Jueves de la I semana de Adviento
San Francisco Javier
Primera lectura: Is 26,1-6.
Aquel día, se cantará este canto en la tierra de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes. Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua. Doblegó a los habitantes de la altura, a la ciudad elevada; la abatirá, la abatirá hasta el suelo, hasta tocar el polvo. La pisarán los pies, los pies del oprimido, los pasos de los pobres».
Palabra de Dios.
Salmo: Sal 117,1.8-9. 19-21. 25-27a.
R/. Bendito el que viene en Nombre del Señor.
Den gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes. R/.
Ábranme las puertas de la salvación,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. R/.
Señor, danos la salvación; Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en Nombre del Señor,
los bendecimos desde la casa del Señor.
El Señor es Dios, él nos ilumina. R/.
Evangelio: Mt 7,21. 24-27.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».
Palabra del Señor.
Reflexión:
¿De qué bando somos del de los que solo dicen: Señor, Señor, o del de los que cumplen la voluntad del Padre? ¿Del de los del “voy, pero no van?” (Mt 21,28-32)? ¿Sobre qué edificamos la vida?, ¿sobre roca o sobre arena?, ¿con obras o con palabras? San Pablo advertirá también de los riesgos de una de una edificación equivocada: “Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. Y si uno construye sobre el cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, hierba, paja, la obra de cada uno quedará patente” (1 Cor 3,5-11). Él es la piedra angular (Ef 2,20), y cada uno está llamado a integrarse en esa edificación como piedra viva (1 Pe 2,4-5). Hay que “construir” sobre roca sólida y con materiales de calidad.