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12/05/2018 Reconocimiento a José Luis Ansorena, el músico que avivó la llama de la cultura vasca en los 60

El lehendakari preside en Errenteria el acto de homenaje a José Luis Ansorena, fundador del Archivo Vasco de la Música-Eresbil, con motivo de su 90 cumpleaños

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Oración del Jueves 24 de mayo de 2018
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VIII Congreso ESEF -Halil Bárcena

"Valores fundamentales de la mística sufí", ponencia de D. Halil Bárcena (Institut d'Estudis Sufis) en el VIII Congreso de la Escuela de Estudios Franciscanos.
Aquí puedes ver completa su intervención.

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Al habla con Jesús Rojano, director de la revista Misión Joven.
Nací en Madrid en 1962. Viví hasta a los cinco años en una calle del centro de Madrid, cerca de Callao y Gran Vía, muy cerquita del Teatro Lara, situado en la Corredera Baja de San Pablo. Después nos trasladamos al barrio de Campamento y comencé la Primaria (en seguida llamada EGB) en el Colegio Salesiano del Paseo de Extremadura. Desde allí fui al seminario menor de los salesianos que estaba en Arévalo (Ávila). Profesé como salesiano a los 18 años en 1980 y, tras estudiar teología en Madrid, fui ordenado sacerdote en junio de 1990.
 
Mis primeros 20 años de actividad pastoral como sacerdote los pasé en diversos colegios y centros juveniles de Madrid, sobre todo en los barrios de Atocha, Estrecho y Paseo de Extremadura.
 
He estudiado Magisterio, la licenciatura en Filosofía y obtuve el doctorado en Teología Pastoral en enero de 2012, con una tesis sobre Gianni Vattimo y la relación entre fe cristiana y cultura posmoderna, defendida en la Universidad Pontificia de Salamanca. 
 
Desde septiembre de 2012 dirijo la revista Misión Joven de los Salesianos de España, que pertenece al Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil, con sede en Madrid.
 
Actualmente doy clase en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid, perteneciente a la Universidad Pontificia de Salamanca. También doy clase de Teología-DECA en el CES Don Bosco, en concreto en Magisterio de Primaria y Educación Infantil, una asignatura cada dos años en el Instituto Ciencias Catequéticas San Pío X.
 
Recientemente tuve la oportunidad de escucharle en una conferencia en la que expuso, entre otras cuestiones, el distanciamiento cada vez mayor entre fe, sociedad y cultura. Me gustaría que nos explicara ¿Qué está pasando en nuestra sociedad?
¿Es dramática la ruptura entre Evangelio y Cultura que ya anunciara Pablo VI? …
Esta famosa frase de Pablo VI en Evangelii nuntiandi, escrita en 1975, se ha ido cumpliendo, indudablemente, en nuestra sociedad. Las diversas encuestas sociológicas van constatando el declive de la práctica religiosa y del número de creyentes cristianos. Entre los jóvenes lo viene constatando las últimas encuestas, por ejemplo, de la Fundación Santa María, la última  presentada hace pocos meses.
 
Ahora bien, hay que recalcar que esto se cumple “en nuestra sociedad”, en concreto en Europa Occidental, y de modo muy rápido en nuestro país. Pero la secularización no ha seguido en el resto del mundo el camino y ritmo imparable que pronosticaban los sociólogos en los años 60 y 70. Estos de acuerdo con lo que vienen diciendo autores como Peter Berger en su libro “Los numerosos altares de la modernidad” y Charles Taylor en su monumental obra “La era secular”. En la mayor parte del mundo actual no ha llegado la secularización total, sino un gran pluralismo de opciones religiosas y no religiosas. Él habla del “efecto nova”: la fe que se limitaba a las grandes iglesias o religiones tradicionales ha estallado en multitud de posibilidades religiosas y espirituales. Como dice Taylor, hoy la fe cristiana es una opción entre otras muchas, ya no es camino único para todos los que busca una espiritualidad. Antes “se recibía la fe y ya está”, ahora –suele decir Berger– es un asunto que se decide personalmente, se elige, se opta… 
 
Además, como describe bien la socióloga francesa Danièle Hervieu-Léger en su libro “La religión, hilo de memoria”, un problema para la transmisión de la fe cristiana es que en nuestra sociedad se da un fuerte fenómeno de ruptura de la cadena de recepción de tradiciones culturales y espirituales. Hace décadas un niño o niña nacido en España se educaba y socializaba como católico habitualmente, a través de lo que recibía en su familia, en la escuela y en su parroquia. Hoy esas cadenas se han roto y la iniciación cristiana debe reinventarse. Esta situación la describe muy bien un documento de los Obispos de Quebec (Canadá) muy citado, “Proponer la fe a los jóvenes hoy”. Las pistas pastorales apuntadas en ese texto son, creo, acertadas. 
 
