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El Hijo Pródigo

El Hijo Pródigo

En San Lucas 15,11 se narra la parábola  que se ha fijado con el nombre del Hijo Pródigo. Podría llamarse con toda propiedad la Parábola del Padre Bueno. Cabe pensar que Jesús al proponer esta parábola está pensando ni más ni menos que en describir la actitud de Dios Padre.

Paremos mientes en torno a este Padre. Parece desconcertante desde el primer momento de la narración. Tiene dos hijos, el menor le dice sin rodeos:
-Padre, dame la parte de herencia que me corresponde,--  Y el padre sin más, sin regateos, sin pedir cuentas, sin dar ninguna instrucción les repartió la hacienda.

Pocos días después el más joven juntando todo lo suyo se marchó a lejanas tierras y allí disipó toda su fortuna “viviendo perdidamente”. Se resume aquí un periodo de tiempo que no conocemos y se dan unas situaciones invivibles. “Vino hambre por aquella región”, las vacas flacas, la crisis aguda. El mozo encuentra una salida: ponerse a trabajar can algún potentado de la región. El trabajo que encontró no fue ni grato ni rentable: guardar cerdos. Para un judío incluso denigrante.
Los cerdos tienen buen olfato para descubrir las bellotas maduras apenas caen de la encina. Antes que el joven, las comía los cerdos.

El mozo “empezó a sentir necesidad” El texto dice que volviendo en sí,-- quien vuelve es porque antes se ha ido, no de casa sino de si mismo, de su ser auténtico.
Aparece en él un pensamiento forzado por la necesidad y por el vacío existencial:

“Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí me muero hambre. Me levantaré, iré a mi padre”

Incluso piensa en el discurso que  le va ha de decir  cuando se encuentre con su padre, que no hará falta porque su padre lo dejará ni siquiera hablar. A partir de aquí sigue la figura y la actitud desconcertante del padre que le esperaba, que le ha salido al encuentro, que se ha  conmovido profundamente, que le abraza y se lo come a besos. Según nuestros esquemas mentales tal vez pensamos que hubiera sido más justo otro tipo de recibimiento:

– Desgraciado, ¡así vienes!  ¿no te di lo tuyo?, si lo has malgastado recupéralo con tu trabajo, holgazán, ¿ahora vuelves a mí?-- También estas  respuestas se podían  esperar: pero no se dan. Tal vez hubiera sido las nuestras. El proceder del padre no fu así.

– Pronto. TAJI, dijo el Padre. Y siguió e un aluvión de atenciones: calzado, vestido, anillo, alimento, fiesta hasta matar el ternero cebado para celebrar la fiesta. El ternero, sí, no había supermercado, no había congelador. Cabe destacar que el hijo derrochador acepta las atenciones del Padre.


No dice:-- Padre, que te estás pasando. Yo sólo quería  alimento y trabajo.
       
Conocemos también la actitud del hijo mayor.  No quiere ni tomar parte en la fiesta. Se lo come el resentimiento no sabemos si por dureza o por envida.
El hijo mayor representa  a la crema del pueblo judío, los escribas, fariseos y demás conocedores de la ley y oprimidos por infinidad de preceptos. El padre le puede apostrofar:
– Hijo, tú estás siempre con migo y todo lo mío es tuyo.--  Este hijo no ha sabido, no ha sido capaz de alegarse con el padre ni con sus bienes.

Hasta aquí el cuerpo del relato; pero a partir de esta situación se abre un campo inmenso a la reflexión. En el momento actual y en la Historia percibimos situaciones humanas que nos desconciertan. A título de ejemplo, la esclavitud  de los africanos, algunos procederes de los cristianos en las Cruzadas, el proceder de los nazis, el proceder actual del llamado Estado Islámico, El avión de los Alpes y largo etc... No es extraño oír una profunda queja:¿Por qué Dios permite eso?

El padre de la parábola ofrece un tipo de respuesta: Si este padre representa a Dios, Dios mismo deja en absoluta libertad a las personas. Haz lo que quieras.

Así de claro y así de duro. La orientación para el comportamiento humano tendrá que arrancar de la conciencia moral de la humanidad de la que no podemos prescindir jamás. En la Historia del pueblo de Israel está la voz constante de los profetas denunciando y anunciando el camino del bien. En el Nuevo Testamento está el testimonio de Jesucristo, El Enviado, que es modelo y norma para la Humanidad.
Lo lamentable es que de Jesús y  de su mensaje en gran parte hacemos caso omiso.

Según el proceder del Padre de la parábola, Dios deja obrar libremente al hombre.

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Pedro José Benages OFMCap:

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