Izquierda

lu.

15

mar.

ma.

16

mar.

mi.

17

mar.

ju.

18

mar.

vi.

19

mar.

sá.

20

mar.

do.

21

mar.

II domingo del tiempo ordinario

Prisca, Santa Beatriz

Primera lectura: Is 49,3. 5-6.

Y me dijo: “Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré. Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios. Y mi Dios era mi fuerza: “Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 39,2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10.

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R/.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy para hacer tu voluntad.» R/.

Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.


Segunda lectura: I Cor 1,1-3.

Pablo, llamado a ser Apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.


Evangelio: Jn 1,29-34.

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”. Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Jesús es el Cordero de Dios, el Ungido por el Espíritu y el Hijo de Dios. Tres afirmaciones de gran hondura cristológica, y no son un conocimiento natural de Juan sino revelación del Espíritu. Juan reconoce la verdad de Jesús, y la diferencia cualitativa entre su bautismo -de agua- y el de Jesús -en el Espíritu-. Creer esto supone configurar nuestra la existencia con esa fe que nos constituye en hijos - “pues lo somos” (1 Jn 3,1)- y vivir sin pecado, incorporados a Cristo, aún en medio de las debilidades de la vida (cf. 1 Jn 1, 8-9). El cristiano es pecador, porque lleva este tesoro -la fe y la filiación divina- en frágil envoltura (2 Cor 4,7), pero hace su camino en la esperanza de la fidelidad de Dios, cuyo amor es más grande que nuestros pecados.


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