¿Están afectando las nuevas tecnologías en el desarrollo de la fe? ¿Se está dando un cambio antropológico nuevo?
Está claro que el cambio cultural que estas nuevas tecnologías de la comunicación están propiciando es muy importante y no tiene vuelta atrás. Esa vuelta atrás es tan improbable como pensar que a lo largo del siglo XXI la humanidad deseche los automóviles y vuelva a usar los coches de caballos. Según la socióloga Belén Barreiro (en su libro “La sociedad que seremos”), este factor de cambio es tan importante que permite dividir nuestra sociedad entre analógicos y digitales, y los segundos, los que se han subido a la ola de las nuevas tecnologías, son diferentes culturalmente a los primeros: piensan de otro modo, manejan más información, tienen más abanico de posibilidades de elección en casi todos los aspectos. 
 
La cultura judeo-cristiana es fruto de la Biblia, de la escucha de la Palabra escrita y leída. La cultura de las nuevas tecnologías es más icónica, se expresa a través de imágenes rápidas en múltiples pantallas. En ese sentido hay un cambio antropológico que dificulta actitudes habitualmente relacionadas con los llamados prolegómenos o preámbulos de la fe (el silencio, la meditación, la lectura atenta, la escucha de la Tradición -en el buen sentido de la palabra), etc. Según el filósofo coreano Byung-Chul Han (lo dice en su libro “En el enjambre digital”) las redes sociales generan mucho ruido, aceleración y superficialidad. Son dificultades innegables y concretas para la opción por el Evangelio.    
 
Hay otros aspectos que los entusiastas de las nuevas tecnologías suelen pasar por alto, como la triste pero real posibilidad de que este cambio aumente el abismo entre pobres y ricos, lo que se suele denominar “brecha digital”.

A mí me gusta recordar y establecer un paralelismo con el título de un famoso libro de Umberto Eco: “Ni apocalípticos ni integrados”. Él se refería a la influencia de la Televisión. Los apocalípticos opinaban que la televisión poco menos que acabaría con la raza humana “entonteciéndola”; para los integrados la televisión era casi la octava maravilla del mundo... Eco defendía (creo que con buen criterio) que ni una cosa ni otra, que era mejor una postura más equilibrada. Tenía cosas positivas y negativas, y lo más sensato era adoptar una postura crítica, sí, pero no apocalíptica.  
 
Esto me recuerda un poco el discurso de Juan XIII en la inauguración del Concilio (11 de octubre de 1962, Gaudet mater ecclesia). El Papa criticaba con cierta sorna a los “profetas de calamidades” que no veían más que desastres en el mundo moderno, y que parecían no haber aprendido nada de la historia. Recordemos los tiempos de San Agustín: ¿no parecía que el fin del Impero romano arrastraría consigo a la fe cristiana con la llegada de los bárbaros del norte? ¿No era una situación mil veces más peligrosa que la actual? No debemos ser catastrofistas. Además de poco sensato, supone desconfianza en la acción del Espíritu en la historia.  
 
¿Pueden utilizarse estas TICS Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicacion para evangelizar?
Por supuesto. En el primer número de Gaudium et spes leemos que “nada humano le es ajeno a la Iglesia”. ¿Por qué no iba a pasar esto también con estos nuevos lenguajes? Y añado otra pregunta retórica: ¿qué haría, por ejemplo, san Pablo hoy? ¿No es el mundo de Internet  de las redes sociales un nuevo e inmenso areópago que hay que habitar? Hay iniciativas en este campo muy interesantes, como el grupo de agentes pastorales de diversas congregaciones, diócesis y movimientos llamado “i-misión”. O páginas para hacer oración diaria como www.rezandovoy.org. El Vaticano desde hace más de diez años cuelga en su página web, a la hora exacta en que se presentan en rueda de prensa, y con acceso gratuito, las encíclicas y cartas papales. El Papa Francisco tiene millones de seguidores en twitter y tuitea casi a diario. Cada vez se encuentran más blogs y webs con materiales catequéticos y evangelizadores interesantes y originales.

Solo un par de matizaciones: mis amigos o hermanos de congregación que entienden un poco más de esto dicen que Internet y las Redes no son simplemente una herramienta o instrumento (como eran los montajes de diapositivas de los años 70, por ejemplo) sino un lugar donde están y habitan millones de personas. “Internet, el sexto continente”, se dice. Esto cambia el modo de estar y actuar.  Por otro lado, hemos de saber captar y adaptar el tipo de lenguaje. No pegan los sermones, los grandes rollos, las actitudes dogmáticas. Es más un lugar de diálogo y de intercambio de igual a igual, de propuesta humilde y positiva. La experiencia del Atrio de los gentiles, según la propuesta formulada por Benedicto XVI en diciembre de 2009, llevada a cabo por el Pontificio Consejo de Cultura, es lo más parecido que se me ocurre. 
 
