Lunes de la XXXI semana del tiempo ordinario

Conmemoración de los Fieles Difuntos

Primera lectura: Rom 6,3-9.

Hermanos: los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado; porque quien muere ha quedado libre del pecado. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.


Salmo: Sal 129, 1b-2. 3-4.

R/. Desde lo hondo a ti grito, Señor.
Desde lo hondo a Ti grito,
Señor; Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿Quién podrá resistir? Pero de Ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela aurora. R/.

Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa. R/.


Evangelio: Jn 14,1-6.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Palabra del Señor.


Reflexión:

Si ayer nos encomendábamos a Todos los Santos de toda lengua, pueblo y nación; hoy encomendamos al Señor a todos los Fieles difuntos, de toda lengua, pueblo y nación, especialmente a los más cercanos a nosotros. Un día para pensar la muerte. Morir y vivir son dos verbos que todos hemos de conjugar en primera persona y en sus distintos tiempos y modos. Verbos dialécticos, que se reclaman mutuamente, y cada uno verá cómo los conjuga. Esto debería enseñarnos a vivir intensamente; a no idolatrar la vida, sino a vivirla entregándola, sembrándola en otras vidas. Ser inmortal no es “perdurar” indefinidamente sino radicar la vida en el Amor, que es Dios, y en su amor a él y al prójimo. El que entrega su vida por amor, la gana para siempre. El amor es la raíz de la inmortalidad.


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