Viernes de la XXXI semana del tiempo ordinario
Beatos Aurelio de Vinalesa, Federico de Berga y LXX compañeros mártires
Primera lectura: Fl 3,17- 4,1.
Hermanos, sed imitadores míos y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque —como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos— hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 121, 1bc-2. 3-4ab. 4cd-5.
R/. Vamos alegres a la casa del Señor
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.
Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.
Evangelio: Lc 16,1-8.
En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”. El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él dijo: “Cien fanegas de trigo”. Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”. Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
Palabra del Señor.
Reflexión:
Dirigiéndose a los discípulos, Jesús no alaba la actitud fraudulenta del servidor, ni sus opciones concretas, sino la capacidad para gestionar el momento difícil en que se encuentra, invitando a ser “astutos”, prudentes y sencillos (Mt 10,16), imaginativos y audaces, porque el discípulo de Jesús ha de competir en un mundo difícil, y debe vivir consciente de ello (Jn 16,33). Se necesitan “reflejos” para reaccionar con lucidez. Y Jesús es quien aporta esa LUZ. Advierte y exhorta a los hijos de la luz de la necesidad de saber interpretar el presente según los criterios de su Luz; a no ser incautos ante los hijos de las tinieblas, a transformar las realidades negativas en positivas. La conclusión es clara: no hay que sentarse a lamentar los problemas; hay que buscar soluciones. Y Jesús es la solución: “Aprended de mí”.