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01/06/2018 Alegraos y regocijaos

El papa Francisco acaba de publicar otro gran documento, una Exhortación Apostólica sobre la Llamada a la Santidad en el Mundo Contemporáneo. “Gaudete et Exsultate”, “Alegraos y regocijaos” (Mt 5, 12). No es un tratado sobre la santidad.
 

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Oración del Jueves 31 de mayo de 2018
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VIII Congreso ESEF -Manuel Corullón

VIIIº Congreso de ESEF Manuel Corullón (Instituto Ecuménico S. de Teología, Rabat) presenta su ponencia: "Franciscanos en tierras del Islam".
Aquí puedes ver completa su intervención.

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José Ignacio Calleja. El cristianismo tiene futuro: sus cimientos son pura roca.
José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete es un sacerdote nacido en Navaridas (Álava), hace ya demasiados años, en una familia de agricultores, típicamente trabajadora, sencilla, austera y cristiana. Mis progenitores eran gente religiosa y, quizá, con la particularidad de que era mi padre el más firme animador de nuestra fe cristiana. Los dos querían que sus hijos fuéramos buenos vecinos, buenos cristianos y buenos estudiantes. Entré al seminario de Vitoria con once años y, lo típico, allí me ordené de sacerdote, me destinaron a unos pueblos en la Montaña Alavesa, estudié a distancia derecho civil, y salí para estudiar Teología en Madrid, hasta doctorarme en Salamanca. Me incliné poco a poco hacia la pastoral social, la ética social y la doctrina social de la iglesia, y por ella, la docencia, la formación del laicado, el voluntariado cristiano, la pastoral rural, la prensa del País Vasco, sucesivas publicaciones en PPC y Sal Terrae, etc. Y así, hasta el presente. 
 
José Ignacio, en muchas ocasiones hemos escuchado eso de que -a nivel de publicidad- el producto cristiano es muy fácil de colocar y aun así no estamos acertando con el mensaje.  ¿Qué opina usted en este sentido? Y además se cita que siendo tan fácil no estamos acertando ¿por qué?
 
No es cierto. No es nada fácil. Eso lo dice un publicista con las mejores intenciones. No es fácil porque no es un producto de marketing al uso, sino la vida de una persona y una persona concreta, Jesús, que termina no por casualidad en la cruz. Muere así porque vive así. Luego no es nada fácil convertirlo en una noticia fácil para el mundo. Es verdad que su honestidad, su coherencia, su esperanza, su apertura a Dios y su compasión, su Vida, llaman y atraen, pero el camino no es de rosas. Dar con el sentido de la vida, acoger una vida con sentido es un gozo, pero si el sentido procede de compartirlo todo con todos, y especialmente con los pobres, para llegar a Dios más claramente, para salvarnos juntos, no es fácil ni suena moderno. No nos vamos a engañar. Claro que no dependemos de nosotros mismos, sino de la bondad de Dios que nos atrae hacia sí, pero vaciarse de uno mismo para que quepan los otros y Dios en el corazón y en la fraternidad, no es fácil. La conversión samaritana y desprendida de sí, no es fácil de contar y preferir. Por eso, siempre nos tentará no subir a Jerusalén y hacer tres tiendas en el Tabor. Siempre nos tentará la religión convencional. Siempre. Pero podemos reaccionar, ese es el poder sanador del Evangelio de Jesús. Y la gente, esta verdad de fondo en Jesús la aprecia mucho.
 
¿Qué podríamos hacer para llegar más al público en general? ... Si tenemos un producto tan “potente”…. 
 
