Martes de la XIX semana del tiempo ordinario
Santa Clara
Primera lectura: Os 2,14b.15b.19-20.
Las convertiré en selva, las devorará el animal salvaje. Ataviada con su anillo y su collar, corría detrás de sus amantes, y a mí, me olvidaba» —oráculo del Señor— Apartaré de su boca los nombres de los baales, y no serán ya recordados por su nombre. Aquel haré una alianza en su favor, con las bestias del campo, con las aves del cielo, y los reptiles del suelo. Quebraré arco y espada y eliminaré la guerra del país, y haré que duerman seguros.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 44,11-12.14-15.16.
R/. Escucha, hija, mira: inclina el oído
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R/.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras. R/.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.» R/.
Segunda lectura: 2 Cor 4,6-10.16-18.
Pues el Dios que dijo: Brille la luz del seno de las tinieblas ha brillado en nuestros corazones, para que resplandezca el conocimiento de la gloria de Dios reflejada en el rostro de Cristo. Pero llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria, ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Palabra de Dios.
Evangelio: Jn 15,4-10.
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Celebramos hoy la fiesta de santa Clara, una de las figuras femeninas que más profunda huella ha dejado en la historia de la Iglesia. Nacida en Asís (1194), muy pronto quedó prendada del proyecto renovador de Francisco -vivir el santo Evangelio-, convirtiéndose en amiga, confidente y apoyo del santo, en su “plantita”. Fundadora de la Hermanas Pobres (Clarisas), santa Clara, ha sido y es fuente inspiradora y luminosa del movimiento franciscano. El Evangelio de la misa de este día habla de la necesaria vinculación a Cristo, vid verdadera, vitalizadora y fecunda, que invita a permanecer en él y en sus palabras; en definitiva a permanecer en su amor. Es la plataforma existencial que propone Jesús, y la que escogió Clara para sí y sus Hermanas, haciendo de la pobreza evangélica su tesoro.