Y hace falta también aguante y correa para no quemarse con los llamados “trolls”: los que insultan o mienten desde el anonimato y cosas así... Pero eso ya existía hace 3000 años, con otros lenguajes y medios. Que se lo diga a los profetas de Israel…   
 
¿Qué es la sociedad líquida? ¿Explica esto los cambios en nuestra sociedad?
Es una descripción o metáfora puesta en circulación con gran éxito por el sociólogo polaco-inglés Zygmunt Bauman. La explica en la introducción a su libro “modernidad líquida”, expresión que prefiere a la etiqueta “posmodernidad” para caracterizar la sociedad occidental a partir de la década de los 80 del siglo XX. Según Bauman, durante los cuatro siglos anteriores Occidente ha vivido una “modernidad sólida”. Lo sólido es más estable y permanente que lo líquido y gaseoso. En cambio los líquidos fluyen, se modifican rápidamente, adoptan la forma del recipiente o se extienden por el suelo y luego se evaporan. La sociedad de hoy está cambiando continuamente: cambiamos de trabajo, de ideas, de convicciones, de parejas, incluso de religión una y otra vez. Somos “flexibles” y nos adaptamos a los cambios rápidos; pero, como contrapartida, es difícil ser fiel a unas convicciones, mantener los compromisos, incluso las relaciones familiares o los propios “pilares” o suelo de creencias espirituales y religiosa. Surgen la duda y la incertidumbre. Como dice Peter Berger, a los humanos no nos va bien viviendo en la duda permanente: “Si cenas cada noche con el demonio de la duda, lo normal es que acabes convirtiéndote en su postre”. Explica Bauman que esta sociedad líquida, en que es difícil lograr una identidad madura estable, motiva la reacción contraria: muchos cogen el atajo de agarrarse a identidades fuertes de tipo fundamentalista o nacionalista. En algunos casos, esas identidades se afirman con violencia: terrorismo fundamentalista, guerras de nacionalidades enfrentadas (recordemos la pesadilla de la guerra de los Balcanes o la actual guerra de Siria de “todos contra todos”). 

Desde el punto de vista cristiano sucede lo mismo. Se hace más difícil elaborar una identidad cristiana equilibrada, sólida pero no integrista, dialogante pero no “veleta” o de religiosidad difusa “a la carta”. El papa Francisco llama en Evangelii gaudiumneopelagianos”  los cristianos ultraconservadores y “neognósticos” a los que tiene una fe demasiado subjetiva y “progre” en el sentido peyorativo de “me construyo mi propia religión”, un cristianismo tipo mueble de Ikea.
 
¿Qué opinión le merece la película “la llamada”?
Primero fue un Musical estrenado sin grandes alardes de publicidad que, gracias a la información por el “boca a boca”, lleva más de tres años en cartel con mucho éxito. Varios de mis alumnos y alumnas de este curso 2017-18 de Magisterio han visto el Musical y la película La llamada. Me ha llamado la atención que aun los más creyentes han dado un juicio muy positivo sobre ella, porque creen que presenta la experiencia de Dios con un lenguaje juvenil. Ninguno consideró que la obra se burle de la fe cristiana, sino al revés.  Copio lo que expusieron ante sus compañeros/as:
«- Esta película nos gusta porque las protagonistas son dos jóvenes cualesquiera que van de campamento y se encuentran con la sorpresa que Dios les tiene preparada. La vida hasta el momento había sido salir de fiesta y lo que experimentan les llena mucho más. Esto le puedo pasar a cualquiera de los jóvenes que ven la película, por eso causa tanta impresión. 
- También gusta porque muchos jóvenes ven la Iglesia como algo de gente mayor, y en esta película se ve claramente que Dios tiene mucho que decirles, otra forma de vivir que puede llenarte más. Es una visión actual, enfocada para los jóvenes. Por ejemplo, Dios se aparece a la protagonista con canciones y coreografías actuales, y cuando ella le responde leyendo la Biblia, Él se va y no vuelve hasta que le canta una canción suya y es ella misma. 
- Tanto la película como el musical dan una visión abierta y adaptada a la actualidad sobre cómo entender la religión, cómo ver a Dios y cómo podemos entenderlo cada uno, con respeto y comprensión. Presenta sin estereotipos a los jóvenes de hoy como somos, y se da una visión extrovertida de la religión, con humor y canciones. 
- Y con un lenguaje fresco, deja al final una pregunta muy importante: ¿De verdad estás haciendo lo que quieres hacer?» 
Por ejemplo, así describe una canción el encuentro con Dios:
Si esto es fe (Macarena García)
Si esto es fe tómame, tómame o sal corriendo, 
que me da mucho miedo,
y  no sé cómo hacer.
Si me has venido a buscar haz solo una señal o por lo menos
espera que me ponga mona.
Sé que hay algo en mi interior que me da subidón y esta locura
me hace querer ser solo tuya.
Sé bien que estoy cambiando, algo me está pasando,                        
y no me atrevo pero no quiero verte lejos.
Si esto es fe tómame, tómame
o sal corriendo.
Estás perdiendo el tiempo si te crees 
que sé lo que hay que hacer...
 
