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10/04/2018 Hoy como ayer
Como todos los años, a finales de marzo se ha celebrado en España la Semana Santa, la semana en la que se conmemora la última etapa de la vida de Jesús entre nosotros en la Tierra.
 
Distintas  ciudades de nuestro país ven pasar en estas fechas magníficas tallas de imagineros españoles de los siglos XVI y XVII, que expresaron en ellas las vivencias y la devoción hacia Nuestro Señor: El Cristo de la Buena Muerte, de Pedro de Mena, la Piedad de Juan de Juni, el Cristo Yacente de Gregorio Fernández, el Cristo de Medinaceli
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Oración del Jueves 26 de abril de 2018
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VIIº Congreso ESEF -Francesc Torralba

Con motivo del VIIº Congreso de ESEF tuvimos la oportunida de escuchar al filósofo y teólogo Francesc Torralba.
Ofrecemos su ponencia íntegra titulada: "Las buenas relaciones, cimiento de la Vida Común"

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Recomendaciones de Aldara Bosch para saber envejecer

Aldara Bosch es colaboradora de nuestra revista "Capuchinos Editorial", en concreto en la sección "Cuida tu salud".
Háblanos de ti Aldara..

Yo nací en México, lugar donde se conocieron mis padres (él, valenciano y ella, asturiana). Somos tres hermanos y siendo pequeños la familia volvió a España. He vivido en ciudades como Madrid, Toulouse y Oviedo, pero donde más tiempo llevo y resido es en Gijón. De pequeña había cosas que ya me gustaban y han seguido gustándome en el tiempo: la música, la naturaleza, estudiar…

Pude compaginar trabajo y estudio. Trabajando como traductora de francés y correctora de estilo, terminé Magisterio. Más tarde me especialicé en Logopedia y fue con mi trabajo de logopeda con personas que habían perdido el lenguaje por un ictus como me encontré con el mundo de los mayores. 
Me vi dentro de un universo del que quería saber más y me decidí a cursar el posgrado en Gerontología Psicosocial. Trabajé en varias residencias dinamizando actividades de animación y pude ver de cerca que la vida de los mayores tiene componentes muy difíciles: problemas de salud, pérdidas de personas cercanas, soledad, problemas económicos, desesperanza… Con el deseo de poder ayudar con algo más que la buena voluntad cursé el máster en Counselling, una metodología de relación de ayuda especializada dirigida a personas que están pasando por momentos difíciles a nivel personal y emocional. Impartí cursos sobre Programas de Intervención con Mayores en FOREM Asturias y en 2009 los Capuchinos me encargaron la organización de lo que es ahora Punto de Apoyo.

Me gusta vivir a fondo no solo mi trabajo sino también lo que me compensa. No son solo aficiones, son cosas que me revitalizan: la música, sobre todo en directo, que tiene una magia especial; la naturaleza, como parte de la Creación (me gusta en su versión verde o árida; montañosa o de llanura)… Me gusta visitar pueblos pequeños; las plantas; estar con mis amigos… Me gusta hacer retiro en casas de ejercicios o monasterios… Porque la vida que llevamos nos agota, nos hace vivir en la superficie de las cosas y perder en profundidad… Y eso es algo que no podemos permitirnos, porque como ya comentó un poeta: “la vida va en serio…”

En concreto, ¿en qué consiste tu trabajo?

Mi trabajo es muy variado y todo lo que hago lo vivo como algo verdaderamente interesante y con la finalidad de beneficiar  a esa parte de la población tan vulnerable como son los ancianos.

Desde el año 2009 dirijo Punto de Apoyo, orientado a la intervención con mayores. Desde el principio, los Capuchinos quisieron que, además de iniciarlo en la parroquia de San Antonio, lo fuera organizando también en otras parroquias de la ciudad que lo solicitaran. Actualmente, Punto de Apoyo está en 14 parroquias de Gijón y empezamos a llegar a otras localidades de Asturias. Trabajamos todo el curso con cerca de 300 personas.

El programa que tiene mucho éxito entre los mayores son las Actividades de Animación, dirigidas por cerca de 50 voluntarios, a quienes doy formación específica para ello y a los que acompaño para resolver cualquier duda o problema que tengan.

