Miércoles de la II semana de Cuaresma

San Casimiro

Primera lectura: Jer 18,10-20.

Pero resulta que ese pueblo hace lo que me parece mal y no me escucha, entonces también yo desistiré del bien que había pensado hacerle. Así que di a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén: “Esto dice el Señor: Yo soy el alfarero, y estoy dando forma a una desgracia y urdiendo un plan contra vosotros. Que cada cual abandone su mala conducta y mejore su proceder y sus acciones”. Pero seguramente te dirán: “De eso nada. Seguiremos haciendo lo que nos hemos propuesto, actuaremos según nuestro perverso y obstinado corazón”». Pues bien, esto dice el Señor: «Preguntad por tierras de gentiles quién escuchó cosa igual: algo espantoso ha cometido la doncella, capital de Israel. ¿Faltará en los riscos escarpados la nieve que cae sobre el Líbano? ¿Se agotarán las aguas crecidas, las aguas frescas y corrientes? Pues bien, mi pueblo me ha olvidado y ofrece incienso a una nada. Tropiezan en sus caminos, en los senderos de siempre, y se aventuran por sendas, por caminos no allanados; y así desuelan su tierra, objeto de burla eterna; todo el que pase se espantará, se burlará moviendo la cabeza. Como viento solano los aventaré delante del enemigo; volveré la espalda por no verlos el día de la desgracia». Ellos dijeron: «Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos». Hazme caso, Señor, escucha lo que dicen mis oponentes. ¿Se paga el bien con el mal?, ¡pues me han cavado una fosa! Recuerda que estuve ante ti, pidiendo clemencia por ellos, para apartar tu cólera.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 30,5-6. 14-16.

R. ¡Sálvame, Señor, por tu misericordia!
Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos:
Tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Oigo los rumores de la gente
y amenazas por todas partes,
mientras se confabulan contra mí
y traman quitarme la vida. R.

Pero yo confío en ti, Señor, y te digo:
“Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos”.
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen. R.


Evangelio: Mt 20,17-28.

Mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer resucitará». Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.


Reflexión:

Dice el Señor: Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos” (Is 55,8). Y así le ocurría también a Jesús con sus discípulos: pensaban a lo humano, no como Dios (Mt 16,23). Mientras Jesús pensaba y vivía en clave de servicio, ellos lo hacían en clave de autoservicio; mientras él caminaba por el camino de la entrega, ellos caminaban por el del privilegio. ¡Vías paralelas y contrarias! “¡No sabéis lo que pedís!”. Jesús no les ofrece privilegios, sino beber de su “cáliz”, y ante la respuesta afirmativa de los dos hermanos, les clarifica cuál es su contenido. Y al resto les clarifica el camino por el que han de caminar si quieren seguirle, un camino alternativo al del mundo, el camino del servicio fraterno, su camino.


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