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20/09/2016 Papa: La guerra es una vergüenza, en Asís rezamos al “Dios de paz”

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Salve Regina Los Capuchinos Vasco-Navarros y la música en el Siglo XX -Vol 3
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Un día con el Padre Pío...

Acompañado por sus hermanos capuchinos, el Padre Pío vivía jornadas muy largas, como muestra este video datado en los años 1950. El santo trabajaba hasta 19 horas diarias en su iglesia. En total se estima que unos 20 millones de fieles asistieron a sus misas, y unos 5 millones se confesaron con él.

El 22 de septiembre de 1968, el capuchino celebró la misa solemne del cincuentenario de sus estigmas, sobre los que se expresó así: “Cincuenta años de vida religiosa, cincuenta años clavado en la cruz, cincuenta años de fuego que devora para ti, Señor, para los seres que tú has redimido”. La misma tarde, recibió la unción de enfermos y se fue unas horas más tarde, a las 2,30h de la madrugada el 23 de septiembre de 1968.

(Arthur Herlin)

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Carmen Cabrillo es coordinadora del Proyecto Afrique

Carmen Cabrillo García, es madrileña, la mayor de dos hermanas. Aprendió de su padre la pasión por las cosas en las que cree y de su madre lo que sabe sobre "acoger", "querer" y cuidar mucho lo que significa ser mujer en este mundo. "Ellos quisieron que me formara con “las de Vedruna” y con “los Jesuitas” donde experimenté lo que significa ser parte de una familia mucho más amplia porque todos y todas estamos sostenidos por un Amor más grande, y el dolor al comprobar la injusticia bajo la que viven tantos partes de este súper familión que somos los humanos", nos dice. 

Estudió psicología, quería aportar mi granito de arena, y allí se enteró que sólo desde el conocimiento y el contacto con al menos un parte de su fragilidad podría aportar algo. A día de hoy está muy vinculada con el barrio de Lavapiés, con sus gentes, sus luchas y su manera de aportar a la construcción de un mundo distinto.

Carmen, ¿Qué trabajos has desarrollado en el tema social?
He estado vinculada al “tema social” desde muy jovencita a través de diferentes espacios y experiencias relacionadas con el mundo de la exclusión: mujeres en prisión, niños y niñas en situación de vulnerabilidad social, personas en situación de calle, drogas…acompañamiento de personas en fases terminales de SIDA…
Ya siendo adulta comencé a trabajar en pisos de reinserción y después como psicóloga de un centro para personas en situación de calle. 

¿Cómo entras en contacto con los capuchinos?
Fue a través de Afas. Hace dos años un grupo grande de chicos subsaharianos llegó a Madrid y no tenían sitio donde vivir. Uno de los chicos, de los más jóvenes, estaba desesperado. En un cumpleaños, donde también fue este chico, conocí a David que trabaja en la residencia de menores de El Pardo y él en seguida se acordó el piso que tenía Afas. A las pocas semanas este amigo camerunés pasó a vivir allí. Y así comencé “esta relación”.

¿En qué consiste tu trabajo en el proyecto Afrique?
Hago un poco de todo y eso oficialmente se llama llevar la coordinación del proyecto. Desde el Programa Afrique se acoge a gente recién llegada, se les ofrece un espacio de encuentro y descanso, orientaciones para poderse manejar por Madrid a todos los niveles, diferentes actividades que sobre todo realizan voluntarios y voluntarias. Intentamos dar respuestas a las necesidades más fundamentales y acompañar procesos a medio plazo. Me gustaría pensar que ofrecemos un espacio de referencia y seguridad, y por qué no decirlo, de cuidado y amor. Este pupurri es lo que yo coordino. 

¿Qué es lo que más te atrae de este proyecto?
Que me ofrece la posibilidad de acompañar a personas, procesos de vida, llenos de fuerza luchando por conseguir sus sueños. 