Estoy también al pendiente de aquello que les pueda surgir a los mayores que vienen a nuestras actividades en Capuchinos, que incluye las penas y también las alegrías… Imparto talleres de salud y prevención de la dependencia, así como formación continuada en geriatría y gerontología para los voluntarios. Organizo, junto con un pequeño grupo de colaboradoras, las sesiones de trabajo de la Coordinadora de Punto de Apoyo, que planifica y lleva a cabo diversas actuaciones interparroquiales a lo largo del curso.

Llevo también la gestión, junto al equipo de nuestros especialistas (varios médicos, una psicólogo, trabajadoras sociales, una farmacéutica y nutricionista, una abogada), de las charlas que se dan sobre temas de interés para mayores. Estos expertos también dan formación para el voluntariado.
En la parroquia de Capuchinos hago sesiones de relación de ayuda (counselling) dirigidas a personas que están atravesando por una situación de dificultad o sufrimiento y colaboro mensualmente en la revista Capuchinos Editorial con un artículo de salud.

De tu última ponencia en Capuchinos de León: ¿Cuáles son las principales orientaciones para desarrollar una vida sana?

Las principales orientaciones para desarrollar una vida sana abarcan dos bloques principales: lo referido a la salud del cuerpo y la mente y el cuidado del entorno. Todos los expertos coinciden en que para mantener el cuerpo y la mente en el mejor estado de salud posible hay que incorporar a nuestra vida diaria el ejercicio físico adecuado a cada persona. Y es que mantiene en buena forma la musculatura, combate la osteoporosis y aumenta el riego cerebral y nivel de oxígeno…
Hay que procurar dormir lo suficiente, pues así evitaremos encontrarnos agotados al día siguiente. Además, mientras dormimos el cuerpo realiza el mantenimiento y la reparación del organismo. De ahí que no sea buena idea tener hábitos que perjudican el sueño…

De cara a prevenir el deterioro de la mente, importa mucho aumentar la “reserva cognitiva” que cada cual tenemos aprendiendo cosas nuevas, haciendo actividades que supongan un cierto esfuerzo mental… El mantener nuestras aficiones, además de suponer un trabajo para la mente, es una fuente de bienestar y satisfacción, y casi siempre nos pone en contacto con otras personas que comparten esa misma afición.

Otro elemento básico de salud es mantener el contacto con los amigos y familiares. El aislamiento es una fuente de problemas de todo tipo: acelera el deterioro cognitivo; influye negativamente en el estado de ánimo…

Y también importa cuidar nuestro entorno más próximo, bien sea la casa, la habitación… Mantener un cierto orden, las estancias despejadas y sin obstáculos para circular con comodidad y evitar caídas… No acumular cosas que ya no usamos y que dificultan más las tareas de limpieza. Como se viene diciendo desde antiguo: “Guarda el orden y el orden te guardará a ti”…

Cuéntanos, Aldara… ¿qué es lo más importante para saber envejecer?

Saber envejecer en esta sociedad llena de prisas e inmediatez no es una tarea fácil, pues requiere tiempo para la reflexión y el contacto con lo profundo de uno mismo. Y hay que hacerlo en medio de un día a día que transcurre a velocidad de vértigo, casi sin que nos demos cuenta. A veces, esta reflexión sí la hacemos cuando sufrimos una pérdida importante, pero lo ideal sería que formara parte del transcurrir continuo de nuestra vida. Varias cosas son importantes para saber envejecer:

  1. Aceptación. Para empezar, yo diría que partiendo de que la vejez es época de mengua de fuerzas y capacidades, de pérdidas y de cambios, es importante la aceptación de lo que va viniendo, que no siempre es tarea fácil.
  2. Realismo. De igual modo, hace falta el realismo, tocar el suelo con los pies… Porque alejarse de la realidad es mal negocio. Vivir en un mundo de fantasía supone tarde o temprano darse de bruces con la realidad, que como tal es ineludible.
  3. Evitar aislarse. No perder el contacto con los demás es importantísimo. Aislarse y encerrarse entre cuatro paredes acelera el deterioro del cuerpo y de la mente; hace que la vida se vuelva triste y sin ilusión alguna.
  4. Vivir lo que de verdad importa. Resulta también fundamental detenernos a valorar lo que de verdad nos importa y compensa vivir, porque podemos tener aparcadas cosas que son muy valiosas para nosotros y dedicar nuestro tiempo a otras tareas que en el fondo resultan secundarias. Además, vivir lo que de verdad nos importa resulta vitalizante, nos proporciona Vida con mayúsculas y nos sostiene.

