Jueves de la III semana de Adviento
San Lázaro, San Juan de Mata
Primera lectura: Gén 49,1-2. 8-19.
En aquellos días, Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel. A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás tu mano sobre la cerviz de tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre. Judá es un león agazapado, has vuelto de hacer presa, hijo mío; se agacha y se tumba como león o como leona, ¿quién se atreve a desafiarlo? No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga aquel a quien está reservado, y le rindan homenaje los pueblos. Ata su asno a una viña, y a una cepa, el pollino de la asna; lava su sayo en vino, y su túnica en sangre de uvas. Sus ojos son más oscuros que vino, y sus dientes más blancos que leche. Zabulón morará junto a la costa, será un puerto para los barcos, vuelto a Sidón su flanco. Isacar, asno robusto, se acuclilla entre las alforjas. Viendo qué bueno es el establo y qué placentero el país, inclinó su lomo a la carga y aceptó trabajos de esclavo. Dan gobernará a su pueblo, como una de las tribus de Israel. Dan es culebra junto al camino, víbora junto al sendero. Muerde los talones del caballo, y cae de espaldas su jinete. Espero tu salvación, Señor. Gad: le asaltarán los bandidos, y él los asaltará por la espada.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 71,1-2. 3-4ab. 7-8. 17.
R/. En sus días florezca la justicia,
y la paz abunde eternamente.
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre. R/.
En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.
Evangelio: Mt 1,1-17.
Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a Esrón, Esrón engendró a Arán, Arán engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró, de Rajab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed engendró a Jesé, Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón engendró a Roboán, Roboán engendró a Abías, Abías engendró a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Jorán, Jorán engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatán, Joatán engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amós, Amós engendró a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia. Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliaquín, Eliaquín engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquín, Aquín engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Iniciamos la segunda parte del Adviento. ¿Y qué nos dice? Que el Hijo de Dios tiene genealogía humana, no es un extraño ni se avergüenza de llamarnos hermanos. ¡Es de los nuestros! Es la gran noticia de la Navidad. Y “Si Dios está por nosotros…” (Rom 8,31). El plan de Dios es un plan de encarnación. La genealogía mateana entronca a Jesús con Abrahán el padre de la Promesa (Gén 12,3), apareciendo como el cumplimiento de la Bendición de Dios a la historia. Pero hay más: esa inserción de Dios en la historia no elude las sombras de la historia. La genealogía de Jesús no es una genealogía “depurada”, porque Jesús vino a redimirla. Saber a un Dios inserto en nuestro árbol genealógico, asumiendo nuestras sombras, no avergonzándose ni haciendo ascos de ello (Heb 2,11) debe llenarnos de esperanza.