Creo que me repetiré. Es un producto “potente”, sí, pero su entraña es la debilidad de Dios, la aparente impotencia de Dios a los ojos humanos. Por eso que se puede llegar al público en general, claro que sí, porque la coherencia y misericordia llaman mucho, pero es más fácil que evolucionemos como minorías ejemplares -en valores, en fraternidad y en fe-, que pensar no en un río de masas católicas desvividas por el Evangelio. Claro está que yo me fijo mucho en la bondad misericordiosa de Dios, y Él también es Verdad y Belleza. Hay varios caminos para llegar y gustar de Dios, y hay diversidad de sensibilidades en nosotros. El camino de la verdad y la belleza puede ser más atractivo para mucha gente. Mi convicción es que somos evangelizados por los pobres, como le sucedió a Jesús, y que, a su lado, nos convertimos cada uno de nuestro poder y riqueza pecadora. Pienso que a su lado es más seguro dar con la Verdad, Belleza y Unidad de Dios. Hay diversas sensibilidades para evangelizar, pero todas cobran forma en mejorar la vida de la gente, en todas las dimensiones, desde los más pequeños y olvidados. Sin ellos, Dios pensado, celebrado, contado y cantado, sufre.
 
¿Hay crisis de valores?.... ¿De qué valores y con qué significado? 
 
Es evidente que hablamos de crisis de valores y damos por hecho que su falta es clara en los demás. Es fácil ver que los antivalores de la cultura pragmática, economicista, individualista, inconsistente, líquida, nos rondan a todos. Y es fácil ver que los valores del humanismo evangélico y social cristiano tienen mucho que decir. Pero hay que hacerlo respetando la mayoría de edad del mundo; es decir, dando razones, sin fanatismos políticos o religiosos, moralizando los medios elegidos, mirando la igualdad de derechos a nuestro alrededor, valorando los derechos humanos de todos, trayendo al centro las necesidades humanas más urgentes de los más necesitados, ofreciendo la novedad de lo gratuito, la escucha, la bondad, el perdón, la generosidad, la trascendencia; es decir, todo aquello que nos puede hacer comunidades alternativas de sentido y fe ante el mundo; alternativas por humanas y evangélicas, y no por el poder social acumulado y la capacidad de influir en los notables. Jesús se acercó a todos con amor, algunas veces con mucha exigencia, pero siempre que ganaba a alguien para el Evangelio, lo convertía, le cambiaba la vida; y de hecho, rico en lo que sea y convertido, nunca. Cada uno tenemos que convertirnos de nuestra riqueza y poder, aquella que nos hace indignos del camino del Reino. Los pobres también. Solo así somos pobres de espíritu.
 
¿Qué movimientos podrían mediar en la sociedad ante esta crisis?
 
La crisis es compleja en sus manifestaciones y causas, luego los movimientos han de ser muchos, según se trate de la economía, la política, la cultura, la religión, las personas, las familias, etc. En la dimensión de la crisis de valores y fe cristiana, somos muchos los grupos creadores de opinión y cultura moral en esta sociedad. Desde luego, las religiones tienen mucho que decir en términos de dignidad humana, fraternidad, justicia y paz, y sentido. Pero tenemos que sanarnos internamente. La religión que desprecie la autonomía legítima del Mundo, o lea su Revelación como Verdad poseída y a imponer, tiene el fanatismo llamando a la puerta; la violencia la rondará a cada paso; los altares del fanatismo están al orden del día, en religión, he dicho, pero no menos en poder de política internacional, en concentración del dinero, en naciones absolutizadas, en egoísmos de grupos selectos, en convicciones éticas de plastilina, en ideales líquidos al gusto del consumidor. No nos pongamos tan pesimistas. La fe puede aportar mucho en sentido, valores y ejemplaridad, pero tiene que acertar en su coherencia y servicio. El testimonio de las obras de fraternidad, como en Jesús, es y será siempre un sacramento primordial del anuncio. 
 
Recientemente expuso una ponencia con el título: El cristianismo tiene futuro: sus cimientos son pura roca… Ante la crisis de valores que parece asentada en nuestra sociedad… ¿Cree que nuestra religión tiene ciertamente esos cimientos?
 