Nos gustaría que expusieras alguna anécdota curiosa relacionada con tu profesión.

Las personas mayores son una fuente también de vitalidad. A pesar de sus achaques, enfermedades y malestares; a pesar de que han ido perdiendo a familiares y amigos y de saber que la vida no es color de rosa (porque ya les ha tocado pasar por contratiempos, disgustos y fracasos) tienen un fondo de fortaleza, sabiduría y deseos de disfrutar de la vida que a veces no se dan en gente mucho más joven.

En Gijón celebramos anualmente los Encuentros de Mayores de Punto de Apoyo como fiesta de fin del curso. Hay una actuación musical o de teatro; una merienda y una rifa. Acuden las personas mayores que hacen nuestras Actividades de Animación en las diferentes parroquias acompañadas de los voluntarios. Son unos momentos muy bonitos por el ambiente agradable, el merendar juntos, el disfrutar de la actuación…
Y en este contexto hubo algo que me sorprendió el primer año de los Encuentros y me sigue sorprendiendo y admirando una y otra vez. Ese algo fue observar que las personas asistentes llegaban a la fiesta vistiendo sus mejores galas… Las señoras habían ido a la peluquería; se habían maquillado; se habían puesto el collar o el anillo o la pulsera o el reloj que no es el de diario… Quedaba claro que consideraban este acto como un momento especial, un acontecimiento y habían decidido prepararse para la ocasión…

Que a estas personas mayores les brote la ilusión de arreglarse y que se pongan manos a la obra para lograrlo me conmueve y es una muestra de que en el fondo de su corazón sigue habiendo fuerza, alegría de vivir y capacidad para ilusionarse.

¿En personas mayores, qué importancia tiene la alimentación y qué alimentos son fundamentales?

Alimentarse bien es garantía de salud y de un buen estado de nuestro organismo en cualquier edad. Pero con el paso de los años se producen ciertos cambios en el aparato digestivo que pueden  perjudicar a las personas mayores. De ahí la importancia de conocerlos para no descuidar una nutrición adecuada.
Los cambios que se presentan con la edad son: 1. Las digestiones más lentas y una disminución en la producción de saliva, elemento que facilita la masticación y la propia digestión. 2. El intestino se vuelve perezoso, con lo que puede aparecer el estreñimiento. 3. Los problemas en la boca son algo habitual, tanto en los dientes como en las encías… 4. Y otro factor muy peligroso para la salud es la disminución de la sensación de sed, por lo que muchos mayores beben poco y se exponen a la deshidratación.

Las propuestas para contrarrestar esta realidad son: 1. Una alimentación variada, que por suerte también está en consonancia con nuestra dieta mediterránea… Comer habitualmente frutas, verduras, legumbres, más pescado que carne y de preferencia carnes blancas. 2. Tener cuidado con las grasas y con los dulces, pues con los años resulta más difícil bajar de peso. 3. Tomar agua aunque no se sienta sed y saber aproximadamente cuánto bebemos al día. Si llenamos una botella de litro y medio de agua y vamos bebiendo de ella durante la jornada, al llegar la noche podremos comprobar lo que hemos bebido. 4. Visitar regularmente al dentista para poder asegurar una masticación adecuada de los alimentos y 5. No hacer dietas por cuenta propia, sino consultando con nuestro médico.

¿Qué recomendaciones darías sobre la importancia del ejercicio físico y qué pautas?

El ejercicio físico es fundamental para el mantenimiento de la salud y a las personas mayores les aporta beneficios importantísimos porque el paso de los años provoca asimismo cambios problemáticos. Entre estos cambios se pueden citar la pérdida de masa muscular; la pérdida de calcio en los huesos; problemas en las articulaciones o el empeoramiento del equilibrio.

