Miércoles de la XXVIII semana del tiempo ordinario
San Calixto
Primera lectura: Gál 5,18-24.
Hermanos: Si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6.
R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/
Evangelio: Lc 11,42-46.
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!». Le replicó un maestro de la ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros». Y él dijo: «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!
Palabra del Señor.
Reflexión:
Estos “ayes” no debieran dejarnos indiferentes, porque son contra la falta de discernimiento, contra la vanidad, la hipocresía y la incoherencia en la vida. El virus fariseo que denuncian quizá lo llevemos inoculado en nuestras venas, aunque camuflado, y para inmunizarse ante él, la primera tarea es descubrirlo. Jesús denuncia la exterioridad, camuflaje para ocultar la dureza de corazón, la hipocresía existencial y la vanidad. Sí, estos “Ay” son también para nosotros, expuestos predicar lo que no practicamos y al legalismo exteriorista; a contentarnos con pagar “la cuotas”, olvidando la justicia y el amor; a ocupar un “puesto” en la iglesia, pero no a sentirnos iglesia; porque camuflamos nuestra “mentira” con una máscara cosmética… Y, a veces, si se nos recuerda esto, nos ofendemos, como los doctores de la ley (Lc 11,45).