. Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra el Señor, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, sustrayéndolos a la mano del faraón, rey de Egipto; porque dieron culto a otros dioses y siguieron las costumbres de aquellas naciones que el Señor había expulsado ante ellos. Pues el Señor había advertido a Israel y a Judá, por boca de todos los profetas y videntes: «Convertíos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos y decretos, conforme a la ley que prescribí a vuestros padres y que les transmití por mano de mis siervos los profetas». Pero no hicieron caso, manteniendo dura la cerviz como habían hecho sus padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Despreciaron así sus leyes y la alianza que estableció con sus padres, tanto como las exigencias que les impuso. Y se encolerizó el Señor sobremanera contra Israel, apartándolos de su presencia. Solo quedó la tribu de Judá.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 59,3. 4-5. 12-14.
R./ Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
Oh, Dios nos rechazaste y rompiste nuestras filas;
estabas airado, pero restáuranos. R./
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber vino de vértigo. R./
Oh, Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios heremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos. R./
Evangelio: Mt 7,1-5.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “¿Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.
Palabra del Señor.
Reflexión:
El juicio sólo es de Dios, porque sólo él sondea el corazón. En el juicio hay que adoptar el punto de mira de Dios. Hay que purificar el punto de mira, y sólo lo purifica el amor. Frecuentemente denunciamos en el otro nuestro propio límite, lo que se opone a nuestro proyecto. Juzgamos a uno como ególatra, porque afecta a nuestra egolatría. Nuestros juicios nos denuncian, y nuestras condenas nos condenan. Es hipocresía la pretensión moralizadora de la vida de los demás desde una vida “inmoral”. Solemos ser generosos para autojustificarnos, y críticos e inmisericordes con los demás. Jesús no nos quiere indiferentes, pero advierte: para juzgar se requiere un corazón limpio y generoso. Para limpiar el huerto del prójimo hay que adecentar antes el propio. Jesús nos quiere hermanos, no jueces de los hermanos.