Afortunadamente muchas dolencias mejoran con el ejercicio físico: la diabetes, la hipertensión, la obesidad, la depresión, la ansiedad… El ejercicio físico hace que mejore nuestra capacidad respiratoria, la flexibilidad, la resistencia, el equilibrio. Aumenta la masa muscular y ayuda a que el calcio vuelva a fijarse al hueso…
Las recomendaciones para la práctica del ejercicio físico empiezan por valorar un ejercicio fácil y muy completo, como es el caminar. Se trata de caminar diariamente entre 30 minutos y una hora. Hay que hacerlo a buen ritmo y sin pausas y buscar un trayecto o recorrido que sea adecuado para nuestras fuerzas y limitaciones individuales.

Si estamos de no hacer ningún tipo de ejercicio, procuremos comenzar despacio hasta ir mejorando nuestra forma física. Es una garantía para no tener lesiones ni sobrecargas. Llevar ropa cómoda y un calzado que sujete bien el pie para evitar caídas facilitará nuestro ejercicio.
Para otros tipos de gimnasias o deportes es necesario informar a nuestro médico y pedirle consejo, ya que debemos evitar forzar las articulaciones o ligamentos, que no poseen ya la flexibilidad propia de un organismo joven. 

Cuéntame algo que quizás olvidé preguntarte y sea interesante para nuestros lectores…

Pues me gustaría añadir algo sobre el papel de las personas mayores en nuestra sociedad. El papel que juegan en la vida real y el que pretenden hacerles jugar desde ciertas instancias sociopolíticas y mediáticas.

Cuando imparto talleres de Salud y Prevención de la Dependencia para los mayores en las parroquias de Asturias, veo a mucha gente, en los 70, 80 o 90 años que si hubieran tenido la oportunidad de estudiar, habrían obtenido una carrera e incluso una cátedra; con una capacidad intelectual extraordinaria que conservan perfectamente. Pero en el mundo en que les tocó vivir, sólo pudieron acudir unos meses o unos pocos años a la escuela. La necesidad les hizo tener que ponerse a trabajar desde niños en su propia casa o fuera de ella. Y no digo “niños” como actualmente llaman en los medios de comunicación a chavales de 15-16-17 años, sino niños de 7, 8 o 9 años…

Sacaron adelante su propia vida y criaron a sus hijos. Y hoy en día siguen ayudando con dinero, prestando servicios de canguro, limpieza y cocina a esos hijos o a los nietos que están en el paro, o que se han separado y vuelven a casa de sus padres o abuelos…
Sin embargo, frente a esta realidad, desde ciertos sectores sociales y políticos se les pretende hacer aparecer como una carga para el estado, llegando incluso a recriminarles que viven demasiados años. Esto es indudablemente un signo de la cultura inhumana que se quiere imponer en esta sociedad occidental, que aparentemente se preocupa mucho de sus ciudadanos pero que en la práctica dejan a muchas personas tiradas y abandonadas en la cuneta.

Los mayores están hoy incluidos, sin ninguna duda, en lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte. Para todos nosotros, sea cual sea nuestra edad, es muy importante ser conscientes de esto.

Muchas gracias Aldara...

Luis López
Coordinador Capuchinos Editorial

Madrid -El Pardo En 1612 llegaron por primera vez los capuchinos a El Pardo. En 1615 Felipe III les regaló la imagen del Santísimo Cristo de El Pardo, esculpida por Gregorio Hernández.
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Vocaciones
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AMABLE (el amor es otra cosa)

Siguiendo la estela de la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia" el tema de la campaña vocacional para este curso va a ser el amor. El lema escogido es: "AMABLE (el amor es otra cosa)".

Artículos
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¡El bien, qué fascinante!
Por muchas que sean las noticias que nos hablan del mal, de desastres, de fuertes heridas, de daños irreparables, de caminos extraviados, de sufrimientos injustos, el bien sigue siendo fascinante.
Por mucha que sea nuestra desgana, nuestro abandono de los caminos de la fraternidad, nuestros imperdonables olvidos, nuestros desplantes innecesarios y gratuitos, el bien sigue siendo fascinante.
Por mucho que comprobemos cómo las comunidades cristianas, en sus responsables y en sus miembros, no saltan del asiento cuando se hace el mal, por mucho que los cristianos mismos colaboremos a caminos de dudosa bondad cuando no de maldad explícita, el bien sigue siendo fascinante.
Por muchos que sean los miedos que nos atenazan y bloquean nuestro comportamiento bondadoso, por muchas que sean las ocasiones que no aprovechamos para hacer ese pequeño bien que hace más llevadera la carga que la vida nos impone, el bien sigue siendo fascinante. 

