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01/05/2017 Recoser el Mundo

Me llamó la atención este título “Recoser un mundo que se rompe”, en una de las reflexiones o papeles que publica Cristianisme i Justicia. Me parece una buena imagen para acercarnos a tantas situaciones que vivimos los seres humanos y para ser conscientes de que esta es una de nuestras tareas. 

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Oración del Jueves 11 de mayo de 2017
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Capuchinos en Venezuela. Sierra de Perijá.

En la frontera colombo-venezolana se encuentra la sierra de Perijá. Un extenso paraje declarado patrimonio de la humanidad repleto de paisajes vírgenes y ríos de potencia descomunal. Lugar en el que conviven las comunidades indígenas Yukpa y Barí, fieles a sus tradiciones. En 1950 comenzó una persecución implacable contra los indígenas Barí con la única pretensión de apoderarse de sus tierras.

Los Hermanos Capuchinos median entre los nativos para conseguir la paz.

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Ramón Barandalla, director del albergue capuchino de Estella

¿Quién es Ramón Barandalla?

Es difícil describirse a  uno mismo, pero vamos a intentarlo. 

Tengo 59 años, nací en Arróniz, un pequeño pueblo de Tierra Estella en Navarra. Estoy casado y tengo un hijo.

A la edad de 10 años deje el pueblo para ir a estudiar a Pamplona, al Colegio diocesano "San Miguel de Aralar", aun hoy, recuerdo las morriñas que me costó esta separación de mis padres. Los recuerdos que tengo de estos años son: el estilo de vida, la convivencia y cooperación vecinal, las visitas de mi madre a la Ermita de Mendía (una vez que había dado la cena a la familia), visitas a las que muchas veces la acompañaba y le veía rezar a la puerta de la Ermita al encontrarse esta ya cerrada, mis años de monaguillo, la alegría de juntarnos todos los hermanos en los periodos de vacaciones.

Después de acabar el Bachiller estudie Perito Mercantil y posteriormente C. Empresariales. Una vez realizado el obligado servicio militar, empezó mi andadura profesional: mi primer trabajo fue de contable para una Cooperativa Agrícola, después pase como Jefe de Administración a una empresa de semillas, posteriormente he desempeñado distintos puestos en una Entidad Bancaria (Sub-director y Director de oficina), en el año 2003 pase a desempeñar el puesto de Financiero en una empresa del sector de la construcción, hasta que en el año 2011-2012 se tuvo que hacer una "regulación de empleo" y finalmente una "suspensión de pagos", debido a la fuerte crisis financiero-económica que padecemos desde el año 2007, crisis que como muy bien dicen desde otras instancias, es también una crisis de valores, creo además que mientras no atajemos esta crisis difícilmente se dará una solución a la financiera-económica.

Hoy,  tengo el honor y privilegio de pertenecer de alguna manera a la Orden de Capuchinos, no como fraile, evidentemente, pero sí con mi estado de laico.

Siempre me he sentido creyente y practicante, es algo que desde mi familia, mis años de monaguillo, en el Colegio me han ido inculcando y, cómo no, he ido haciéndolo mío.  Esta fe, era una fe de cumplimiento de una serie de ritos/normas y un agarradero, hasta que la "Providencia" me llevo a hacer unos cursos de "Personalización de la fe" e igualmente, la "Providencia"  los ha ido acompañando por una serie de experiencias que podríamos llamarles "experiencias límite",  que han ido fortaleciendo la Palabra dada. Hoy tengo que dar gracias a Dios por este "don" que me ha dado una fe más auténtica, una fe que me permite una relación afectiva con Jesús, con Dios. Dios me ha regalado, sin yo hacer nada: un cambio de la perspectiva de la realidad, descubrir lo que es vivir de dentro hacía fuera, que la vida consiste en confiar, en dejarle a Dios hacer, la mirada al otro.....

Es que cuando la fe deja de ser ideológica, Dios es alguien viviente.

 

¿Cómo entro en contacto con los Capuchinos?

Mi contacto con los Capuchinos comienza en el año 2012, a través de una llamada telefónica que realizo al Provincial de la Orden, Padre Benjamín, para exponerle la posibilidad de hacer un Albergue para el "Camino de Santiago" en Estella (Navarra).

