Martes de la XXVIII semana del tiempo ordinario
San Eduardo, Beato Onorato Kozminski
Primera lectura: Gál 5,1-6.
Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud. Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada. Y vuelvo a declarar que todo aquel que se circuncida está obligado a observar toda la ley. Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia. Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe; porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 118, 41. 43. 44. 47. 47. 48.
R./ Señor, que me alcance tu favor.
Señor, que me alcance tu favor.
tu salvación según tu promesa. R./
No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos.R./
Cumpliré sin cesar tu ley,
por siempre jamás. R./
Andaré por un camino ancho,
buscando tus mandatos. R./
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo. R./
Levantaré mis manos hacia tus decretos, que tanto amo,
y recitaré tus mandatos. R./
Evangelio: Lc 11,37-41.
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Estas palabras de Jesús contra los fariseos y maestros son respuestas a la crítica que le hacen por no observar las prescripciones sobre las abluciones antes de las comidas: de no lavarse las manos, de comer con manos manchadas. Sí, Jesús se las “manchaba” tocando a los leprosos, endemoniados, enfermos y féretros; tocando el dolor y el barro humanos. Pero ese es el mejor modo de tenerlas limpias. Porque manos limpias no equivale a manos vacías sino “limpias de ira y altercados” (1 Tim 2,8). Hay purezas “impuras”. Pilato también se las lavó, tras condenar a Jesús. Las manos y el corazón deben estar en perfecta sintonía, en perfecta comunión. Jesús advierte de la “doble vida” y denuncia el formalismo hipócrita y la vanidad de los fariseos que, como los sepulcros adecentados, ocultan la podredumbre del corazón.