Estamos ante una generación de jóvenes creyentes muy distinta a la nuestra, que ya no canta aquello de «en la arena he dejado mi barco», sino otras cosas. Ellos expresan mejor la experiencia de Dios como «algo en mi interior que me da subidón». Hay que tenerlo en cuenta.
 
Otro concepto del que le he oído hablar es el de pastoral de engendramiento ¿Qué es esto?
Es un nuevo planeamiento pastoral que llega desde algunos países de habla francesa (Francia, Belgica, Quebec). La pastoral de engendramiento tiene su fuente de inspiración en esta convicción de fe: El reto al que deben enfrentarse nuestras sociedades y la Iglesia es dejarse engendrar a una vida nueva, gracias a la Palabra de Dios que resuena en los relatos fundacionales y que va trabajando las conciencias. Quiere pasar del esquema en que un agente pastoral le da a unos destinatarios que no saben nada el saber sobre Dios par pasar a otro en que del diálogo pastoral de igual a igual “se da a luz” a Dios, que ya estaba nos esperaba en el interior de ambos, no solo del primero. 

Me voy a permitir citar a uno de sus “inventores”, el teólogo Philippe Bacq (hay una exposición detallada en el libro de colaboración entre varios autores “Una nueva oportunidad para el evangelio. Hacia una pastoral del engendramiento”):

“La palabra “engendramiento” nos conecta con la experiencia humana más poderosa y a su vez más frágil. Evoca enseguida las palabras y gestos del hombre y la mujer que se aman y se unen para dar la vida. Al ofrecerse el uno al otro, la pareja engendra mutuamente sus propias identidades personales: se hacen más hombre y mujer, diferentes, únicos, incomparables y sin embargo, complementarios el uno del otro. Juntos dan la vida a un nuevo ser que a su vez los engendra como padres. La presencia de un recién nacido transforma radicalmente la relación de los esposos que lo trajeron a la vida. Por él acceden a una nueva identidad: se hacen padre y madre aprendiendo a adivinar las necesidades, los deseos, los miedos, las tristezas, las alegrías o las fantasías de su hijo. Luego empieza la larga paciencia de la educación que permite al hijo hacerse humano en medio de los humanos. La obra de engendramiento se opera en medio de relaciones de reciprocidad. Acontecimientos especialmente significativos irán marcando el ritmo de ese lento crecimiento de la vida. Momentos de alegría y de acercamiento mutuo pero también de sufrimiento y de separación. La obra estará completa en el momento en que, el que antes era niño, ahora un adulto, se despegue de sus padres y se lance en la vida, libre, autónomo y pronto para aportar a la sociedad toda la riqueza de su novedad… Esto se aplica a la acción pastoral: Solo existe el engendramiento mutuo. La pastoral que lleva este nombre se desarrolla en un ambiente comunitario donde las personas llevan entre ellas relaciones de proximidad. Según la expresión de Pablo, los cristianos se vuelven así “miembros los unos de los otros” poniendo “cada uno por su parte” los carismas recibidos del Espíritu al servicio de la comunidad y acogiendo los dones acordados a los demás. Así se engendra “la estima recíproca” y “el afecto mutuo” (Rm. 12,4-10), siendo el objetivo, que “los miembros se preocupen unos por otros” (1Cor 12,22-24) y se edifique “la casa de las relaciones mutuas” que es la Iglesia, el cuerpo de Cristo (Rm 14,17-19,34). La pastoral de engendramiento supone por lo tanto que las parroquias desarrollen células eclesiales a escala humana. Ella se acerca en esto a una pastoral de iniciación…
 
Lo que es verdadero para la parroquia lo es también para el conjunto de la Iglesia. Ella se construye a sí misma por el diálogo retomado sin cesar con las mujeres y los hombres de su tiempo. Ella se deja engendrar así a una vida nueva que se manifiesta en la renovación constante de las mediaciones institucionales objetivas. Las fronteras que distinguen a los cristianos de los demás no desaparecen, pero se hacen porosas, permeables a la acción del Espíritu. Los cristianos que entran en la perspectiva del engendramiento están convencidos de que el Evangelio invita a todos los seres humanos a llevar una vida auténtica, de acuerdo a sus conciencias. Se animan, por lo tanto, a “proponer el Evangelio” a todos, invitándolos a llevar adelante su existencia de acuerdo a las bienaventuranzas. Esta propuesta de sentido es hoy especialmente importante, dado que muchos de nuestros contemporáneos están más vulnerables ante la multiplicidad de posibles estados de vida. Están perdiendo sus puntos de referencia. En ese contexto, la propuesta del Evangelio mantiene todas sus posibilidades. La persona de Cristo puede ser significativa para muchos porque encarna de manera única e incomparable un modo extremadamente humano de vivir… Los signos de los tiempos nos invitan a dejar que el Espíritu del mismo Cristo trace diversos caminos de vida para todos y cada uno. Respetar las conciencias, es aceptar un despojamiento, una pérdida de dominio, una renuncia a la manipulación. Es quizás bajo esta forma, especialmente, que la Iglesia es trabajada por el misterio pascual de toda vida.
 