Es un proyecto que desde hacía años atrás me había rondado por la cabeza.  En ese momento, en el Convento de Capuchinos de Estella había cuatro frailes ya mayores y, debido a la escasez de vocaciones, era muy difícil que esta Fraternidad tuviese una continuidad en el tiempo.

¿Porque desarrollar este proyecto en un convento?

He estado en alguna ocasión en casas de religiosos y me han dado cierta paz interior, creo que esas paredes transmiten algo, quizá sea algo psicológico, pero lo cierto es que me han ayudado a  interiorizar, al estudio de la Biblia, a la oración.

Después de varias conversaciones, de distintas alternativas y , suponiendo las dudas que en un principio pudieran tener los frailes, pues para ellos era un proyecto nuevo (aunque según me comentó el Provincial, él en alguna ocasión había comentado a la Fraternidad "tenemos que hacer algo en el Camino de Santiago"), finalmente se hace realidad y en Abril de 2015 da comienzo su actividad.

¿Que actividad tiene el albergue y qué servicios ofrece?

En estos momentos los servicios que ofrece son la hospitalidad y un servicio de restaurante (comidas, cenas y desayunos).

En este año y pico de funcionamiento, creo, hemos dado un servicio diferente al que vienen dando la mayoría de los albergues existentes, acorde con los tiempos y las necesidades que el peregrino demanda, sobre todo para peregrinos a partir de 40 años. La distribución de las habitaciones, las instalaciones, etc, posibilita que cada persona elija como quiere pasar estas horas entre nosotros, si prefiere una mayor convivencia con otras personas o por el contrario estar un poco mas solitario, que le permita una búsqueda mayor de su ser persona; para ello cuenta como digo, con habitaciones más reducidas y privadas, la huerta del convento, así como la Iglesia, donde se venera a la Virgen de Rocamador, teniendo acceso las 24 horas al coro de la Iglesia.

El servicio de Restaurante lo tenemos externalizado a una joven cocinera y ella apoyada por otras personas, se preocupa de dar un  menú peregrino, desayunos y un servicio de bar con horarios acomodados al peregrino.

Los peregrinos que nos han ido visitando durante este tiempo son  de muy diversa procedencia, podría afirmar que viene gente de todo el mundo (un gran número de Italianos, Alemanes, Franceses, Irlandeses, Suecos, Brasileños, Costa Rica, Mexicanos, Japoneses, Australianos, Canadienses, también están llegando de algún país africano).

 

Cuéntanos alguna anécdota o experiencia...

Es muy difícil saber cuál es la motivación que les lleva a hacer el Camino de Santiago, lo cierto es que hay gente que repite y que mayoritariamente, a pesar del cansancio lógico que traen, vienen satisfechos de su periplo.

En este corto periodo de tiempo que llevamos atendiendo al peregrino hemos tenido algunas experiencias gratas, también alguna que otra desagradable, pero lo que cuenta es lo positivo. Recuerdo un señor francés de aproximadamente 70 - 75 años que reservó con dos meses de antelación plaza para 16 personas, cuando llegaron pude comprobar que era el abuelo con sus 15 nietos, los mayores cuidaban de los pequeños. Tuvieron un comportamiento ejemplar en las habitaciones, en el comedor (recuerdo como al acabar de cenar y desayunar todos ayudaron a recoger la mesa),  al llegar al albergue el abuelo me solicito  poder entrar en la Iglesia a dar gracias y al irse lo hicieron igualmente (rezaron un poquito y cantaron a la Virgen un Ave María).

En otra ocasión, en conversación con un señor de EEUU, me comenta que hacia el Camino para dar gracias a Dios de su matrimonio (había celebrado recientemente sus bodas de oro), que su mujer no le había podido acompañar por motivos de salud, pero que le estaba siendo muy gratificante el camino.

Otra anécdota que se me ha quedado grabada, la de un joven (aproximadamente 30 años) que hacía 15 días había muerto su padre y necesitaba este tiempo, me decía que nunca se hubiera imaginado que llegaría a hacer esto.

Existen otro tipo de peregrinos que aparentemente su objetivo es diferente (deportivo, cultural-gastronómico, aventura de cuadrilla,...), pero yo me pregunto en estos casos  ¿existen otras motivaciones más personales?, pues el esfuerzo a realizar con altas temperaturas, lluvia,..¿ les puede compensar ese objetivo aparente o por el contrario puede haber un plus? (dejemos las cosas de Dios para Dios).

Y ahora.... ¿qué planes de futuro hay?...

