Izquierda

lu.

18

ene.

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19

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ene.

ju.

21

ene.

vi.

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ene.

sá.

23

ene.

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24

ene.

Lunes de la III semana de Adviento

San Juan de La Cruz

Primera lectura: Núm 24,2-7. 15-17a.

En aquellos días, Balaán, tendiendo la vista, divisó a Israel acampado por tribus. El espíritu de Dios vino sobre él, y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, que contempla visiones del Poderoso, que cae y se le abren los ojos: ¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob, y tus moradas, Israel! Como vegas dilatadas, como jardines junto al río, como áloes que plantó el Señor o cedros junto a la corriente; el agua fluye de sus cubos, y con el agua se multiplica su simiente. Su rey es más alto que Agag, y descuella su reinado.

Y entonó sus versos: «Oráculo de Balaán, hijo de Beor, oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso, que cae en éxtasis y se le abren los ojos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 24,4-5a. 6-7cd. 8-9.

R/. Señor, instrúyeme en tus sendas.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque Tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.


Evangelio: Mt 21,23-27.

En aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?». Jesús les replicó: «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?». Ellos se pusieron a deliberar: «Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta». Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Él, por su parte, les dijo: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Los dirigentes religiosos, sorprendidos, preguntan a Jesús con qué autoridad actuaba. No supieron leerle a él ni al Bautista. No sabían descifrar los signos de Dios en la historia. Jesús, en el fondo, estaba actuando según el esquema profético: reivindicando la dignidad del Templo (Is 56,7; Jer 7,11) y curando las dolencias del pueblo (Is 35,5-6). Y además, tenían miedo a la verdad. Jesús deja en evidencia su cobardía y falta de sinceridad. Reconocen la autoridad de Jesús, pero no sabían explicarla. Olvidaban que el bien solo tiene un origen: el Sumo Bien. Sus “prejuicios” les cegaban. Quizá también nosotros, por temor, silenciamos nuestro pronunciamiento nítido por Jesucristo, olvidando que él se declarará a favor de quien se declare por él ante los hombres, pero negará a quien le niegue delante de los hombres (Lc 12,8-9).


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