¿Cómo ves la situación de las personas que atiendes?
La situación es muy complicada. El viaje, la aventura como ellos lo nombran, es un camino muy duro y en el que, además de otras muchas cosas, hay mucho sufrimiento. La llegada a Europa lejos de ser lo que mucha gente esperaba es una lucha constante por la supervivencia y la dignidad.
Las políticas de fronteras, de extranjería, de acogida, no sólo no cuidan ni protegen a las personas, muchas veces de hecho hacen lo contrario, priorizan lo que llaman la seguridad y el control. Al fin al cabo el capital. Hay mucho dinero y mucho negocio alrededor de todo esto que llaman las fronteras. Las personas están lejos de ser el centro. 

¿Qué dificultades tienen?
Para mí las dificultades fundamentales son las institucionales, las legales o políticas, no sé cómo llamarlas. Residir en un lugar, donde aportas tu presencia, tus saberes…todo lo que tú traes…y que no se te reconozcan los derechos mínimos de ciudadanía, que no se te reconozca como ciudadano y ciudadana, es para mí uno de los problemas fundamentales ya que sólo genera dificultades en la vida de las personas. Desde el acceso a los derechos más básicos en cualquier vida humana, como a la percepción de uno mismo, como a la percepción del resto de la sociedad…
Hay que estar muy fuerte y muy acompañado para que no te acabes creyendo el mensaje.

¿Qué objetivos te gustaría materializar en este proyecto?
Más allá de estar respondiendo a necesidades reales de las personas, me gustaría pensar en un lugar de pertenencia, en un espacio que de la posibilidad de encontrar identidad y sentido, cada quien cómo le parezca, a su ritmo y a su modo.
Un espacio de descanso pero también de fortalecimiento. Un espacio propio en el que participar y pensar conjuntamente.
Un lugar desde el que, estando atentos y atentas a la realidad, alzar la voz y pedir lo que corresponde por derecho, o conquistar los derechos que aún no están.
Y también y fundamentalmente, un espacio de acompañamiento, de compartir el día a día y celebrar todas las grandes cosas que también van pasando. Con algo así sueño.

Cuéntanos alguna experiencia relacionada con el proyecto
No me he tenido que ir muy lejos. Escojo hablar de algo que ha ocurrido hoy mismo. 
Es la "historia" de F. Un joven camerunés que llegó hace unos meses con su chica a España en patera por Las Palmas. Salieron juntos de Camerún hace años, en los últimos tiempos vivían en Marruecos y las cosas no les iban demasiado mal pero en el momento que deciden ser padres ven claro que tienen que conseguir llegar a Europa.

Así llegó ella N., embarazada de tres meses. Ambos entraron directamente en el centro de internamiento de extranjeros de Canarias, cárceles por no tener papeles. A los días, al saber que ella estaba embarzada la sacaron y le dieron una plaza en un recurso de acogida. Él sin embargo pasó allí dos meses y a su salida fue enviado directamente a otro dispositivo de acogida en Madrid.

Llevan separados desde que llegaron a España, ni si quiera se han visto, ella no podía ir a visitarle. 

A través de un buen amigo que también pasó por Madrid y que ahora vive en Francia conocimos su situación. Stephan desde Francia nos pedía que "echáramos un cable" a su "petit". "Su petit" que es grande como un armario y con un susto en el cuerpo como un gatito nos contó la situación. Estaba desesperado viendo que ella estaba a punto de no poder subirse a un avión, que seguirían separados, que su hija, la pequeña Daniela, vendría a este mundo sin estar él acompañándola. Nos pusimos manos a la obra que en este caso fue tirar, como tantas veces, de contactos y de coordinaciones con otras instituciones que a veces también funcionan.

Hasta el último momento no parecía que fuera a ser posible. Gracias al gran trabajo y sensibilidad de la gente de Cear de Madrid (especialmente: gracias Eva), hoy ha llegado N. a Madrid y después de cinco meses y medio, mucho miedo, mucha lucha y mucha esperanza, están juntos otra vez.
Emocionante ver a F. horas antes de salir hacia el aeropuerto dando vueltas como loco por el centro, su reencuentro en el aeropuerto y su plena felicidad al volver a Madrid después de haber dejado a N. en el nuevo centro al que se ha incorporado.