La rehabilitación del convento fue prácticamente en su totalidad, quedando una pequeña parte sin rehabilitar. La utilidad que le vamos dando a esta "ala" es para acoger a algún fraile que nos visita y, todos los años nos acompaña un hermano con postulantes de la Orden. Tratamos de darles la mejor acogida que podemos y al mismo tiempo desde aquí  les agradecemos su colaboración y su grata compañía.

Esta parte del convento, hoy de uso personal, la idea es rehabilitarla y poder darle una utilización mayor, así como la posibilidad de poder ofrecer algún servicio complementario aún mas social, asunto que habrá que estudiar con la Comunidad Capuchina.

Hemos comentado que los servicios que damos son de acogida (hospitalidad) y un servicio de restaurante.  Quisiéramos ampliar nuestra colaboración con el Camino y poder ofrecer con el tiempo actividades culturales, como alguna exposición, conciertos y como no, algún momento de reflexión u oración, sería muy bueno que llegásemos a ser un referente en el Camino a Santiago.

En estos momentos, cada domingo, así como en Semana Santa hay celebración de la Eucaristía, para ello se desplaza un fraile para presidir estas celebraciones a las que acuden vecinos/as (que se preocupan de que la iglesia este en perfecto estado )  y, por supuesto todo el peregrino que lo desee.

¿Qué argumentos ofrecerías a los lectores para que visitaran el albergue?

Como ya venimos apuntando a lo largo de la entrevista, tratamos de dar un servicio más acorde a los tiempos y a la demanda existente hoy en día,  creo que lo vamos consiguiendo, ya que vamos constatando en esta segunda temporada, como el peregrino busca nuestro albergue porque se lo han recomendado, va haciéndose una publicidad de boca a boca, pues no hemos hecho ningún tipo de publicidad a excepción de la página web que existe (www.alberguescapuchinos.org).

Hay peregrinos que nos han visitado de nuevo e incluso algún peregrino ha venido después de acabar el Camino para quedarse por aquí unos días.

¿Que ofrecemos?:

-Habitaciones de distintos tipos y precios, habitaciones con baño incluido o con baños a compartir, habitaciones reducidas en las que puedan pernoctar toda la familia ( se ha dado en bastantes ocasiones la visita de padres con dos o tres hijos pequeños).

-Unas instalaciones modernas, sencillas, limpias dentro de un inmueble que como ya he comentado dice algo, transmite algo; con un añadido, como el poder entrar en la Iglesia, al coro, para posibilitar momentos íntimos donde se puede dar el silencio, la oración, el canto (en varias ocasiones algún peregrino se le ha oído cantar en la iglesia desde el "Ave María" hasta gregoriano). También los curas que han pasado por el albergue han tenido la posibilidad de celebrar la eucaristía.

-Una hospitalidad acogedora, como creo lo hacen en la mayoría de los albergues, intentando solucionar al peregrino los  problemas, que no son pocos, que le vayan surgiendo. Ello da fe nuestro libro de visitas.

-La posibilidad de descansar en la terraza de la huerta, poder pasear en ella y contemplar la plantación que un grupo de jóvenes de Estella  realiza en cultivo ecológico.

-Creemos que es fundamental mantener el cierre del albergue a las 22:00 horas, aunque ello no siempre guste a algún peregrino, principalmente grupitos de peregrinos. Posibilitando la entrada al albergue después de esta hora puede ocasionar molestias al peregrino que ya se encuentra descansando  para al día siguiente continuar con su camino.

¿Qué significa Estella en el Camino de Santiago?

Dicen por aquí los entendidos y amantes del Camino, que Estella se hizo por y para el Camino de Santiago. Dispone esta ciudad de una de las más antiguas cofradías de Santiago, anterior al año 1174 fecha en que el obispo pamplonés Pedro de París concedió a las cofradías de Santiago la iglesia de santa María del  Poy, después del Puy. La cofradía fue disuelta en 1323 a causa de pendencias con otra cofradía estellesa.

Posteriormente, surgió en el siglo XVIII otra cofradía de Santiago que pervivió en el monasterio de San Benito hasta el final de las guerras carlistas en las que la ciudad estellesa fue capital del territorio del Pretendiente.