Por eso nos preguntamos si no será la Cuaresma un tiempo bueno para “convertirse al bien”, para “volver al camino de la bondad”, para no desistir (como dicen sus biógrafos que vivía san Francisco) de aquella “bondad original” que no está en un paraíso perdido, sino en uno por encontrar. 

La Cuaresma llega cada año puntualmente. Tiene de bueno el que se nos sirve una posibilidad más de avanzar en nuestro proceso cristiano. Tiene de “peligroso” la amenaza de la rutina y de vacío. Esto es lo habrá que trabajar, en la reflexión, en la oración, en la celebración y en los caminos de la vida. Si esta reflexión co-labora a ello, la daremos por bien empleada. Quizá este anhelo cuaresmal no sea sino la búsqueda de siempre de aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38) y el anhelo de ir pasando nuestros días, simplemente, queriendo seguir aquella orientación explícita del Evangelio: “Sed buenos del todo como vuestro padre celestial es bueno del todo” (Mt 5,48).
 
1. ¡Qué gran aventura el bien!
 
Comenzamos, de nuevo, con un texto de R. Argulloll, un poeta que nos inspira últimamente en su “biblia poética” Poema:
 
El mal parece cautivador
a una determinada edad,
entre la adolescencia y la juventud primera,
cuando lo inquietante, desde la penumbra,
dirige las miradas y los pensamientos.
Malvados son los héroes más seductores,
y el infierno –como han demostrado los artistas-
supera con creces al paraíso en imaginación y sensaciones.
Pero el tiempo nos da otros ojos
y, transcurridos los años,
apenas ninguna novedad ofrece el mal,
una monótona repetición de sí mismo,
con máscaras que caen y conductas que se agotan.
Ningún malvado me es ahora sorprendente,
conocidas a fondo las cloacas del alma.
¡El bien, en cambio, qué fascinante!
El bondadoso siempre sorprende,
acaso porque su pureza nos descubre
territorios desconocidos en nosotros mismos.
¡Qué gran aventura el bien
y el mal, señores, qué tedio!
     
(Poema¸ 757)
 
  • El mal parece cautivador: Hay dentro de nosotros algo que conecta con el mal, un “Caín” (Jud 11), un morbo sobre lo malo. Y quizá no solamente en épocas de juventud, sino también después. Es lo que hace que las noticias vendan mucho, que nos llame la atención las catástrofes, los crímenes, las desgracias y no nos llame tanto la atención, el bien y la dulzura. Y, sin embargo, más allá de este cautivarnos, el bien sigue vivo y atrayente. ¿Cómo desplazarse hacia el bien dejando de admirar el mal?
  • Malvados son los héroes: No hay más que ver las novelas, las películas, los videojuegos. Casi todos sobre gentes malvadas, pocas sobre gentes o situaciones bondadosas. Las películas violencia en TV son el pan de cada día. Quizá sea, en parte, porque los héroes de la bondad (los entregados, los justos, los santos) han sido despojados de humanidad y eso los ha alejado del camino humano que se relaciona tanto con el mal.
  • El tiempo nos da otros ojos: Porque nos vamos cansando, si es que ya no estamos aburridos, de tanta historia de maldad. Historias que se repiten siempre con el mismo esquema. Las tenemos ya vistas, leídas, sabidas. Incluso las hemos banalizado y somos capaces de comer mientras el telediario desgrana su tremendo mal. Ya nos hemos habituado a “las cloacas del alma”.
  • ¡El bien, en cambio, qué fascinante!: Aunque no lo publiciten, aunque lo ignoren, aunque los menosprecien. En cuanto asoma la cabeza, sigue tocándonos, sigue llegándonos al fondo del corazón, porque ese fondo es casa para la bondad, “territorios de nosotros mismos”. Por eso, cuando los ojos se deslizan, cansinos, sobre las páginas del periódico, con frecuencia se detienen en temas, en fotos que muestran ese lado bueno de las entrañas humanas que aparece tímidamente pero que tiene una fuerza imparable.
  • ¡Qué gran aventura, el bien!: Aventura a la que se le llama a la persona ahora también, quedamente, sin avasallar, pero tenazmente, con la constancia de quien cree que la vida es una aventura para el logro del bien y que cualquier paso que se dé hacia él nos hace más humanos.
 
