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lu.

25

ene.

ma.

26

ene.

mi.

27

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28

ene.

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29

ene.

sá.

30

ene.

do.

31

ene.

Lunes de la XXV semana del tiempo ordinario

San Mateo

Primera lectura: Prov 3,27-34.

Hijo mío: No niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano concedérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré». No trames daños contra tu prójimo, mientras vive confiado a tu lado; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño alguno; no envidies al hombre violento, ni trates de imitar su conducta, porque el Señor detesta al perverso y pone su confianza en los honrados; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del justo; el Señor se burla de los burlones y concede su gracia a los humildes.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5.

R./ El justo habite en tu monte santo, Señor.

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua. R./

El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor. R./

El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará. R./


Evangelio: Lc 8,16-18.

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público. Mirad, pues, cómo oís, pues al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

Palabra del Señor.


Reflexión:

Estas palabras pueden considerarse como continuación y conclusión de la parábola del sembrador (Lc 8,4-15). La semilla de Jesús y la luz con que ha venido a alumbrar al mundo no son para mantenerlas enterradas ni ocultas. Hay que exponerlas y visibilizarlas, porque están llamadas a fecundar e iluminar la vida, ofreciéndolas como el servicio más cualificado (Mt 5,16). La advertencia final es clara: “Al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener”. Es decir, el que escuche la palabra de Dios con interés y responsabilidad crecerá en su comprensión, pero el que la escuche superficial y distraídamente perderá incluso lo que creía haber comprendido. Palabras que pueden sonar como crítica al judaísmo oficial de entonces, cerrado en sí mismo y sordo al evangelio de Jesús.


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