Sábado de la XVIII semana del tiempo ordinario
Sto. Domingo
Primera lectura: 2 Tim 4,1-5.
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y a muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 36,3-4. 5-6. 30-31.
R/. El Señor es quien salva a los justos
Confía en el Señor y haz el bien:
habitarás tu tierra y reposarás en ella en fidelidad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R/.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía. R/.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano. R/.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra, los libras de los malvados
y los salva porque se acogen a él. R/.
Evangelio: Mt 5,13-16.
Jesús les dice a los discípulos: Vosotros sois la Sal de la tierra. Pero si la Sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Sazonar e iluminar la vida desde los criterios del evangelio fue la tarea de Domingo de Guzmán, amigo de Francisco de Asís. Cuatro rasgos, cuatro amores, destacan en su vida. Amor a la palabra de Dios: la estudió, la predicó y, sobre todo, la oró y la vivió. Amor a la Iglesia. Domingo fue un hijo fiel de la Iglesia, en momentos nada fáciles. Amor a los pobres. La escucha de la palabra de Dios no le impedía oír el clamor de los pobres, hasta decidir venderse él como esclavo para rescatar a un esclavo. Al no tener limosna, él se hace limosna. Y amor a la Virgen María. A él se vincula la devoción del santo Rosario como instrumento de evangelización. Amores que se convierten en propuestas hoy para nosotros.