En Estella se puso en marcha en 1962 la decana de las Asociaciones del Camino de Santiago en España, segunda europea tras París fundada en 1950. El grupo impulsor supo unir el aspecto cultural y académico en torno a las Semanas de Estudios Medievales y de Música Antigua, con el fomento de la peregrinación por los medios posibles en la década de los sesenta. Actualmente la Asociación de los Amigos del Camino de Santiago de Estella regenta el albergue municipal de peregrinos. Desde aquí hasta el portal de Castilla en la muralla medieval, encontraba el peregrino un completo complejo asistencial, comercial y religioso.

En su iglesia principal, San Pedro de la Rúa, cuyo ingreso se hace por empinada escalinata y arco románico lobulado, cuenta con tres naves y otros tantos ábsides. La nave del evangelio está dedicada al patrono de Estella, San Andrés. El motivo de la declaración del patronazgo tiene que ver con el Camino de Santiago hacia 1270.

Otra advocación que se repite en el Camino de Santiago es la de Nuestra Señora de Rocamador que podemos ver en Sangüesa. La basílica de Rocamador en Estella, atendida por frailes capuchinos, cobija una imagen mariana de ese nombre con caracteres románicos claros. Parece que fue Sancho el Fuerte quien en su solar de la carnicería estellesa mandó edificar hacia 1200 la iglesia que cuenta con ábside del XII, sobrio pero bien ornado de canecillos. El origen de esta devoción mariana tiene que ver con el haberse encontrado en 1166 en Francia el cuerpo de San Amador, tenido como criado de la Virgen. Dado el lugar rocoso del hallazgo en Querey, se le dio el nombre de Rocamadour con el que se ha proyectado después.

El auge de la peregrinación y del Camino hace de Estella, objeto de sucesivas ampliaciones con ejes en varios barrios presididos por la efigie señera de sus iglesias respectivas. Es el caso de la de San Miguel y San Juan Bautista.

La protección del Camino no se puede entender del todo sin conocer la labor de las órdenes, es el caso estellés, por ejemplo la orden del Santo Sepulcro, vinculada a la iglesia situada antes de la entrada a la ciudad en el arranque del barrio de Curtidores. El paso del tiempo y el abandono del culto no han conseguido abandonar la buena planta del templo con ábside románico y portada gótica con un apostolado de buenas proporciones acompañan al tímpano con la escena del Sepulcro del Señor, la Aparición de Santa María la Magdalena y la última cena.

La salida de esta cabeza de merindad y ciudad jacobea se hace por la puerta de Castilla o de San Nicolás, junto al crucero contemporáneo con la cruz de Roncesvalles y estrella de la ciudad que contrasta con el sobrio crucero del Franciscano capuchino Rocamador. Un buen monumento en forja y hierro del escultor estellés Carlos Ciriza, instalado al comienzo del milenio representa  el emblema de la estrella, símbolo de la ciudad, abierta en la hospitalidad a los peregrinos que en ella se aposentan.

Ciudad, además, hermanada con San Juan de pie de Puerto, jacobea y hasta 1540 en la órbita de Navarra.

Sanlúcar de Barrameda Es casa-noviciado de la Provincia. Su actividad pastoral es la de culto.
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Ser Puente

En el año 2017 católicos y luteranos conmemoramos el V centenario de la Reforma protestante. El Papa subraya que es una conmemoración de carácter ecuménico que busca la unidad a través de la oración común y del reconocimiento de los errores mutuos. Nos dice que sin conformarnos con lo logrado “que esta conmemoración nos lleve a todos a dar (…) nuevos pasos hacia la unidad”.

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Historia de una Sonrisa

Supongo que nadie puede elegir el rictus final con el que uno va a morir. Será cosa del azar o qué sabe uno de qué intrincados mecanismos humanos. He recordado muchas veces la sonrisa final de Alejandro, cosido a lanzazos en el suelo de la selva, con los pulmones encharcados en sangre, ahogándose lentamente. Y sonriendo. En las fotos que corren por ahí de su cadáver se puede observar todavía esa tenue sonrisa; muy de él, cuando estaba vivo. Un cuerpo final, horriblemente lanceado, iluminado por una insólita sonrisa.

