Lunes de la XIX semana del tiempo ordinario

San Lorenzo

Primera lectura: 2 Cor 9,6-10.

Hermanos: el que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría. Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y en todo, os sobre para toda clase de obras buenas. Como está escrito: Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente. El que proporciona semilla al que siembra y pan para comer proporcionará y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 111, 1b-2. 5-9.

R/. Dichoso el que se apiada y presta.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R/.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo. R/.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R/.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante,
sin falta, y alzará la frente con dignidad. R/.


Evangelio: Jn 12,24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

Palabra del Señor.


Reflexión:

La fiesta de san Lorenzo, diácono y mártir, recuerda dos dimensiones esenciales del seguimiento cristiano: el servicio de la caridad y el testimonio de la fe. Es lo que hizo san Lorenzo: entregar su vida por Cristo, por amor, y servir a los pobres de la iglesia de Roma, sus verdaderas “riquezas”. En él se cumplen las palabras del texto evangélico elegido para la eucaristía del día de hoy. San Lorenzo siguió a Jesús en su muerte, fecunda, pues el que la entrega por amor la gana para siempre, y sirviéndolo en su vida. Las palabras del Señor son infalibles: “Si alguno me sirve, el Padre le premiará”. Y ¿cómo lo hizo san Lorenzo? Sirviendo a los pobres, pues “lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos, lo hicisteis conmigo” (Mt 25,40).


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