2. Ante una fotografía
 
Posiblemente siga siendo verdad aquello de que una imagen vale más que mil palabras. Quizá contemplando una foto hermosa podamos acercarnos al mensaje que nos queremos dar.
  • Un árbol esbelto y pujante en medio de un abismo. El bien, al que les basta una pequeña grieta para vivir. Nadie diría que ahí puede prosperar un árbol tan frondoso. Todos creeríamos que en ese lugar había sitio solo para el derrumbe, la caída, el abismo. Y él brota con fuerza, tomando sus nutrientes, quizá, de la roca oscura y la humedad del mar azul que se adivina en el trasfondo. El bien imparable.
  • No importa que esté rodeado de “mal”, de adustas rocas. Él las hace compañeras suyas, y convive con ellas sin renunciar a su hermosura. El bien que no maldice, que no excluye, que no expulsa a nadie sino que es capaz de convivir con todos, aceptándolos como son. Las mismas rocas se beneficiarán algo de su sombra, de la humedad que pueda aportar, de la belleza de la variedad.
  • Por eso las rocas lo contemplan, como, a la larga, el mal se pliega al bien y la misma sociedad, tan “malvada” con frecuencia, admira a quien hace el bien, aunque tal vez no lo diga. Pero el bien nos conmueve mucho más que el mal, aunque no meta tanto ruido como este.
  • No es solo el árbol una rara excrecencia de la roca: es decirles a las rocas, ásperas y grises, que ellas también están llamadas al bien, que ellas también tienen alma, como decía Benedetti, aunque estén en silencio. A la larga, el bien es el que marca el camino, no el mal, por mucho que nos empe-ñemos en no andar por tales sendas.
  • Es también una parábola ecológica: la naturaleza nos enseña de muchas maneras el camino del bien. Basta con mirar y descubrir el lenguaje de las criaturas que, casi siempre, es lenguaje de bondad.
 
3. Iluminación bíblica: Lc 14,1-6
 
Un día de precepto fue a comer a casa de uno de los jefes fa-riseos, y ellos lo estaban acechando.
Jesús se encontró delante de un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los juristas y fariseos, preguntó:
-¿Está o no está permitido curar en día de precepto?
Ellos se quedaron callados. Jesús cogió al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo:
-Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida aunque sea día de precepto?
Y se quedaron sin respuesta.
 
  • El texto está inserto en el viaje de Jesús a Jerusalén. Viaje áspero (“frunció el ceño” 9,51) y, por lo mismo, la escena de Lucas es cortante en toda su expresión. Como quien no admitiera preguntas ni discusiones. El carácter fuerte con que Lucas dibuja a Jesús.
  • Se plantea un nuevo enfoque del precepto que todos conocemos: la persona por delante. El bien como algo ineludible. Es algo inverosímil para aquella época de increíble presión religiosa. ¿Dónde aprendió la libertad? ¿En las noches de oración? ¿Fue una excepción? ¿No hubo otros anhelantes de libertad en Israel (recordar Judas el Galileo)?
  • “Como nosotros en todo, menos en el pecado”, dice Heb 4,15. Pero los evangelios evidencian que pecó en el marco de su moral religiosa, al menos en este tema del sábado (como en el tema de las purificaciones, etc.). Libertad para pecar cuando el bien de la persona está en juego (“De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado o violarlo, libertad en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien”: J. Sobrino). Algo decisivo para los trabajos de la libertad.
  • Hay en el Jesús evangélico un cierto afán por meter el dedo en el ojo en esto del sábado, por hacer ver, a contracorrien-te, que la persona está por delante de la norma (Lc 13,14). La “inútil” lucha de Jesús contra el precepto; la siembra de semillas de libertad y de bondad esencial.
  • Esto del buey o del asno era algo que tenía entre ceja y ceja (sale dos veces: en Lc 13,15 habla de llevar a abrevar en sábado, con ocasión de la curación de la mujer encorvada). Argumentos ad hominem para aquella época rural: un buey o un asno vale mucho dinero y no todos los tenían. ¿El bien económico ha de ser considerado y el bien de la persona no?
  • Los treinta y nueve trabajos prohibidos en sábado (para forzar a la contemplación del sábado) dejaban un resquicio en relación con los enfermos: estaba permitido calentar agua para lavar a un enfermo. Jesús amplía esta permisividad por el valor que otorga a la persona. El bien que se abre paso más allá de cualquier normativa deshumanizada.
  • Hay que valorar el sofoco social que una norma religiosa tan fuerte como el sábado ejercía en la sociedad de Jesús (aún hoy día hay vestigios fuertes en Israel) para medir la osada libertad de quien contraviene tal presión en favor de la persona, no porque se esté en contra de la espiritualidad del sábado (Jesús es espiritual). De lo que se está en contra es de la gestión que la religión hace de tal espiritualidad que termina siendo insensible a la necesidad de la persona y bloquea la acción de la bondad.
 
