Izquierda

lu.

15

mar.

ma.

16

mar.

mi.

17

mar.

ju.

18

mar.

vi.

19

mar.

sá.

20

mar.

do.

21

mar.

Miércoles Ordinario 32ª Semana 4ª de Salterio

San Millán de la Cogolla, SAn Josafat.

Primera lectura: Sab 6,1-11;

Escuchad, reyes, y entended; aprended, gobernantes de los confines de la tierra. Prestad atención, los que domináis multitudes y os sentís orgullosos de tener muchos súbditos: 3el poder os viene del Señor y la soberanía del Altísimo. Él examinará vuestras acciones y sondeará vuestras intenciones. 4Porque, siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni actuasteis según la voluntad de Dios. Terrible y repentino caerá sobre vosotros, porque un juicio implacable espera a los grandes. Al más pequeño se le perdona por piedad, pero los poderosos serán examinados con rigor. El Dios de todo no teme a nadie, ni lo intimida la grandeza, pues él hizo al pequeño y al grande y de toda cuida por igual, pero a los poderosos les espera un control riguroso. 9A vosotros, soberanos, dirijo mis palabras, para que aprendáis sabiduría y no pequéis. Los que cumplen santamente las leyes divinas serán santificados, y los que se instruyen en ellas encontrarán en ellas su defensa. Así, pues, desead mis palabras; anheladlas y recibiréis instrucción. 


Salmo: Sal 81,3-4. 6-7;

R/. Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra.

«Protejan al desvalido y al huérfano, hagan justicia al humilde y al necesitado, defiendan al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable». /R.

Yo declaro: «Aunque sean dioses, e hijos del Altísimo todos, morirán como cualquier hombre, caerán, príncipes, como uno de tantos». /R.


Evangelio: Lc 17,11-19.

En aquel tiempo, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».


Reflexión:

En los caminos Jesús se encontró con  los múltiples rostros de la vida y de la muerte. La escena de este relato es significativa: se trata de un grupo de leprosos judíos y samaritanos, hermanados en el ecumenismo de la desgracia y de la marginación.  Jesús les escucha y les remite a “regular” su situación. Y ellos, aún leprosos, emprendieron el camino confiando en su palabra. Y quedaron curados. Pero solo uno volvió para dar gracias. Y esto sorprendió a Jesús, que solo uno, un samaritano, volviera a dar gloria a Dios. Y lo destacó.  Aquel hombre, además de “curado”, resultó “salvado” por la fe. ¿Cuántas veces no nos  ocurre a nosotros olvidar la gratitud? Jesús fue agradecido y valoró la gratitud. “En todo dad gracias, porque esta es la voluntad de dios sobre vosotros” (I Tes 5,18).


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