Un día para celebrar derechos exigidos y cumplidos y para celebrar que el amor también existe

 

Granada Oficialmente, dada su proximidad al Hogar Fray Leopoldo, este convento está declarado como enfermería provincial.
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#otraformadevida + sentido

A veces, cuando nos ponemos trascendentes, nos preguntamos si vivir es eso: estudiar, trabajar, salir de fiesta, descansar, viajar algo… y poco más.

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Nuestra vida, un servicio a los demás...

El modelo de vida que nos presenta Jesús en el Evangelio de Marcos (9, 30-37), está en las antípodas de los criterios que imperan en la sociedad. Afirma Jesús: “quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”. Esta frase es importante dentro del mensaje evangélico. Puede decirse que constituye una de las líneas maestras de la predicación del Señor.

Es llamativo cómo el evangelio de san Juan introduce con gran solemnidad el episodio del Lavatorio de los pies en la última cena. Nos quiere decir que ese gesto sencillo de Jesús es como un resumen de su persona y de su doctrina.

Si hay gestos que resumen la vida de ciertos santos: por ejemplo, san Martín de Tours dividiendo su capa con un mendigo para que se abrigara; san Maximiliano Kolbe, el franciscano que entregó su vida en lugar de un padre Judio que iba a ser ejecutado en un campo de concentración nazi... puede decirse que el gesto de Jesús lavando los pies es también un símbolo de aquel Jesús que fue “el hombre para los demás”; el que hizo realidad en su vida lo que Él mismo había predicado.

Nuestra misión es dar
¡Servir a los demás! He aquí algo que nos resulta incómodo, y que sin embargo es fundamental en la vida cristiana. Nuestro destino en la vida es dar; es ofrecer generosamente a los demás todas las posibilidades de bondad que hay en nosotros. Hay que estar dispuestos a luchar.
No podemos cruzarnos de brazos ante tantas injusticias que hay en la vida. Tenemos que actuar. No hacer mal a nadie es bastante; pero hace falta más, mucho más para ser como Dios quiere.

Debemos convencernos que venimos al mundo para algo más que para lamentarnos y decir de los que se mueren de hambre: “pobrecitos, cuánto sufren”, y luego no hacer nada para que desaparezcan esas situaciones vergonzosas... venimos al mundo fundamentalmente para dar bondad, comprensión, amor, trabajo...

Los ejemplos de la madre Teresa de Calcuta y el de Vicente Ferrer en la India; y el de tantos misioneros y misioneras actuales que siguen trabajando silenciosamente a lo largo y ancho de este mundo son bien elocuentes.

Sencillos y servidores
Qué actuales suenan las frases que dice la carta de Santiago (4, 1-3): ¿De dónde salen las luchas y los conflictos entre vosotros? ¿No es acaso de los deseos de placer que combaten en vuestro cuerpo? ¡Codiciáis lo que no podéis tener y acabáis matando. Ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo; así que lucháis y peleáis!” Nuestra vida cristiana se aleja del evangelio porque queremos ser los primeros y no los últimos; porque buscamos los lugares de prestigio y no los de servicio.

Alguien dijo que “el hombre es un lobo para el hombre”. Jesús afirma lo contrario: “todo hombre es un hermano; todo hombre debe ser un servidor de los demás hombres”. Si a veces nos vence el desánimo es porque olvidamos que en la vida nuestra principal preocupación no debe ser buscar la felicidad propia, ni destacar, ni hacer cosas grandes que llamen la atención; sino sencillamente dar lo poco o mucho que podamos, ser los últimos y los servidores de todos.

Yo creo que lo más trágico que le puede suceder a una persona, es llegar a los últimos momentos de su vida y encontrarse con las manos vacías; sin haber hecho nada positivo en bien de los demás; sin poderse justificar ante Dios de haber amado a alguien de verdad.

No perdamos el tiempo; salgamos de nuestro egoísmo y preocupémonos de nuestros prójimos. Quizá Dios nos ha mimado en todos los sentidos. Correspondamos a este amor proponiendo seriamente hacer algo por los demás, especialmente por los más necesitados.

Domingo Fernández Villa

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