Con el título yo me refería no a la roca de Pedro y esas cosas que decimos en la Iglesia, sino más modestamente a que Jesús presenta una riqueza de valores antropológicos, religiosos y éticos que son pura roca para vivir con dignidad como personas y sociedad. A eso me refería. Son convicciones sobre el ser humano y sobre la sociedad, son relaciones de fe con Dios, que sostienen con la “fuerza” de una roca la casa común de los humanos. Esto no significa que las convicciones e ideas cambien sin más el mundo, pero sí nos dan la oportunidad de saber a qué atenernos para hacer una vida más humana, una fraternidad de todos. Yo me quejo de que la gente al descubrir la dificultad de la ética humana y cristiana para cambiar el mundo saque la consecuencia de que la ética no sirve para nada, cuando debería decir, “es el mundo de la injusticia” el que no quiero ni puedo aceptar; pero no, como es muy difícil, es que no es posible y, entonces, es que la ética no sirve. Menuda manera de razonar para no movernos. Es una ideología social conservadora que agosta el Evangelio. Ahora bien, si todos nosotros vivimos en casas prefabricadas, ¿para qué queremos la roca en los cimientos?
 
¿Qué mensaje daría a nuestros lectores en relación con su experiencia en los problemas actuales que se viven en la fe?
 
Yo soy uno de vosotros y con vosotros. Hay una clave que conecta bien con la gente. Y es la fe en Jesús y su Dios como plenitud interior, fuerza frágil que nos sostiene, confianza que atrapa, sentido que sujeta este árbol que somos. En la vida personal y familiar, esto aporta un efecto espiritual (y sicológico) que atrae. Saltar de ahí al testimonio personal de vida en el pueblo y el mundo, cuesta mucho. Y saltar al testimonio social, más. Pero mi experiencia es que a la gente nos llegan y llegamos por una opción de fe que nos hace acoger con esperanza y humildad lo que somos, lo que nos viene, lo que nos falla, lo que no logramos, en suma… lo que somos; y creo que esta opción de vida, compuesta en cristiano -referida a la vida de Jesús y su relación de intimidad con Dios-, a mucha gente la atrae con ganas. Traducirlo a una ideología social de grupos culturales y sociales más o menos conservadores, suele ser la tentación y la ruina de esta opción de vida en Jesús. Hay movimientos católicos y cristianos que explican todo el mundo de la fe en clave más divinizada y trascendente; yo conecto mejor con la experiencia de Jesús, creciendo en compasión, sabiduría y fe. 
 
Gracias José Ignacio...
A Coruña Se funda esta casa en 1918. En 1931 fueron incendiadas la residencia y la capilla. Volvieron los hermanos en 1934 inaugurándose la casa en 1946. Durante este tiempo la planta baja hacía de capilla hasta que en 1955 se inició la construcción de la iglesia, que fue bendecida en 1956. En los años 70 la casa fue remodelada totalmente. En 1977 comenzó a funcionar como parroquia.
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Vocaciones
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AMABLE (el amor es otra cosa)

Siguiendo la estela de la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia" el tema de la campaña vocacional para este curso va a ser el amor. El lema escogido es: "AMABLE (el amor es otra cosa)".

Artículos
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Beber de la Verdad de la Vida
 
Paladear la vida exige atención, cuidado, capacidad de admiración. Exige también ponerse cada vez en la perspecti-va del otro/a porque es desde ella desde donde los detalles cobran su verdadero sentido. Paladear el detalle es algo muy próximo a la gran sabiduría de disfrutar de lo sencillo, de no perder la capacidad de maravillarse de lo cotidiano. Paladear la vida exige un sosiego, una actitud de aprecio y hasta una cierta imaginación para huir de la rutina que amenaza a lo sencillo de cada día.
 
Acompañarse
 
Que es la mejor manera de beber la vida cuando nos alcanza con su gozo o cuando nos hiere con su lanza. Quizá lo más que podamos hacer los unos/as por los/as otros/as en esta vida sea acompañarnos en la alegría del disfrute co-mún y en la herida compartida. Acompañar es el mayor ofi-cio del mismo Dios que ha hecho voto de acompañamiento con nuestra historia. De hecho, el Espíritu es el gran acom-pañante que no se fatiga jamás con nuestra pesadez y que siempre se alegra con nuestros gozos.
 