¿Algo que sería interesante transmitir a nuestros lectores y yo no le pregunté?
Me permito ser un poco “friki” y acabar con unas palabras del mago Dumbledore a su alumno Harry Potter: “Tiempos difíciles se acercan Harry. . . Muy pronto todos tendremos que decidir entre lo que es correcto y lo que es fácil” (Harry Potter y el cáliz de fuego). Pero eso sí, atendiendo siempre la invitación del papa Francisco a ser evangelizadores con Espíritu, que anuncian el evangelio con alegría y no con tristeza ni cara de funeral…
 
Luis López
Coordinador Capuchinos Editorial
Estella Convento fundado en enero de 1901, adosado a la ermita-iglesia de nuestra Señora de Rocamador, en el Camino de Santiago.
Presencias
Vocaciones
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AMABLE (el amor es otra cosa)

Siguiendo la estela de la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia" el tema de la campaña vocacional para este curso va a ser el amor. El lema escogido es: "AMABLE (el amor es otra cosa)".

Artículos
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¡El bien, qué fascinante!
Por muchas que sean las noticias que nos hablan del mal, de desastres, de fuertes heridas, de daños irreparables, de caminos extraviados, de sufrimientos injustos, el bien sigue siendo fascinante.
Por mucha que sea nuestra desgana, nuestro abandono de los caminos de la fraternidad, nuestros imperdonables olvidos, nuestros desplantes innecesarios y gratuitos, el bien sigue siendo fascinante.
Por mucho que comprobemos cómo las comunidades cristianas, en sus responsables y en sus miembros, no saltan del asiento cuando se hace el mal, por mucho que los cristianos mismos colaboremos a caminos de dudosa bondad cuando no de maldad explícita, el bien sigue siendo fascinante.
Por muchos que sean los miedos que nos atenazan y bloquean nuestro comportamiento bondadoso, por muchas que sean las ocasiones que no aprovechamos para hacer ese pequeño bien que hace más llevadera la carga que la vida nos impone, el bien sigue siendo fascinante. 

Por eso nos preguntamos si no será la Cuaresma un tiempo bueno para “convertirse al bien”, para “volver al camino de la bondad”, para no desistir (como dicen sus biógrafos que vivía san Francisco) de aquella “bondad original” que no está en un paraíso perdido, sino en uno por encontrar. 

La Cuaresma llega cada año puntualmente. Tiene de bueno el que se nos sirve una posibilidad más de avanzar en nuestro proceso cristiano. Tiene de “peligroso” la amenaza de la rutina y de vacío. Esto es lo habrá que trabajar, en la reflexión, en la oración, en la celebración y en los caminos de la vida. Si esta reflexión co-labora a ello, la daremos por bien empleada. Quizá este anhelo cuaresmal no sea sino la búsqueda de siempre de aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38) y el anhelo de ir pasando nuestros días, simplemente, queriendo seguir aquella orientación explícita del Evangelio: “Sed buenos del todo como vuestro padre celestial es bueno del todo” (Mt 5,48).
 
1. ¡Qué gran aventura el bien!
 
Comenzamos, de nuevo, con un texto de R. Argulloll, un poeta que nos inspira últimamente en su “biblia poética” Poema:
 
El mal parece cautivador
a una determinada edad,
entre la adolescencia y la juventud primera,
cuando lo inquietante, desde la penumbra,
dirige las miradas y los pensamientos.
Malvados son los héroes más seductores,
y el infierno –como han demostrado los artistas-
supera con creces al paraíso en imaginación y sensaciones.
Pero el tiempo nos da otros ojos
y, transcurridos los años,
apenas ninguna novedad ofrece el mal,
una monótona repetición de sí mismo,
con máscaras que caen y conductas que se agotan.
Ningún malvado me es ahora sorprendente,
conocidas a fondo las cloacas del alma.
¡El bien, en cambio, qué fascinante!
El bondadoso siempre sorprende,
acaso porque su pureza nos descubre
territorios desconocidos en nosotros mismos.
¡Qué gran aventura el bien
y el mal, señores, qué tedio!
     
