Lunes de la X semana del tiempo ordinario

San Solustiano, Beato Nicolás de Gésturi

Primera lectura: 1 Re 17,1-6.

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «Vive el Señor, Dios de Israel, ante quien sirvo, que no habrá en estos años rocío ni lluvia si no es por la palabra de mi boca». La palabra del Señor llegó a Elías diciendo: «Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit, frente al Jordán. Habrás de beber sus aguas y he ordenado a los cuervos que allí te suministren alimento». Fue a establecerse en el torrente de Querit, frente al Jordán, procediendo según la palabra del Señor. Los cuervos le llevaban pan y carne por la mañana y lo mismo al atardecer; y bebía del torrente.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 120, 1bc-2. 3-4. 5-6. 7-8.

R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor.
que hizo el cielo y la tierra. R/.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R/.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R/.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R/.


Evangelio: Mt 5,1-12.

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor.


Reflexión:

Cual nuevo Moisés, Jesús sube al monte a proclamar su “Decálogo”. Si no lo hubiera dicho Jesús nos parecerían una locura; pero son palabras suyas y, sobre todo, su vida. Él fue pobre (Mt 8,20), manso y humilde (Mt 11,29), tuvo hambre y sed de pan y agua (Mt 4,2; Jn 4,7; 19,28) y de justicia (Lc 4,18), lloró (Lc 19,41; Jn 11,35), fue misericordioso (Mt 9,13), construyó la paz (Jn 14,27; Ef 2,14), fue perseguido y murió por la causa del Reino de Dios (Lc 23, 44-46). Las bienaventuranzas son una radiografía de su interior, no un sermón improvisado; se encuentran al inicio (Lc 4,16ss; Mt 5,2ss), en el centro (Mt 11,2-6) y al final de su vida (Mt 25,31ss). Son su antropología y su teología, espejo para ver a Dios, a Jesús y para vernos.


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