4. Reflexión
 
  • “Tú eres el bien”: Así se dirigía san Francisco a Dios. Creer y difundir el perfil de un Dios exclusivamente bueno, tapando todos los resquicios dogmáticos que ponen en duda tal certeza (infierno, juicio, temor, etc.). No apearse de ello por mucha que sea la evidente maldad de los humanos. Creer que la bondad y el amor de Dios engloban a la misma justicia. Hablar bien de Dios, pensar bien de él, creer que se relaciona con bondad con nosotros, hablar bien de él antes que definirlo en contornos religiosos que lo aprisionen.
  • Alguien bueno: Ese es Jesús en su perfil general de los evangelios. Aunque no le gustaba que le llamaran bueno: “¿Por qué me llamas bueno?” (Mc 10,18). La gente lo veía como bueno: “Enseñas el camino de Dios con verdad” (Lc 20,21). ¿No nos resultaría más beneficioso para la experiencia espiritual subrayar la bondad esencial de Jesús que sus títulos divinos? ¿No llegaríamos a contagiarnos mejor de tal bondad y obraríamos como discípulos que reproducen la sendas del maestro? No cansarse de subrayar, admirar, disfrutar y animarse con la bondad de Jesús. Hacer “compatibles” ciertos textos del Evangelio con tal bondad (por ejemplo las diatribas de Mt 23).
  • Santos por bondadosos: No santos por milagros, por elocuencia, por penitencia, por virtudes insólitas. Santos por su mera bondad. Santos religiosos y laicos, creyentes y no tanto. La santidad le viene a la vida humana por la bondad, no por vía de milagros, por mucho que la oficialidad concrete ahí la cosa. Por eso, algunos teólogos hablan de “la santidad de vivir”: “A este anhelo de sobrevivir en medio de grandes sufrimientos, los trabajos para lograrlo con creatividad, resistencia y fortaleza sin límites, desafiando inmensos obstáculos, lo hemos llamado la santidad primordial. Comparada con la oficial, de esa santidad no se dice todavía lo que en ella hay de libertad o necesidad, de virtud u obligación, de gracia o mérito. No tiene por qué ir acompañada de virtudes heroicas, pero expresa una vida toda ella heroica. Esa santidad primordial invita a dar y recibir unos a otros y unos de otros, y al gozo de ser humanos unos con otros” (Jon So-brino).
  • Tiempos nuevos: A veces percibimos con mucha agudeza que las cosas están cambiando profundamente, que se abre una nueva etapa en la sociedad y en la Iglesia, que amanecen nuevas espiritualidades. Todo ello constituye una suerte, la de poder vivir en estos tiempos nuevos. Pero sigue en el fondo de todo cambio un denominador común: la bondad siempre estará de actualidad, el bien siempre tendrá una palabra que decir y estará presente en estos tiempos nuevos como la argamasa que une el cimiento de lo humano. De ahí la necesidad y la hermosura de asentar la vida sobre ese cimiento.
 
