Izquierda

lu.

25

ene.

ma.

26

ene.

mi.

27

ene.

ju.

28

ene.

vi.

29

ene.

sá.

30

ene.

do.

31

ene.

Lunes Pascua 7ª Semana 3ª de Salterio

San Félix de Nicosia (M), San Pedro, San Marcelino.

Primera lectura: Hch 19,1-8;

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí
encontró unos discípulos y les preguntó:
—«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?»
Contestaron:
—«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo.»
Pablo les volvió a preguntar:
—«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?»
Respondieron:
—«El bautismo de Juan.»
Pablo les dijo:
—«El bautismo de Juan era signo de conversión, y él decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús.»
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses habló en público del reino de Dios, tratando de persuadirlos.


Salmo: Sal 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab;

R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios (o bien: Aleluya).
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos, huyen de spresencia los que lo odian; como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios. R/.
En cambio, los justos se alegran, gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría. Cantad a Dios, tocad en su honor, su nombre es el Señor. R/.
Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada. Dios prepara casa a los desvalidos, libera a los cautivos y los enriquece. R/.


Evangelio: Jn 16,29-33.

En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
—«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»
Les contestó Jesús:
—«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»


Reflexión:

Los discípulos creían que lo habían entendido todo, y no habían entendido nada. Aquello era un fervor pasajero. Les faltaba el control de calidad, la cruz. Y cuando esta se produjo, surgió la desbandada. Pero esto, si apena a Jesús, no le sorprende. Él no está ni estará solo: la unión con el Padre es su fortaleza. Pero, ¿no le abandonó en la cruz?  No; allí lo experimentó con particular intensidad: “Padre a tus manos encomiendo mi espíritu”. Jesús les inyecta a los discípulos una dosis de realismo: “En el mundo tendréis luchas”, pero, también les conforta. El seguimiento implica asumir su mensaje y sus modos. La experiencia mística, de comunión profunda y verdadera con Jesús, como la de Jesús con el Padre, es imprescindible para mantener esa lucha. Saber esto debe ser fuente de paz.


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