(Poema¸ 757)
 
  • El mal parece cautivador: Hay dentro de nosotros algo que conecta con el mal, un “Caín” (Jud 11), un morbo sobre lo malo. Y quizá no solamente en épocas de juventud, sino también después. Es lo que hace que las noticias vendan mucho, que nos llame la atención las catástrofes, los crímenes, las desgracias y no nos llame tanto la atención, el bien y la dulzura. Y, sin embargo, más allá de este cautivarnos, el bien sigue vivo y atrayente. ¿Cómo desplazarse hacia el bien dejando de admirar el mal?
  • Malvados son los héroes: No hay más que ver las novelas, las películas, los videojuegos. Casi todos sobre gentes malvadas, pocas sobre gentes o situaciones bondadosas. Las películas violencia en TV son el pan de cada día. Quizá sea, en parte, porque los héroes de la bondad (los entregados, los justos, los santos) han sido despojados de humanidad y eso los ha alejado del camino humano que se relaciona tanto con el mal.
  • El tiempo nos da otros ojos: Porque nos vamos cansando, si es que ya no estamos aburridos, de tanta historia de maldad. Historias que se repiten siempre con el mismo esquema. Las tenemos ya vistas, leídas, sabidas. Incluso las hemos banalizado y somos capaces de comer mientras el telediario desgrana su tremendo mal. Ya nos hemos habituado a “las cloacas del alma”.
  • ¡El bien, en cambio, qué fascinante!: Aunque no lo publiciten, aunque lo ignoren, aunque los menosprecien. En cuanto asoma la cabeza, sigue tocándonos, sigue llegándonos al fondo del corazón, porque ese fondo es casa para la bondad, “territorios de nosotros mismos”. Por eso, cuando los ojos se deslizan, cansinos, sobre las páginas del periódico, con frecuencia se detienen en temas, en fotos que muestran ese lado bueno de las entrañas humanas que aparece tímidamente pero que tiene una fuerza imparable.
  • ¡Qué gran aventura, el bien!: Aventura a la que se le llama a la persona ahora también, quedamente, sin avasallar, pero tenazmente, con la constancia de quien cree que la vida es una aventura para el logro del bien y que cualquier paso que se dé hacia él nos hace más humanos.
 
2. Ante una fotografía
 
Posiblemente siga siendo verdad aquello de que una imagen vale más que mil palabras. Quizá contemplando una foto hermosa podamos acercarnos al mensaje que nos queremos dar.
  • Un árbol esbelto y pujante en medio de un abismo. El bien, al que les basta una pequeña grieta para vivir. Nadie diría que ahí puede prosperar un árbol tan frondoso. Todos creeríamos que en ese lugar había sitio solo para el derrumbe, la caída, el abismo. Y él brota con fuerza, tomando sus nutrientes, quizá, de la roca oscura y la humedad del mar azul que se adivina en el trasfondo. El bien imparable.
  • No importa que esté rodeado de “mal”, de adustas rocas. Él las hace compañeras suyas, y convive con ellas sin renunciar a su hermosura. El bien que no maldice, que no excluye, que no expulsa a nadie sino que es capaz de convivir con todos, aceptándolos como son. Las mismas rocas se beneficiarán algo de su sombra, de la humedad que pueda aportar, de la belleza de la variedad.
  • Por eso las rocas lo contemplan, como, a la larga, el mal se pliega al bien y la misma sociedad, tan “malvada” con frecuencia, admira a quien hace el bien, aunque tal vez no lo diga. Pero el bien nos conmueve mucho más que el mal, aunque no meta tanto ruido como este.
  • No es solo el árbol una rara excrecencia de la roca: es decirles a las rocas, ásperas y grises, que ellas también están llamadas al bien, que ellas también tienen alma, como decía Benedetti, aunque estén en silencio. A la larga, el bien es el que marca el camino, no el mal, por mucho que nos empe-ñemos en no andar por tales sendas.
  • Es también una parábola ecológica: la naturaleza nos enseña de muchas maneras el camino del bien. Basta con mirar y descubrir el lenguaje de las criaturas que, casi siempre, es lenguaje de bondad.
 
3. Iluminación bíblica: Lc 14,1-6
 
Un día de precepto fue a comer a casa de uno de los jefes fa-riseos, y ellos lo estaban acechando.
Jesús se encontró delante de un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los juristas y fariseos, preguntó:
-¿Está o no está permitido curar en día de precepto?
Ellos se quedaron callados. Jesús cogió al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo:
-Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida aunque sea día de precepto?
Y se quedaron sin respuesta.
 
