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24

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Viernes de la III semana de Adviento

Nuestra Señora de La Esperanza

Primera lectura: Jer 23,5-8.

Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que daré a David un vástago legítimo: reinará como monarca prudente, con justicia y derecho en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y le pondrán este nombre: «El-Señor-nuestra-justicia». Así que llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se dirá: «Lo juro por el Señor, que sacó a los hijos de Israel de Egipto», sino: «Lo juro por el Señor, que sacó a la casa de Israel del país del norte y de los países por donde los dispersó, y los trajo para que habitaran en su propia tierra».

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 71,1-2. 12-13. 18-19.

R/. En sus días florezca la justicia
y La paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su Nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra. ¡Amén, amén! R/.


Evangelio: Mt 1,18-24.

La generación de Jesús fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Colaborador necesario en la Navidad, José aparece en cuatro ocasiones en el Evangelio mateano de la infancia: recibe comunicaciones "celestiales" respecto del Niño: aquí (1,18-24), en la huída a Egipto (2,13), en el regreso a la tierra de Israel (2,19-20) y en el asentamiento en Nazaret (2,22). Como "padre", es el encargado de dar cobertura legal al nacimiento de Jesús, de imponerle el nombre y correr con los cuidados de su custodia. No es un marginado del "misterio", sino un "creyente" -el primero- en el misterio de Jesús. Desde la fe aceptó el misterio del embarazo de María, convirtiéndose en servidor de ese “misterio”. Envuelto en el silencio y en el servicio, san José nos enseña a hacer una lectura profunda de las apariencias, aceptando la palabra de Dios como clave de lectura de las mismas.


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