Izquierda

lu.

15

mar.

ma.

16

mar.

mi.

17

mar.

ju.

18

mar.

vi.

19

mar.

sá.

20

mar.

do.

21

mar.

Lunes 1ª Semana Tiempo Pascual

San Hugo, San Venancio

Primera lectura: Hechos 2, 14. 22-32

A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
 


Salmo: 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11

R/. Dios, protégeme, que en ti confío.
 


Evangelio: Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se alejaron rápidamente del sepulcro y, asustadas pero al mismo tiempo llenas de alegría, corrieron a llevar la noticia a los discípulos.
En esto, Jesús les salió al encuentro y las saludó; ellas abrazaron sus pies y lo adoraron. Jesús entonces les dijo: —No tengan miedo. Vayan a llevar la noticia a mis hermanos. Díganles que se dirijan a Galilea; allí podrán verme.
Mientras las mujeres iban de camino, algunos soldados de la guardia se fueron a la ciudad y comunicaron a los jefes de los sacerdotes lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos del pueblo, y entre todos acordaron sobornar a los soldados para que dijeran que los discípulos de Jesús habían robado el cuerpo durante la noche, mientras la guardia dormía. Aseguraron además a los soldados que los librarían de toda responsabilidad si el asunto llegaba a oídos del gobernador. Los soldados tomaron el dinero e hicieron como se les había indicado. Y esta es la versión de lo sucedido que siguen dando los judíos hasta el día de hoy.

 


Reflexión:

Frente a la teoría del “secuestro”, como cristianos hemos de mostrar que no hubo secuestro y, sobre todo, que no lo hemos secuestrado nosotros. Al contrario, que somos testigos de que ha resucitado a la vida. Hemos de preocuparnos no de mostrar sepulcros vacíos sino espacios llenos de frutos de resurrección: paz, perdón, verdad, amor. Hay muchas formas, y muy sutiles de silenciar el anuncio de la resurrección, incluso cantando aleluyas. El testimonio de la resurrección de Cristo ha de concretarse en actitudes y opciones existenciales, encarnadas en la vida. “Alegraos” y “no tengáis miedo” son las primeras palabras del Resucitado a las mujeres. Dos palabras programáticas; dos palabras que hoy necesitamos para no sucumbir ante los retos de la vida. Dos palabras que hemos de interiorizar, haciéndolas vida propia, y que hemos de exteriorizar con la propia vida.
 


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