Acompañar es algo que está pidiendo el hacer de los in-tereses del otro/a los propios. Está pidiendo también un in-terés no solo por las cosas del otro/a sino por ese fondo su-yo que a veces es tan extraño, caprichoso y egoísta como el propio. Y sobre todo pide un cambio de mirada, esa que no se queda en la superficie sino que pregunta por el interior y espera pacientemente a que se abra la puerta del corazón pa-ra transitar por él con el cuidado y el tiento de quien ama.
Disfrutar
 
Tan poco que se nos ha aleccionado sobre el disfrute y tanto sobre las obligaciones, el Espíritu explica día adía la asignatura de que esta vida, por pobre que se la quiera, tiene como cometido el irnos enseñando los hondos disfrutes a los que está llamada. Porque Dios ha sembrado en el último pliegue del corazón de la vida la certeza de que el paraíso existe, aunque esté al final y requiera un trabajo tan largo como la propia vida para poder llamar a su puerta. Es como si Dios te dijera: “Aunque no lo entiendas bien, has sido creado/a para el disfrute pleno”. Solo desde el cultivo de es-ta certeza puede tener sentido la historia.
 
Para disfrutar es necesaria una estructura personal de fuerte componente fraterno. Una fraternidad tan universal que abarque a las personas, a los animales y a la mismas co-sas a quienes en inmediatez se tenga realmente por herma-nos/as. Se requiere también llegar a un estado de enamora-miento del último valor de personas y cosas que no es otro que el de su dignidad. Es así mismo necesario la confianza mil veces manifestada de creer al otro/a capaz de cosas hermosas. Y desde ahí, el disfrute es un trasvase de vida, una sintonía que genera crecimiento en quienes se unen, una mi-rada unificada sobre la hermosura de la vida.
 
Ahondar
 
Que es lo mismo que contemplar, porque la contem-plación no es sino un creciente ahondamiento de lo que se nos da. Ahondar para huir de la superficialidad que esteriliza nuestras mejores opciones y distorsiona la propia realidad y la de quienes comparten nuestra vida. Ahondar es, en el fono, una búsqueda de Dios porque él habita en la profun-didad y quien sabe de la profundidad sabe también de Dios, como dijo Tillich.
 
Para ahondar es preciso detenerse, porque cualquier prisa es enemiga primera del ahondamiento que pide cora-zones sosegados y actitudes lo más serenas posible. Ahondar exige discernir, porque la realidad es con frecuencia confusa y tener todo claro no es el mejor de los síntomas. Ahondar pide sopesar, pero no como quien busca ganancias sino co-mo quien quiere tratar a las personas y a las cosas con sumo cuidado. Quien ahonda se vuelve cada vez más benevolente, más cuidadoso/a, más colaborador/a y, en el fondo, más entregado/a. Incluso más, quien ahonda va aprendiendo a no huir del propio fondo, tan disgustante para nosotros/as a veces.
 
 
III. TAREAS DE VIDA
 
Precisamente porque todo esto no es simple anhelo, vacía palabra, es preciso animarse a ir haciendo unas tareas que lleven a hacer crecer el gusto por la vida. Es la colabora-ción a la obra continuada del Espíritu en nuestra vida, por-que como dice Jn 16,27, nosotros/as somos los testigos, los brazos con los que él va construyendo su gigantesca obra.
 
Gustar la universalidad
 
Porque siempre estamos muy tentados/as de pensar que solamente se puede estar a gusto en la pequeñita parcela donde uno/a es dueño y señor/a; porque creemos que lo que no abarco con mis medios personales es algo que no existe; porque persiste en nosotros/as esa mentalidad aldea-na en que creemos que el mundo se acaba en nuestros pe-queños límites...por todo eso es preciso gustar la universali-dad, la casa común, el espacio de lo público, el vértigo de la aventura colectiva. Gustar la universalidad como la primera y mejor familia a la que pertenezco, la gran familia humana. Gustar la universalidad para desvelar en las miradas de otros ojos y en los latidos de otro corazón, la propia sangre que corre. Gustar la universalidad para no sentir como ajeno el dolor de quien es de otra tierra. 
 
