Izquierda

lu.

15

mar.

ma.

16

mar.

mi.

17

mar.

ju.

18

mar.

vi.

19

mar.

sá.

20

mar.

do.

21

mar.

16º Domingo Ordinario 4ª de salterio

San Lorenzo de Brindisi.

Primera lectura: Jeremías 23, 1-6

Lectura del libro de Jeremías
¡Ay de los pastores que descarrían y dispersan el rebaño de mi pastizal!
—oráculo del Señor—.
Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo:
Ustedes dispersaron mi rebaño, lo expulsaron y no se han preocupado de él. Pues bien, yo les voy a pedir cuentas de sus malas acciones —oráculo del Señor—
y yo mismo reuniré al resto de mis ovejas de todos los países por donde las dispersé y las haré volver a su pastizal, donde fructificarán y se multiplicarán.
Les pondré pastores que las apacienten; ya no tendrán miedo, no se espantarán ni faltará ninguna
—oráculo del Señor—.
Ya llegan días —oráculo del Señor—
en que daré a David un vástago legítimo. Será un rey que reinará con prudencia, impondrá justicia y derecho en el país. En sus días estará a salvo Judá,
Israel vivirá con tranquilidad, y la gente le pondrá de nombre:
«El Señor es nuestra justicia».

 


Salmo: 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6

R/. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace descansar, junto a aguas tranquilas me lleva.

El Señor me reconforta. R/.
Me conduce por caminos rectos haciendo honor a su nombre.
Aunque camine por valles sombríos no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.
Ante mí preparas una mesa delante de mis enemigos, unges mi cabeza con aceite y mi copa rebosa. R/.
El bien y la bondad estarán conmigo todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor durante días sin fin. R/

 


Segunda lectura: Efesios 2, 13-18

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
Hermanos:
Ahora, injertados en Cristo Jesús y gracias a su muerte, ya no están lejos como antes, sino cerca.
Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de ambos pueblos uno solo; él ha derribado el muro de odio que los separaba; él ha puesto fin en su
propio cuerpo a la ley mosaica, con sus preceptos y sus normas, y ha creado en su propia persona con los dos pueblos una nueva humanidad, estableciendo la paz. Él ha reconciliado con Dios a ambos pueblos por medio de la cruz, los ha unido en un solo cuerpo y ha destruido así su enemistad. Él ha venido a traer la noticia de la paz: paz para ustedes, los que estaban lejos, y paz también para los que estaban cerca. Unos y otros, gracias a él y unidos en un solo Espíritu,
tenemos abierto el camino que conduce al Padre.

 


Evangelio: Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le comunicaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo:
—Vengan aparte conmigo. Vamos a descansar un poco en algún lugar solitario.
Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba ni tiempo para comer. Así que subieron a una barca y se dirigieron, ellos solos, a un lugar apartado.
Muchos vieron alejarse a Jesús y a los apóstoles y, al advertirlo, vinieron corriendo a pie por la orilla, procedentes de todos aquellos pueblos, y se les adelantaron.
Al desembarcar Jesús y ver a toda aquella gente, se compadeció de ellos porque parecían ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

 


Reflexión:

Cumplida la misión, los apóstoles regresan e informan a Jesús del resultado de la misma. Es interesante advertir que durante la au sencia de los Doce, Jesús no ha hecho nada significativo que pudiera ser desconocido por ellos. El v 30 tiene diversas lecturas: “Y ellos le contaron todo (¿la muerte del Bautista, y en tal caso habría que considerar la retirada de Jesús a un lugar solitario como respuesta a la acción de Herodes, cf. Mt 14,13?), lo que habían hecho y enseñado”. Según
Marcos, sin embargo, la retirada a un lugar deshabitado está motivada por la necesidad de descanso (v 31); que puede traducirse también como necesidad de análisis y reflexión. La acogida de Jesús, en todo caso, deja entrever su delicadeza para con los misioneros. Mientras, las gentes le buscan sin descanso, como ovejas sin pastor. El texto sirve de preludio a la primera multiplicación de los panes, cuya finalidad es presentar a Jesús como el inagurador de los tiempos definitivos: el nuevo Moisés (maná), buen pastor, superior a Eliseo (2 Re 4, 42-44).

 


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