Izquierda

lu.

11

ene.

ma.

12

ene.

mi.

13

ene.

ju.

14

ene.

vi.

15

ene.

sá.

16

ene.

do.

17

ene.

Jueves Después de Ceniza 4ª semana de salterio

San Faustino, San Claudio de la Colombière

Primera lectura: Deuteronomio 30, 15-20

Mira: yo os propongo hoy bendición y maldición.
 


Salmo: 1, 1-2. 3. 4 y 6

R/. Feliz quien ha puesto en el Señor su confianza.
 


Evangelio: Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—El Hijo del hombre tiene que sufrir mucho; va a ser rechazado por los ancianos del pueblo, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley que le darán muerte; pero al tercer día resucitará.
Y añadió, dirigiéndose a todos:
—Si alguno quiere ser discípulo mío, deberá olvidarse de sí mismo, cargar con su cruz cada día y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que entregue su vida por causa de mí, ese la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si él se pierde o se destruye a sí mismo?

 


Reflexión:

Al inicio de la Cuaresma Jesús hace una propuesta de vida. Y esa propuesta es su seguimiento, que tiene implicaciones serias pero salvadoras. Exige renunciar a la egolatría, para poner a Dios en el centro. Pero Dios no desplaza; Dios resitúa a las personas y las cosas. Amar a Dios sobre todas las cosas, no empobrece ni hipoteca el amor ni las cosas, lo enriquece y las enriquece, purifica y dignifica. Abrazar la cruz no es una llamada al dolorismo, sino al realismo cristiano, porque “el discípulo no es más que su maestro; ya le basta con ser como su maestro” (Mt 10,24-25). No podemos ser cristianos por un camino distinto, porque no hay otro Camino (Jn 14,6). ¿Estamos capacitados para comprender y asumir esta propuesta? En ella, es verdad, subyace un planteamiento de “cruz”, nada contemporizador, pero salvador. La Cuaresma puede ser una buena oportunidad para pensarlo.
 


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