Izquierda

lu.

18

ene.

ma.

19

ene.

mi.

20

ene.

ju.

21

ene.

vi.

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ene.

sá.

23

ene.

do.

24

ene.

Sábado 32º Semana Ordinario 4º de salterio

Santa Margarita, Santa Gertrudis.

Primera lectura: 3 Juan 5-8

Debemos sostener a los hermanos, para hacernos colaboradores de la verdad.
 


Salmo: 111, 1-2. 3-4. 5-6

R/. Feliz quien venera al Señor.
 


Evangelio: Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús les contó una parábola a sus discípulos para enseñarles que debían orar en cualquier circunstancia, sin jamás desanimarse. Les dijo:
—Había una vez en cierta ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a persona alguna.
Vivía también en la misma ciudad una viuda que acudió al juez, rogándole: «Hazme justicia frente a mi adversario».
Durante mucho tiempo, el juez no quiso hacerle caso, pero al fin pensó:
«Aunque no temo a Dios ni tengo respeto a nadie, voy a hacer justicia a esta viuda para evitar que me siga importunando. Así me dejará en paz de una vez».

El Señor añadió:
—Ya han oído ustedes lo que dijo aquel mal juez. Pues bien, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche? ¿Creen que los hará esperar? Les digo que les hará justicia enseguida. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿aún encontrará fe en este mundo?

 


Reflexión:

Jesús invita a la oración perseverante y confiada. Algunos, considera dos cristianamente adultos, minusvaloran la oración de petición, argu mentando que Dios ya sabe de qué tenemos necesidad. Jesús también lo sabía, y lo dijo (Mt 6,7), pero no está contra la petición sino contra la palabrería. Nos enseñó su oración paradigmática, el Padre nuestro, que es una oración de petición. Y subrayó: “Cuando oréis, orad así” (Mt 6,9).
El problema no está en la oración de petición, sino en el tipo de peticiones que formulamos -¿son los del Padre nuestro?-, y en cómo accedemos a ella: ¿enfrentados o reconciliados?- “
Si al presentar tu ofrenda… (Mt 5,23-24)”. La Carta de Santiago advierte: “Pedís y no recibís, porque pedís mal”. ¿Cuántas oraciones no están invalidadas ya en su punto de partida, y por lo mismo son imposibles? ¿Tenemos la suficiente fe para orar así? Aprendamos de la viuda perseverante.
 


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