  • El texto está inserto en el viaje de Jesús a Jerusalén. Viaje áspero (“frunció el ceño” 9,51) y, por lo mismo, la escena de Lucas es cortante en toda su expresión. Como quien no admitiera preguntas ni discusiones. El carácter fuerte con que Lucas dibuja a Jesús.
  • Se plantea un nuevo enfoque del precepto que todos conocemos: la persona por delante. El bien como algo ineludible. Es algo inverosímil para aquella época de increíble presión religiosa. ¿Dónde aprendió la libertad? ¿En las noches de oración? ¿Fue una excepción? ¿No hubo otros anhelantes de libertad en Israel (recordar Judas el Galileo)?
  • “Como nosotros en todo, menos en el pecado”, dice Heb 4,15. Pero los evangelios evidencian que pecó en el marco de su moral religiosa, al menos en este tema del sábado (como en el tema de las purificaciones, etc.). Libertad para pecar cuando el bien de la persona está en juego (“De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado o violarlo, libertad en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien”: J. Sobrino). Algo decisivo para los trabajos de la libertad.
  • Hay en el Jesús evangélico un cierto afán por meter el dedo en el ojo en esto del sábado, por hacer ver, a contracorrien-te, que la persona está por delante de la norma (Lc 13,14). La “inútil” lucha de Jesús contra el precepto; la siembra de semillas de libertad y de bondad esencial.
  • Esto del buey o del asno era algo que tenía entre ceja y ceja (sale dos veces: en Lc 13,15 habla de llevar a abrevar en sábado, con ocasión de la curación de la mujer encorvada). Argumentos ad hominem para aquella época rural: un buey o un asno vale mucho dinero y no todos los tenían. ¿El bien económico ha de ser considerado y el bien de la persona no?
  • Los treinta y nueve trabajos prohibidos en sábado (para forzar a la contemplación del sábado) dejaban un resquicio en relación con los enfermos: estaba permitido calentar agua para lavar a un enfermo. Jesús amplía esta permisividad por el valor que otorga a la persona. El bien que se abre paso más allá de cualquier normativa deshumanizada.
  • Hay que valorar el sofoco social que una norma religiosa tan fuerte como el sábado ejercía en la sociedad de Jesús (aún hoy día hay vestigios fuertes en Israel) para medir la osada libertad de quien contraviene tal presión en favor de la persona, no porque se esté en contra de la espiritualidad del sábado (Jesús es espiritual). De lo que se está en contra es de la gestión que la religión hace de tal espiritualidad que termina siendo insensible a la necesidad de la persona y bloquea la acción de la bondad.
 
4. Reflexión
 
  • “Tú eres el bien”: Así se dirigía san Francisco a Dios. Creer y difundir el perfil de un Dios exclusivamente bueno, tapando todos los resquicios dogmáticos que ponen en duda tal certeza (infierno, juicio, temor, etc.). No apearse de ello por mucha que sea la evidente maldad de los humanos. Creer que la bondad y el amor de Dios engloban a la misma justicia. Hablar bien de Dios, pensar bien de él, creer que se relaciona con bondad con nosotros, hablar bien de él antes que definirlo en contornos religiosos que lo aprisionen.
  • Alguien bueno: Ese es Jesús en su perfil general de los evangelios. Aunque no le gustaba que le llamaran bueno: “¿Por qué me llamas bueno?” (Mc 10,18). La gente lo veía como bueno: “Enseñas el camino de Dios con verdad” (Lc 20,21). ¿No nos resultaría más beneficioso para la experiencia espiritual subrayar la bondad esencial de Jesús que sus títulos divinos? ¿No llegaríamos a contagiarnos mejor de tal bondad y obraríamos como discípulos que reproducen la sendas del maestro? No cansarse de subrayar, admirar, disfrutar y animarse con la bondad de Jesús. Hacer “compatibles” ciertos textos del Evangelio con tal bondad (por ejemplo las diatribas de Mt 23).
  • Santos por bondadosos: No santos por milagros, por elocuencia, por penitencia, por virtudes insólitas. Santos por su mera bondad. Santos religiosos y laicos, creyentes y no tanto. La santidad le viene a la vida humana por la bondad, no por vía de milagros, por mucho que la oficialidad concrete ahí la cosa. Por eso, algunos teólogos hablan de “la santidad de vivir”: “A este anhelo de sobrevivir en medio de grandes sufrimientos, los trabajos para lograrlo con creatividad, resistencia y fortaleza sin límites, desafiando inmensos obstáculos, lo hemos llamado la santidad primordial. Comparada con la oficial, de esa santidad no se dice todavía lo que en ella hay de libertad o necesidad, de virtud u obligación, de gracia o mérito. No tiene por qué ir acompañada de virtudes heroicas, pero expresa una vida toda ella heroica. Esa santidad primordial invita a dar y recibir unos a otros y unos de otros, y al gozo de ser humanos unos con otros” (Jon So-brino).
  • Tiempos nuevos: A veces percibimos con mucha agudeza que las cosas están cambiando profundamente, que se abre una nueva etapa en la sociedad y en la Iglesia, que amanecen nuevas espiritualidades. Todo ello constituye una suerte, la de poder vivir en estos tiempos nuevos. Pero sigue en el fondo de todo cambio un denominador común: la bondad siempre estará de actualidad, el bien siempre tendrá una palabra que decir y estará presente en estos tiempos nuevos como la argamasa que une el cimiento de lo humano. De ahí la necesidad y la hermosura de asentar la vida sobre ese cimiento.
 