Gustar la innovación
 
Porque la rutina nos tienta siempre empobreciendo nuestros caminos; porque lo malo conocido nos atrae mu-cho más que lo bueno por conocer; porque no cambiar es postura lógica de quien es tardo para el compartir; porque refugiarse en el pasado es, con frecuencia, una forma de jus-tificar nuestro presente...por todo eso es preciso, al filo del Espíritu, gustar la innovación. No como un afán superficial de cambiar por cambiar sino con la hondura de quien com-prende que son no pocas las cosas que tienen que cambiar. Innovar para no dejarse atrapar por los sistemas anquilosa-dos que, con frecuencia, conllevan una buena dosis de injus-ticia. Innovar para mirar al futuro con más confianza no por lo conseguido sino porque siempre es posible dar un paso más. Innovar para tender hacia la plenitud y situarse en la línea de Jesús y su Espíritu, innovadores del todo.
 
Gustar la pluralidad
 
Porque queremos hacer unidad haciendo obra de uni-formidad; porque no sabemos despojarnos de la mirada des-confiante ante el distinto/a; porque tenemos poca facilidad para relativizar nuestros gustos y nuestras maneras unívocas de entender la vida; porque nos cuesta comprender la plura-lidad de historias con las que está tejida la gran historia de lo humano...por todo eso, necesitamos ir aprendiendo a gustar la pluralidad, la hermosura de lo variado, las posibilidades que se acrecientan con las aportaciones de lo múltiple. Si hay algo plural es el Espíritu que escucha todos los sonidos y genera tantas respuestas y ayudas como grande es la diver-sidad de la realidad
 
Gustar la hermosura
 
Que quizá sea algo más que la belleza. A muchas per-sonas se les ha creado el acceso a la hermosura como si eso fuera solamente patrimonio de quien dispone de recursos para conectar con la belleza. Pero la hermosura que incluye a la belleza es patrimonio de lo humano. Es el lado mejor de la realidad personal y el destino más fraterno de las mismas cosas. La hermosura tiene muchos lenguajes y siempre hay uno de éstos para toda persona. En el fondo, saberse llama-do al disfrute de lo hermoso de la vida va parejo a la con-ciencia del derecho a la felicidad de toda persona y del más concreto derecho a sentarse en el banquete de esta vida. El Espíritu suscita belleza y hermosura y dice incansable que estos bienes son patrimonio común de toda persona, no par-cela acotada de unos/as pocos/as.
 
Conclusión
 
Ser espiritual es algo que se ha confundido con un espi-ritualismo exiliado de lo humano. Es hora de devolver a la espiritualidad su corporalidad, su historicidad, de la que nunca habría debido separarse. Por eso:
 
Ser espiritual es estar en el lado donde bulle la vida, admirado/a y agradecido/a de haber sido llamado/a a esta fiesta inacabable por el Espíritu que anima el fondo de la vida.
Ser espiritual es estar abierto a la vida gustando las posibilidades crecientes que nos da por la generosi-dad inagotable del Espíritu. 
Ser espiritual es llegar a hacer un pacto de buena ve-cindad, e incluso de amor, con esta historia que el Padre nos ha dado como mejor don y que el Espíritu mantiene en creciente potencialidad.
Ser espiritual es sentirse parte del coro de la vida, contento/a con ser una pequeña melodía en esta gran sinfonía que es el caminar de la persona por la historia. El mismo Espíritu une su voz a ese coro, más como cantor solidario que como director que busque aplausos.
Ser espiritual es haber comprendido que la pasión por Dios es la misma pasión por lo humano vivida en profundidad y en trascendencia que ahonda. Por eso el Espíritu tiene a lo humano por saludable y amorosa “obsesión”.
 
Fidel Aizpurúa Donazar
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