5. Derivaciones
 
  • Dejarnos envolver: Dejarse subyugar por la fascinación del bien. Y, en consecuencia, positivizar nuestra vida, alejarnos lo más posible de cualquier negativización de salida. No echar leña el fuego del desaliento, de la crítica negativa. Tratar de curar esas heridas que anidan en el fondo del corazón y que destilan amargura. Vivir en estado de bondad todo lo más posible.
  • Bondad cotidiana: Que es lo mismo que decir: situar una actuación bondadosa en los caminos sencillos de cada día, en las cosas de poca relevancia, en las tareas comunes, en la oración diaria compartida con quienes creen. Lo dice E. Sábato: “La vida es siempre novedosa. Por eso, a pesar de las desilusiones y frustraciones acumuladas, no hay motivo para descreer del valor de los gestos cotidianos. Aunque simples y modestos son los que están generando una nueva narración de la historia, abriendo así un nuevo cauce al torrente del bien”. El torrente del bien: dejarse anegar por ese torrente.
  • La hermosura de cada día: Tal vez para ilusionarse cada vez más con el bien sea necesario sintonizar cada vez más con la hermosura de cada día, de los valores cotidianos: del don sagrado que es vivir y respirar, del fraterno del propio cuerpo y del cuerpo de los otros, de las obras hechas en común y en conexión con otros para el bien de todos, de la pertenencia cósmica en la casa común, de las huellas nimias de lo divino en las criaturas tan humildes. De nuevo Sábato: “Si nos volvemos incapaces de crear un clima de belleza en el pe-queño mundo a nuestro alrededor y solo atendemos a las razones del trabajo, tantas veces deshumanizado y competitivo, ¿cómo podremos resistir? ¿Cómo podremos ser buenos?”.
  • El rostro del bien: la generosidad: Un valor muy apreciado por Jesús con el que ha dibujado el perfil mismo de Dios: “¿Vas a ver tú con malos ojos que yo sea generoso?” (Mt 20,15). Por eso mismo la generosidad es lo que pone rostro a la bondad. Muchos nos preguntamos, a veces, por qué la Iglesia genera rechazo social. Y la primera respuesta es: por su escasa generosidad. Si esta se diera con fuerza, el rechazo sería mucho menor. Pero si se la percibe tacaña, el bien se oscurece y la misión del bien se imposibilita. Lo mismo pasa a nivel de comunidad cristiana cercana: si queremos hacer parte de una sociedad activa y solidaria, la generosidad será imprescindible. Se convierte, como decimos, en rostro y lenguaje del bien.
 
6. Itinerario cuaresmal
 
  • Semana del 18-24 de febrero: La bondad en las palabras: Tratar de tener buenas palabras, moderar las frases cortan-tes, tratar de ser lo más amable posible. Escribir cada día una palabra buena y ponerla encima de la mesa del cuarto: la palabra buena del día. Que quien quiera ponga en el suelo de la capilla palabras buenas que sean sentidas, verdaderas.
  • Semana del 25 de febrero al 3 de marzo: La bondad en los gestos del cuerpo: Intentar ser risueño, no ponerse nervioso porque nos demandan cosas, no perder la calma en las conversaciones. Mirar al propio cuerpo y al de los hermanos con bondad. Poner delante una foto del grupo en el que se vive con alguna frase alusiva (“Nuestros cuerpos celebran tu bondad”, por ejemplo).
  • Semana del 4 al 10 de marzo: La bondad en la oración generosa: Ejercer la bondad orando con conciencia junto a las necesidades de quienes más necesitan ser mirados con bondad. Poner nombres a la oración. Mirar con bondad las situaciones por las que se ora.  
  • Semana del 11 al 17 de marzo: La bondad que se mira en la bondad de Jesús: Regocijarse de la bondad de Jesús; sentirse espoleado por ella. Copiar frases del Evangelio donde se diga que Jesús es bueno o hace el bien. Regalarse tales frases.
  • Semana del 18 al 24 de marzo: La bondad de la Pascua que se avecina: Prepararse para la celebración de la Semana Santa y de la Pascua. Desear celebrarla bien, con disfrute, con cuidado, con novedad. Dejar espacio al corazón.
 
Conclusión
 
La Cuaresma tiene sentido en la medida en que apunta a la Pascua. Y ésta, de algún modo, es la celebración del Jesús bueno en su honda entrega de bondad. Por eso, si el bien nos fascina cada vez más es posible que la Pascua se nos presente más luminosa, más envolvente. Lo diremos en la primera noche de la Pascua: “¡Qué asombroso beneficio de tu amor con nosotros!”. Eso es la pascua: un beneficio de amor, un hacer bien desde el amor. Esa es la Pascua de Jesús. Ojalá fuera también la nuestra.
 
 
Fidel Aizpurúa Donazar
Logroño, febrero 2018
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