Tal vez puedan decirnos: eso no es tanto una expresión, como un espasmo final. Ciertamente Inés Arango, lanceada junto a él, quedó con una expresión terminal dramática. Y recuerdo el rostro de un maderero de la (mal llamada) Vía Auca, también cosido a lanzazos entre sus trozas recién aserradas, y una expresión de indefinible paz en su semblante final. ¿Simples y fortuitas contracciones últimas? Bien pudiera ser. ¿Se conseguiría reflejar en el rostro postrero la aceptación serena de una muerte violenta o, incluso, la consumación de una vida entregada? Lo ignoro. Pero lo que sí conozco es que tras esa sonrisa plácida del cuerpo martirizado de Alejandro hay una larga y preciosa historia.

Es proverbial la abundancia, dentro de la piedad cristiana popular, sobre todo en países latinoamericanos, de la representación de Cristo en la cruz o de su cuerpo inánime. De ordinario las expresiones faciales de esas imágenes suelen ser abrumadoramente dramáticas. Más de una vez rayando incluso en una desagradable morbosidad. Entre las excepciones a esa regla trágica existe una efigie que conocía bien Alejandro. Se puede admirar en la capilla del Castillo de Xabier, una fortaleza del siglo X, en Navarra-España.

En su tiempo, el castillo fue cuna de un santo bien conocido, Francisco de Xabier, patrono universal de los misioneros. Pues bien, en una de las torres del fortín existe todavía una capilla muy peculiar, única en España, porque está decorada en sus paredes por la llamada “danza de la muerte”, representación medieval de un tono que nos parece ahora macabro. Por contraste, en el centro del pequeño ábside hay un gran Cristo crucificado, del gótico tardío, cuyo rostro final queda sorprendentemente esclarecido por una extraordinaria sonrisa. Toda la opresión de la danza sombría de esqueletos que le rodea, además del dramatismo de la propia muerte en cruz, queda subyugada y vencida por esa expresión imbatible de Cristo. Quizá no exista una representación más pasmosa del dominio propio sobre la suerte final. Alejandro había visitado más de una vez esa capilla. De seguro habría admirado esa actitud postrera del Jesucristo misionero, es decir, del gran enviado por Dios a la humanidad. El crucificado había aceptado la suerte final entre los humanos, incluso en una modalidad tan cruenta como ese patíbulo, con la gallardía que proponía tal escultura en su rostro invicto. Dominando la muerte con una sonrisa. 

Alejandro, que desde muy joven sintió ese llamado misionero, había partido en 1947, a sus 27 años, para un viaje a la entonces remotísima China. Por aquellas fechas los frailes capuchinos encaraban su destino en cualquier parte del mundo sin intención de regresar a su patria. Un trayecto sin retorno. Solo un accidente histórico, por llamar así a la toma del poder por parte de los comunistas de Mao y la consiguiente expulsión de todos los religiosos extranjeros, quebró, en su caso, ese destino. En tal situación, echado bruscamente de entre unas gentes a las que ya admiraba y quería, el misionero pidió de inmediato ser enviado a otra región incierta: la amazonia ecuatoriana.

Pero ese joven vasco no solo había admirado, en la capilla del castillo de Xabier, al risueño ejecutado. También se había contagiado de esa entrega. Entonces adoptó una resolución capital. Así, después de visitar la basílica de la Virgen del Pilar, en Zaragoza, a poco de embarcar hacia China, había escrito a su hermana: Le pediré (a la Virgen) que me conceda la gracia de ser mártir dando toda mi sangre por Jesús, por María y por las almas. De modo que no solo quería ser misionero, un entusiasta enviado, sino también mártir, un testigo hasta las últimas consecuencias. El testigo cristiano arriesga todo, concibe la apuesta más alta. Es decir, Alejandro iba en serio. Se jugaba la vida a esa única carta de la entrega total. En su concepción religiosa, lo mismo que Cristo había hecho la donación total de su vida en favor de la humanidad, él, en cuanto le fuera posible y si eso fuera necesario, haría lo propio. Con el peso indudable que mostraban sus palabras: dando toda mi sangre… Él no lo sabía entonces, pero, en ese momento, le quedaban 40 años más de vida y, al final, la iba a derramar así: regando una tierra remota con su sangre.

(Cristo de Javier -Navarra)

Por tanto, cuando se quiere entender bien su vida, en cualquiera de sus tramos, pero, sobre todo, en aquéllos lances comprometidos, donde había que estar, como decía un antiguo misionero amazónico, con el alma entre las manos, no hay que olvidar esa apuesta, encubierta pero absoluta, del testigo íntegro. Algunos de entre quienes le conocimos sabíamos, por tanto, que, en el fondo de aquellas decisiones arriesgadas y, en ocasiones, hasta quizá temerarias, en favor de los indígenas ocultos que él entendía en peligro de exterminio, ardía esa magnífica promesa de su juventud: si es necesario, voy con todo. 

