Izquierda

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feb.

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feb.

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Viernes Tiempo de Navidad 2ª de Salterio

San Nicador

Primera lectura: 1 Jn 4,19-5,4;

Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.

Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. 


Salmo: Sal 71,1-2.14 y 15bc.17;

A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre. Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame.

Yo, en cambio, seguiré esperando, redoblaré tus alabanzas;

mi boca contará tu justicia, y todo el día tu salvación, aunque no sepa contarla.

Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas;


Evangelio: Lc 4,14-22a.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?».


Reflexión:

Jesús desgrana su programa, y lo hace asumiendo el programa de Dios.  La lectura del texto de Isaías resultó impresionante y, además, es modelo de lectura: personaliza, radicaliza y recrea la palabra de Dios. Una lectura que ya desde el principio resultó polémica y conflictiva. Jesús presenta un programa positivo: su tarea no es apagar el pábilo vacilante ni quebrar la caña cascada. Él es portador de buenas noticias y de buenas obras. Es su cartel de presentación. Es el hombre invadido por el Espíritu, regenerador de la existencia. Y quien tiene el Espíritu de Dios solo puede actuar así, porque Dios es amor. En él se cumple la Escritura. Es el Hoy de Dios (cf Heb 1,1). Y “si escucháis, en ese Hoy,  la voz del Señor, no endurezcáis el corazón” (Sal 95,7-8).


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