Izquierda

lu.

18

ene.

ma.

19

ene.

mi.

20

ene.

ju.

21

ene.

vi.

22

ene.

sá.

23

ene.

do.

24

ene.

Martes 2ª Semana Ordinario 4ª de Santerio

Santa Inés.

Primera lectura: Heb 6-10-20;

Dios no es injusto como para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos ahora igual que antes.
Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra esperanza; y no seáis indolentes, sino imitad a los que, con fe y perseverancia, consiguen lo prometido.
Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, no teniendo a nadie mayor por quien jurar, juró por sí mismo, diciendo:
«Te llenaré de bendiciones
y te multiplicaré abundantemente»;
y así, perseverando, alcanzó lo prometido.
Los hombres juran por alguien mayor, y, con la garantía del juramento, queda zanjada toda discusión.
De la misma manera, queriendo Dios demostrar a los beneficiarios de la promesa la inmutabilidad de su designio, se comprometió con juramento, para que por dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante. La cual es para nosotros como anda del alma, segura y firme, que penetra más allá de la cortina, donde entró, como precursor, por nosotros, Jesús, Sumo Sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec.


Salmo: Sal 110,1b-2.4-5.9.10c;

R/. El Señor recuerda siempre su alianza.

V/. Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. R/.

V/. Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente. Él da alimento a los que lo temen recordando siempre su alianza. R/.

V/. Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza.
Su nombre es sagrado y temible. La alabanza del Señor dura por siempre. R/.


Evangelio: Mc 2,23-28.

Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?».
Él les responde:
«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?».
Y les decía:
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado».


Reflexión:

La interpretación del descanso sabático en tiempos de Jesús fluctuaba. Su respuesta no se hace esperar, y la formula desde la Escritura: La normativa está en función del hombre; para que éste cumpla su función. Los paralelos de Mt. y Lc: concluyen: el Hijo del Hombre es también señor del sábado. Pero Mc añade: “el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado”. Desde aquí se impone una revisión del domingo cristiano y del “precepto” y el “descanso” dominicales. Caracterizados en un principio por un tono eucarístico y celebrativo, con el tiempo esos aspectos fueron difuminándose con una normativa y casuismo exagerados. Es necesario recuperar esos tonos originales, desplazando el acento de la obligación/prohibición al de la interiorización/celebración, que permitan gozar y descansar en el Señor, y no solo “descansar” sin más.


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