La noche anterior a su último viaje, a su entrada al bohío de los hasta entonces ocultos (ése sí un trayecto que iba a ser sin retorno), se dio un debate en la casa de los misioneros en Coca. Un compañero suyo le conminaba a no adentrarse donde los aislados en esas condiciones y le argüía con apasionamiento: ¡Si entras, te matarán! Al responder, Alejandro sonrió suavemente, sin inmutarse, como solía ser su costumbre y tal como luego lo iba a hacer incluso su cuerpo lanceado: Si me matan, la Misión queda en buenas manos. Lo que indica que había pensado en esa eventualidad, la había sopesado, y decidió que merecía la pena. Es más, que era lo que le pedía su antigua promesa. Por mi parte no tengo ninguna duda que, en aquellas horas de la noche que esperaban la amanecida, hasta el momento de poder volar al pequeño hueco del bohío en la inmensa selva, Alejandro repasó y reafirmó su permanente vocación de testigo. Lo que había escrito en Zaragoza a su hermana Felisa: dando toda mi sangre... Era la hora del envite definitivo. Probablemente también recordó la sonrisa abierta y confiada del hombre crucificado en el castillo de Xabier. Y, una vez más, elevó su apuesta por la paz hasta el límite de la propia vida.

De manera que siempre he creído que, en aquella su última escena en el patio del bohío tagaeri, cercado de gritos furiosos y guerreros que blandían ante él sus imponentes lanzas, cuando su experiencia le decía que se trataba de una despedida violenta, Alejandro no se abandonó al terror, sino a la valentía que siempre le distinguió y, sobre todo, a su vocación profunda. A esa que había cultivado, con firme constancia, aunque sin ninguna ostentación, a lo largo de su vida. Él creía en el valor de la entrega humana, podríamos decir incluso en la cotización de la sangre, cuando eso era ineludible. Nos había dicho algunas veces: El misionero busca la paz, debe hacer de puente entre adversarios; si no puede evitar la pelea, debe ponerse en medio e intentar pararla. Es nuestro deber. Pensó que, precisamente, ese era el momento que se presentaba entonces. O vamos nosotros, o los matarán. La apuesta había ido subiendo y se plantaba a todo o nada. Habían pasado cuarenta años desde el momento en que hizo su propia promesa, que mantenía firme; ahora había llegado el instante de hacerla efectiva. 

(Cuerpo sin vida de Alejandro Labaka)

Días después de su muerte, recuerdo la escena en un campamento petrolero, justo aquel de donde salió Alejandro en su último vuelo, poco menos que preparando, por un acaso, su sonrisa final. La muerte a lanzazos del obispo había levantado un polvorín nacional de protestas. Había mil voces en el aire, que hasta entonces habían estado calladas siempre; como era costumbre, la retórica se adueñaba de los medios de comunicación. Se pedía la suspensión inmediata de la exploración petrolera en la zona del lanceamiento; algunos, más simplones, la suspensión total del petróleo en el Oriente. Como es de suponer, en esos envites se jugaba plata a manos llenas: contratos diferidos o suspendidos, planes estratégicos nacionales que podían quedar varados. Por eso un técnico de la industria me decía en su campamento, entre la frustración y el respeto: Ese cura sabía bien lo que hacía. La apuesta le valía por los dos resultados. Si lograba contactar pacíficamente con esa gente, la convertía en ciudadanos, en gente pública, y, por tanto, todos debíamos respetarlos. Si le mataban, todavía los ponía más de manifiesto, exhibía su presencia ante todos como un bombazo.

De manera que, como ven, es posible que, cuando recogieron el cuerpo clavado de Alejandro, lo que apreciaron en su rostro no fuera solo un rictus azaroso. Sino la silueta bien trabajada de toda una vida, ese perfil de moneda valiosa que algunos forjan a golpe de valentía y denuedo. La firma personal, escrita en rojo, de unas citas evangélicas: He corrido bien mi camino, he llegado a la meta, he cumplido mi tarea. Todo se ha consumado.

Esa última sonrisa tenía mucha historia detrás.

Miguel Ángel Cabodevilla

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