5. Derivaciones
 
  • Dejarnos envolver: Dejarse subyugar por la fascinación del bien. Y, en consecuencia, positivizar nuestra vida, alejarnos lo más posible de cualquier negativización de salida. No echar leña el fuego del desaliento, de la crítica negativa. Tratar de curar esas heridas que anidan en el fondo del corazón y que destilan amargura. Vivir en estado de bondad todo lo más posible.
  • Bondad cotidiana: Que es lo mismo que decir: situar una actuación bondadosa en los caminos sencillos de cada día, en las cosas de poca relevancia, en las tareas comunes, en la oración diaria compartida con quienes creen. Lo dice E. Sábato: “La vida es siempre novedosa. Por eso, a pesar de las desilusiones y frustraciones acumuladas, no hay motivo para descreer del valor de los gestos cotidianos. Aunque simples y modestos son los que están generando una nueva narración de la historia, abriendo así un nuevo cauce al torrente del bien”. El torrente del bien: dejarse anegar por ese torrente.
  • La hermosura de cada día: Tal vez para ilusionarse cada vez más con el bien sea necesario sintonizar cada vez más con la hermosura de cada día, de los valores cotidianos: del don sagrado que es vivir y respirar, del fraterno del propio cuerpo y del cuerpo de los otros, de las obras hechas en común y en conexión con otros para el bien de todos, de la pertenencia cósmica en la casa común, de las huellas nimias de lo divino en las criaturas tan humildes. De nuevo Sábato: “Si nos volvemos incapaces de crear un clima de belleza en el pe-queño mundo a nuestro alrededor y solo atendemos a las razones del trabajo, tantas veces deshumanizado y competitivo, ¿cómo podremos resistir? ¿Cómo podremos ser buenos?”.
  • El rostro del bien: la generosidad: Un valor muy apreciado por Jesús con el que ha dibujado el perfil mismo de Dios: “¿Vas a ver tú con malos ojos que yo sea generoso?” (Mt 20,15). Por eso mismo la generosidad es lo que pone rostro a la bondad. Muchos nos preguntamos, a veces, por qué la Iglesia genera rechazo social. Y la primera respuesta es: por su escasa generosidad. Si esta se diera con fuerza, el rechazo sería mucho menor. Pero si se la percibe tacaña, el bien se oscurece y la misión del bien se imposibilita. Lo mismo pasa a nivel de comunidad cristiana cercana: si queremos hacer parte de una sociedad activa y solidaria, la generosidad será imprescindible. Se convierte, como decimos, en rostro y lenguaje del bien.
 
6. Itinerario cuaresmal
 
  • Semana del 18-24 de febrero: La bondad en las palabras: Tratar de tener buenas palabras, moderar las frases cortan-tes, tratar de ser lo más amable posible. Escribir cada día una palabra buena y ponerla encima de la mesa del cuarto: la palabra buena del día. Que quien quiera ponga en el suelo de la capilla palabras buenas que sean sentidas, verdaderas.
  • Semana del 25 de febrero al 3 de marzo: La bondad en los gestos del cuerpo: Intentar ser risueño, no ponerse nervioso porque nos demandan cosas, no perder la calma en las conversaciones. Mirar al propio cuerpo y al de los hermanos con bondad. Poner delante una foto del grupo en el que se vive con alguna frase alusiva (“Nuestros cuerpos celebran tu bondad”, por ejemplo).
  • Semana del 4 al 10 de marzo: La bondad en la oración generosa: Ejercer la bondad orando con conciencia junto a las necesidades de quienes más necesitan ser mirados con bondad. Poner nombres a la oración. Mirar con bondad las situaciones por las que se ora.  
  • Semana del 11 al 17 de marzo: La bondad que se mira en la bondad de Jesús: Regocijarse de la bondad de Jesús; sentirse espoleado por ella. Copiar frases del Evangelio donde se diga que Jesús es bueno o hace el bien. Regalarse tales frases.
  • Semana del 18 al 24 de marzo: La bondad de la Pascua que se avecina: Prepararse para la celebración de la Semana Santa y de la Pascua. Desear celebrarla bien, con disfrute, con cuidado, con novedad. Dejar espacio al corazón.
 
Conclusión
 
La Cuaresma tiene sentido en la medida en que apunta a la Pascua. Y ésta, de algún modo, es la celebración del Jesús bueno en su honda entrega de bondad. Por eso, si el bien nos fascina cada vez más es posible que la Pascua se nos presente más luminosa, más envolvente. Lo diremos en la primera noche de la Pascua: “¡Qué asombroso beneficio de tu amor con nosotros!”. Eso es la pascua: un beneficio de amor, un hacer bien desde el amor. Esa es la Pascua de Jesús. Ojalá fuera también la nuestra.
 
 
Fidel Aizpurúa Donazar
Logroño, febrero 2018
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